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viernes, septiembre 30, 2022

Los guerrilleros del novecientos

La Guerra de los Mil Días es la última confrontación política armada más larga de la historia de Colombia que puso fin al modelo decimonónico de los conflictos armados que había imperado en el país desde la Independencia.

Fue, así mismo, el más prolongado y sanguinario de nuestros enfrentamientos civiles y, como ninguno de los anteriores, involucró, de manera directa, a todas las regiones pobladas de la nación.

Con esta, la última guerra civil declarada de Colombia, se puso fin al siglo XIX y se inauguró el XX. Este pésimo augurio para un siglo que nacía, partió en dos nuestra historia. Una conflagración que dio paso a una modalidad de conflicto armado persistente, de relativo bajo perfil con picos de intensidad que eran el preludio de nuevas modalidades del fenómeno.

El siguiente es el prólogo que Malcom Deas escribiera para el libro de Editorial Planeta. Por varios años he compartido con Carlos Eduardo Jaramillo una curiosidad por ciertos temas y figuras de la historia colombiana, todas ellas vinculadas al período correspondiente a la Guerra de los Mil Días: Avelino Rosas y su archivo epistolar de los meses que antecedieron a su muerte; el indio Victoriano Lorenzo, de Panamá, Tulio Varón, Ramón Marín, los legendarios guerrilleros del Tolima; el Código Maceo y su difusión entre las fuerzas irregulares del liberalismo colombiano; los alcances de la “Internacional Liberal” que a fines del siglo se conformó en centro y sur América; así como por el estudio del carácter particularmente guerrero de los tolimenses.

En desarrollo de este interés común, he recibido de él paquetes de interesantes documentos y textos, a los que he correspondido, aunque con menos frecuencia, con otros que, espero, hayan sido de similar importancia.

En Los guerrilleros del novecientos Carlos Eduardo Jaramillo hace un aporte importante y novedoso al estudio de este conflicto. En él, el autor comienza por situar esta guerra de tres años en su contexto político para, seguidamente, entrar en su tema principal: el desarrollo general de la confrontación, con énfasis particular en las modalidades y razones de la lucha irregular utilizada de manera dominante por el liberalismo.

Explora este tema con gran originalidad y con un conocimiento exhaustivo de la vieja y nueva documentación. Su estudio abarca sistemáticamente muchos aspectos de esas luchas que han sido olvidadas o deformadas por autores menos laboriosos o escrupulosos.

A continuación me permito hacer un listado incompleto de lo que el lector va a encontrar analizado en estas páginas: las particularidades de la disciplina guerrillera; los distintivos y enseñas de los contendientes; los medios de locomoción, la alimentación y el uso de las bebidas, particularmente alcohólicas; los sistemas diversos de la inteligencia militar, en particular el espionaje y las claves utilizadas para el envío de mensajes; el papel desempeñado por las mujeres y los niños; la participación aborigen en la regiones de La Guajira, el Tolima, el Cauca y Panamá; las finanzas de la revolución; las tácticas y las armas; las dolorosas modalidades de reclutamiento; la geografía de la revolución y sus áreas de mayor intensidad, a más de los horrores de la lucha, las pestes y las plagas, y los patéticos remedios con que se contaba para confortar a las víctimas.

Los estudios sistemáticos sobre las guerras civiles son pocos, y este no tiene rival en el tratamiento paciente y detallado de muchos temas tan vitales para los contendientes como para los estudiosos de la historia colombiana. A mi juicio, este estudio de una guerra que cumplió más un siglo de haberse sucedido, no se encuentra desprovisto de actualidad. Está escrito con seriedad y sobriedad, de manera que el drama real de los acontecimientos, así como la tragedia implícita en el mismo, impactan al lector.

En medio de su análisis, que más que ningún otro texto permite entrar en el mundo de la última guerra civil medio-formal de Colombia, se encuentran citas que son una destilación del argumento del autor, citas valiosas que solo llegan a las manos de los autores que las merecen. Sírvannos de ejemplo las sencillas palabras con que Tulio Varón se defiende de las acusaciones sobre la indisciplina de sus hombres: “¿Yo qué hago? Si los castigo, se me van”.

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