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viernes, agosto 19, 2022

Los superhéroes existen, están ahí

El libro de los experimentos amables acaba de ser publicado por Sin Fronteras Editorial, y en su carta está la amabilidad, ante todo. Entrevista al autor, César Mejía.

 

PARTE I

Alberto Rivera

Usted nos invita a contagiarnos de amabilidad y crecer como sociedad, ¿cómo hacerlo?

Lo primero es reconocer que nuestros problemas no radican en otros sino en nosotros. Esto lo explico de la siguiente manera: comúnmente, ¿cuál es el día del año en que más nos matamos los colombianos? ¡El Día de la Madre! Estadísticamente, es la fecha que más agresiones hay en el país cuando debería ser amor y alegría. Esto significa que, si bien paramilitares, guerrillas y en general grupos armados son un obstáculo para crecer, ¡el problema real somos nosotros! En esa medida, también debemos dejar de creer que el camino correcto para la solución de las diferencias es la agresión, hemos pasado de sufrir la violencia a aceptarla y validarla.

Entonces, se trata de que asumamos nuestra responsabilidad y cambiemos eso, además, también debemos pasar de las buenas intenciones a los buenos actos y empezar a tratar mejor a quienes nos rodean, familia, amigos, compañeros de trabajo, etcétera. Esto lo digo porque el colombiano promedio confía demasiado en las buenas intenciones, cuando lo que realmente marca la diferencia son las buenas acciones.

 

 

 

 

 

 

 

Cuando se nos pregunta si somos buenas personas decimos que “sí porque no le hago daño a nadie”, pero cuando nos preguntan qué es una mala persona decimos “el que roba, el que mata, el político corrupto”, es decir, el que HACE COSAS MALAS. Entonces, a riesgo de sonar simplista, si al malo se le califica como tal porque HACE COSAS MALAS, yo no puedo ser bueno solo “porque no le hago daño a nadie”, si se es malo porque se hacen cosas malas, si me defino como bueno será porque HAGO COSAS BUENAS, esto significa que lo que vale son las acciones y no las buenas intenciones, esto último se parece más a una forma de vida parasitaria, que no aporta nada, pero sí consume. En resumen, seremos recordados por lo que hagamos, no por lo que pensemos.

¡Y aquí es donde entra El Contagio de la Amabilidad! Y recomiendo empezar por lo simple, por lo que yo llamo las “microamabilidades”. Si no es fácil practicar el abrazo efusivo o la sonrisa franca, puedo iniciar por “pequeñas amabilidades” que me permitan actuar de manera más cómoda desde la amabilidad.

¿Qué es una microamabilidad? Un ejemplo de ello es un jefe que sirve un café a un coequipero con problemas. Un estudio de 2008 de la Universidad de Colorado demostró que el café contagia amabilidad. Cuando servimos un café a alguien y las terminaciones nerviosas de las manos perciben la calidez de la bebida llevan esta calidez a quien la brindó; es decir, como el café es cálido quien nos lo sirve también es cálido.

En resumen, pequeñas amabilidades diarias, que son menos incómodas de practicar, me sirven para aprender a ser amable poco a poco y así transformar mi entorno y, por ende, a quienes me rodean. Luego, cuando estas pequeñas amabilidades sean normales para mí puedo pasar a hacer cosas más grandes por los demás.

Aunque son muchos más los métodos e ideas de las que hablo en mis libros. Lo bueno es que a esa altura (a la de programar y practicar la amabilidad) posiblemente haya cambiado mucha parte de mi comportamiento agresivo, y eso ya es un gran aporte en una sociedad que se desangra.

 

¿La práctica de la amabilidad es su columna vertebral?

Sin duda, como lo decía antes, los hechos, poco a poco programarse para practicar la amabilidad hará que nos habituemos a ella y se vuelva parte de nuestras vidas y, por qué no, en un futuro llegue a ser inclusive solución de país.

El libro es una serie de experiencias muy cercanas a una investigación empírica y reales además…

Sí, hago referencia a esto porque, aunque soy profesor universitario, en estos experimentos no hay batas blancas, no hay científicos en laboratorios, son experimentos en la calle, en la vida real, donde finalmente necesitamos que se dé y se contagie la amabilidad.

Aquí es importante tener en cuenta que en mi primer libro “El contagio de la amabilidad” sí hablo de mucha ciencia en laboratorios e investigadores, esto para demostrar, desde la academia, que la amabilidad se contagia y beneficia a quien la practica en aspectos como salud, trabajo, sexualidad, educación, crecimiento empresarial y muchos aspectos más.

Como imaginarán, se necesitaban hechos que confirmaran desde la realidad lo que planteó ese primer libro, y fue así como llego “El libro de los experimentos amables”, una serie de experiencias que demuestran que todo lo dicho es real y va más allá de solo un libro “de moda”, si es que este llega a serlo. Éstos aún siguen apareciendo en mis redes sociales.

Aunque, claro, son más narraciones que cualquier otra cosa, personas comunes que demuestran que la amabilidad se contagia casi en cualquier espacio y nos beneficia.

También es un libro que se abre al lector para que escriba sus propias experiencias de amabilidad y me las envíe, da claves para aprender a contagiar la amabilidad en todos los aspectos de su vida y plantea una hipótesis a veces un poco incómoda: la amabilidad no es un asunto del corazón, es un acto del cerebro. Comportarnos con amabilidad, más aún en situaciones de estrés, habla de un cerebro sano, uno con autocontrol y capaz de regular las emociones, es algo que va más allá de tener un buen corazón.

Vamos a leer las anécdotas para aprender de ellas y, ante todo, repetirlas, ¿es para disfrute o sufrimiento?

Es común pensar que aprender no es un proceso grato, este libro y práctica demuestran todo lo contrario. En mis clases de liderazgo en la Universidad Eafit en Medellín incluyo el método del Contagio de la amabilidad (con el cual me gané la Beca del Ministerio de Cultura 2021) y he demostrado con cientos de estudiantes que la educación puede ser muy amable y disfrutable y deja aún mayor aprendizaje cuando es ese maestro el que practica el buen trato.

Mi primer libro contiene un capítulo dedicado a una amabilidad que impacta la educación y el segundo historias que, por mi otra vocación, la docencia, llevan a mejorar la experiencia en el aula de clase.

Se puede ser amable mientras disfruto, mientras enseño o aprendo y mientras vivo de la mejor manera mi vida. Aunque esto también está demostrado por la ciencia, pues un estudio de la Universidad de Oxford dejó claro que cada acto de amabilidad y bondad que tenemos aporta a nuestra propia felicidad.

Insisto, practicar la amabilidad no solo trae beneficios para quien la recibe sino también para quienes la practican.

Y el mismo libro en sí también es amable, ¿por qué? Porque cada una de sus historias se lee en uno o dos minutos y el texto completo en un par de horas si solo seguimos el disfrute que nos propone. Además, de la mano de Editorial Sin Fronteras, se logró un diseño más que agradable, las páginas se van y disfrutan con facilidad y un personaje “SuperAmable” que da mucha vida a la obra. La misma filosofía aplica para El Contagio de la Amabilidad, porque la lectura debe ser un proceso amable.

Para estar informado

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