Los marcapáginas de Mayté

Germán A. Ossa E.

n marcapáginas, señalador, punto de lectura, punto de libro, separador de libro, etc., es un objeto de grosor fino, normalmente de papel o cartulina, utilizado para marcar el punto exacto en el que queda detenida temporalmente la lectura de un libro y así poder regresar al sitio exacto para continuar con su disfrute con facilidad. Otros materiales de uso frecuente para los marcapáginas son el cuero, los metales, la seda, la madera y las telas. Muchas veces la solapa de la portada del libro actúa como marcapáginas.

Pero a diferencia de los normales, de esos que se ven por montones, arrumados en muchos sitios esperando que los transeúntes los tomen como si fueran pedazos de papel para reciclar o ser usados de cualquier manera, los hay que son verdaderas y bellísimas obras de arte, las que, en este caso, son clasificadas o consideradas miniaturas de grueso calado.

Tuve la oportunidad de ver hace algunas semanas, allí en la Galería del “Salón del ciudadano”, gracias a una sorpresiva visita que nos hiciera una muy bella mujer, de piel morena y ojos de mirada profunda, (de esas que uno sospecha que lo quisieran saber todo), de nombre Mayté, un puñado de “separadores” como ella los llama, que para los allí presentes, se nos convirtió en una impresionante colección de pequeñas y espectaculares obras de arte, dignas de ser enmarcadas, para otorgarles con firmeza, el valor que se merecen.

Para nadie es un secreto que la técnica de la ACUARELA es una de las más difíciles en el mundo de la pintura y esta artista, María Teresa Gutiérrez López, la tiene muy dominada y juega con ella con la delicadeza y la maestría de los que saben muy bien del oficio; es más, se da el lujo de pintar lo que le pongan y lo que se le viene a la cabeza y lo que le sugieran, hasta el punto de hacer retratos de las personas que le son cercanas, de familiares y de sus allegados, logrando unos parecidos perfectos.

Lo que compartimos hoy con ustedes amigos lectores, es sencillamente una pequeña muestra de ese trabajo que nosotros hemos tenido el privilegio de disfrutar con mucho entusiasmo y admiración, resultado de su inmensa disciplina y seria dedicación.

El primer marcapáginas del que se tiene constancia real es un señalador de libro en forma de cinta de seda que el editor Christopher Barker incluyó en una Biblia. Hay que decir que no era una Biblia normal, sino que se convirtió en un precioso regalo para la reina Isabel de Inglaterra en el año 1584.

 

 

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