21.4 C
Pereira
martes, noviembre 29, 2022

Los sacerdotes no deben ser “superhombres”, sino personas humildes

En el discurso, no pronunciado pero sí entregado, a los participantes en el curso para rectores y formadores de los seminarios latinoamericanos, Francisco subrayó que las auténticas motivaciones vocacionales son “el seguimiento del Señor y la instauración del Reino de Dios”. Los que se dedican a la formación sacerdotal, dice el Pontífice, están llamados a educar “con su vida, más que con sus palabras”.

El Señor nos invita a seguir sus huellas, a imitar su camino. Las palabras del discurso, no leído sino entregado, del Papa Francisco a los participantes en el curso para rectores y formadores de seminarios latinoamericanos se inclinan en esta dirección fundamental y esencial.

Llegaron a Roma desde casi todos los países del continente y del Caribe para participar en el curso de formación promovido por el Dicasterio para el Clero. En el texto, el Pontífice recuerda que hay cuatro “dimensiones presentes en la persona del seminarista”: humana, intelectual, espiritual y pastoral.

Renunciar a los protagonismos y soñar juntos

Uno de los retos más importantes en la formación sacerdotal, según el discurso entregado, es construir “verdaderas comunidades cristianas” que no sólo promuevan “un proyecto formativo coherente”, sino también “una experiencia verdaderamente comunitaria en todas las dimensiones de la formación”. A los sacerdotes en formación, el Papa les indica, en particular, una prioridad:

“‘Es necesario renunciar a la inercia y al protagonismo y empezar a soñar juntos, sin lamentar el pasado, no solos, sino unidos y abiertos a lo que el Señor desea hoy como formación para las próximas generaciones de sacerdotes inspirados en las orientaciones actuales de la Iglesia”.

Otro reto es formar “condiscípulos de los demás fieles cristianos, que comparten “las mismas necesidades humanas y espirituales” y están sujetos a “las mismas fragilidades, limitaciones y errores”.

“Hay que tener cuidado, pues su misión no es formar “superhombres”, que pretendan conocer y controlar todo y ser autosuficientes; al contrario, es formar hombres que con humildad sigan el proceso elegido por el Hijo de Dios, que es el camino de la encarnación”.

La dimensión humana de la formación sacerdotal, subraya el Papa, “no es sólo una escuela de virtudes, de crecimiento de la personalidad o de desarrollo personal”.

“Pero también y sobre todo implica una maduración integral de la persona potenciada por la gracia de Dios que, teniendo en cuenta los condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales de cada persona, es capaz de transformarla y elevarla, sobre todo cuando la persona y la comunidad se esfuerzan por colaborar con ella de forma transparente y veraz. En última instancia, las auténticas motivaciones vocacionales, es decir, el seguimiento del Señor y la instauración del Reino de Dios, están en la base de un proceso que es a la vez humano y espiritual”.

Una de las tareas más importantes en el proceso formativo de un sacerdote, añade el Pontífice, “es la lectura gradual” de su camino.

“Esta visión providencial del propio camino es el tema principal del discernimiento personal y eclesial de la propia vocación. De hecho, cada seminarista primero, y cada sacerdote después, con acentos y matices diferentes, debe actualizarla continuamente, sobre todo en las circunstancias más significativas de su propio camino sacerdotal. La comparación con quienes le acompañan en este proceso, tanto en el foro interno como en el externo, le permitirá superar cualquier tentación de autoengaño subjetivista y permitirá evaluar perspectivas mucho más amplias y objetivas, están en la base de un proceso que es a la vez humano y espiritual”.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -