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lunes, febrero 6, 2023

Libros en Inquisición

Soy un enamorado de los libros en papel, de sus olores, del polvo que acumulan en el paso del tiempo. Abrir un libro es para mí un acto de magia.

 

Martín Rodas*

Por estos días, en Pensilvania, Caldas, hicieron una pira funeraria… perdón, una pira literaria con libros de la Biblioteca Municipal, cuya humareda se divisó desde muchos kilómetros a la redonda. La iniciativa fue del alcalde, quien ordenó a la directora de la biblioteca que se deshiciera de esos libros inservibles. La funcionaria obedeció sin ningún miramiento, sin contemplaciones, cumpliendo la orden al dedillo.

Cuando leí la noticia en el periódico vinieron a mi mente sucesos trágicos para la historia de la humanidad: la Biblioteca de Alejandría, el holocausto nazi, Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, etc… como acciones de aniquilamiento cultural en donde el conocimiento y la sabiduría producida fueron consumidos en hogueras incitadas por el fanatismo y el odio. Me pareció inaudito que hoy todavía sucedan estas cosas, pero luego de reflexionar, me di cuenta que esto pasa de manera frecuente.

Las bibliotecas de libros físicos están desapareciendo, reemplazadas por archivos digitales. Hay un desprecio generalizado por estas obras que lo único que hacen es ocupar espacio. La consigna es destruirlas, prenderles fuego, convertirlas en cenizas de las cuales no volverán a resurgir como el Ave Fénix.

Soy un enamorado de los libros en papel, de sus olores, del polvo que acumulan en el paso del tiempo. Abrir un libro es para mí un acto de magia; al desplegar sus hojas ingreso en portales de ensueño y maravilla. Admirar las cubiertas, las carátulas, los tipos de letra, las ilustraciones, en fin, todos los elementos que han permitido crear estas obras de arte, significa el viaje, la aventura… el caminar por mundos de vida y muerte, acompañado por seres visibles e invisibles que nos habitan y habitamos desde los arcanos innombrables y eternos.

Considero que los libros físicos, si bien no son tan funcionales como los digitales en esta época de inmediatez, deben permanecer como testimonio y memoria arqueológica de una era bella en que lo artesanal era implícito de la creación… y todavía quedamos algunos especímenes a quienes nos gusta manosear, oler, saborear y disfrutar de un buen libro, ojearlo y penetrar en sus misterios, los cuales nunca dejarán de asombrarnos. Amo mis libros viejos y nunca dejarán de ser los compañeros incondicionales del tránsito por la existencia. Me declaro integrante de la resistencia contra la pérdida de la memoria, esa que atesoramos en los libros de papel, como baúles encantados, porque si son combustible, únicamente es para avivar la imaginación sin límites.

*Poeta, anacronista y pintor; editor de “ojo con la gota de Tinta (una editorial pequeña e independiente)”.

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