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martes, julio 5, 2022

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,17.20-26

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En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas». PALABRA DEL SEÑOR

REFLEXION

Lo que realmente cuenta ante Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,17.20-26):

Este texto del Evangelio, está en seguida de que Jesús subió al monte a orar y pasó toda la noche orando a Dios. Y después, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos.

Encontramos a Jesús que baja del monte y se detiene en un llano. Allí se han juntado muchos de sus seguidores y mucha gente.

Jesús después de estar toda la noche en oración con su Padre, no se queda allí,  baja del monte para estar con la gente que lo está esperando para oírlo y ser sanados por Él. 

El discípulo de Jesús, también necesita “subir al monte” para orar y ponerse en contacto con Dios, para escucharlo en actitud de humildad y sencillez de corazón. Y acogiendo su voluntad en el silencio y la escucha a través de la oración, bajar luego, para encontrarse con la gente y compartir lo que ha experimentado y escuchado en el encuentro con Él. Esta es la experiencia que todo discípulo de Jesús está llamado a vivir: estar con Jesús para escucharlo y aprender de Él, cómo estar con la gente, cómo anunciarles el reino de Dios.

Hoy como en los tiempos de Jesús, hay muchas personas necesitadas, personas que sufren y a ellas, Jesús nos envía a comunicarles la Palabra de Vida y Esperanza a través de gestos de misericordia, escucha y compasión.

Notemos que, Jesús cuando baja del monte, encuentra que se han juntado allí muchos de sus seguidores y mucha gente. Y mirando a sus discípulos les dice: “Dichosos ustedes los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los despreciados…

Observemos la mirada de Jesús. Este es un detalle muy significativo y una clave de lectura muy importante; en primer lugar, porque con su mirada, da a entender que su Palabra está dirigida de manera personal y en tiempo presente: “ahora”; y en segundo lugar, porque con la mirada, los está llamando a tomar conciencia de la realidad que están viviendo.

Llama dichosos a quienes ahora viven situaciones difíciles y pasan necesidades, a ellos, les asegura que tendrán su recompensa. De los pobres es el reino de los cielos; los pobres ya tienen su premio, nada más y nada menos que el Reino de los cielos es de ellos. Los que tienen hambre serán saciados. Los que ahora lloran, después reirán.

Sólo quienes se reconocen necesitados, están disponibles para acoger a Dios y dejarse actuar por Él en quien encuentran la mayor alegría, quien da sentido a sus vivencias por más difíciles que sean. Hoy, en situaciones, para muchos difíciles ya sea por la pobreza, la enfermedad u otras realidades de sufrimiento y dolor, es admirable encontrar personas llenas de Dios, convencidas de que su presencia en medio de ellas, las fortalece, las anima, y por eso, siempre encuentran motivos para alegrarse y estar felices. Es decir, su alegría no depende de lo que tengan o no tengan, sino que han descubierto a Dios como su mayor riqueza y satisfacción.

Y Jesús continúa diciendo: Dichosos ustedes cuando la gente los odie, cuando los expulsen, cuando los insulten y cuando desprecien su nombre, por causa del Hijo del hombre. Alégrense mucho, llénense de gozo en ese día, porque ustedes recibirán un gran premio en el cielo.

En esta última bienaventuranza, notemos un dato importante: “…Por causa del Hijo del Hombre”. Es decir, que quien decide ser discípulo de Jesús, estará dispuesto a asumir la misma suerte que Él: ser odiado, expulsado, insultado, despreciado. Y algo que llama profundamente la atención, es que Jesús les diga: Alégrense mucho, llénense de gozo en ese día, porque ustedes recibirán un gran premio en el cielo. Y precisamente, esta es la certeza que Jesús ofrece a quienes lo siguen, a quienes optan por Él, a quienes deciden creerle, creer en Él, seguirlo a Él, confiar en Él, caminar con Él.

Las bienaventuranzas, entendidas como un camino que nos lleva a centrarnos en la Persona de Jesús, haciendo de Él el referente de nuestra vida, nos ayudará como discípulos a permanecer fieles hasta el final, con alegría y gozo, sintiendo siempre la necesidad de ir a Él para llenarnos de su gracia y su misericordia,  estar en comunión con el Padre Dios, disponibles a comunicar la Buena Noticia no solo con palabras, sino con gestos que concretizan el amor de Dios, especialmente por los más necesitados y vulnerables.

¡Animémonos a ser felices a la manera de Jesús! ¡Él es nuestra mayor y única alegría! Feliz domingo. Dios los bendiga. Congregación de Los Sagrados Corazones de Jesús y María.

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