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jueves, octubre 6, 2022

Lectura del Santo Evangelio seg?n San Lucas (6, 39-45)

?De lo que rebosa el coraz?n habla la boca

?Prosiguiendo su ense?anza, les dijo Jes?s a los disc?pulos estas par?bolas:

?Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?

?No caer?n ambos en un hoyo?

El disc?pulo no est? sobre el maestro?;? lo que podrá hacer al terminar su formaci?n, será igualarlo.

?Por qu? te fijas en la astillita que hay en el ojo de tu hermano?,? y no adviertes la viga que tienes en tu propio ojo?

?C?mo puedes decirle a tu hermano: Hermano, d?jame quitarte la astillita del ojo, si no ves la viga que tienes en el tuyo? Hip?crita, qu?tate primero la viga?,? y entonces ver?s claro para quitarle a tu hermano la astillita.

??No hay ?rbol sano que d? cosecha da?ada, ni tampoco ?rbol podrido que d? cosecha buena.

Cada ?rbol se conoce por lo que produce?.?

En un espino no se encuentran higos ni de zarzas se cosechan uvas.

El hombre bueno, del bien que en su coraz?n tiene guardado, saca cosas buenas, y el hombre malo, del mal saca cosas malas?.?

Porque de lo que rebosa el coraz?n, habla la boca.

Palabra del Se?or

 

REFLEXI?N

Nuestros pueblos y ciudades ofrecen hoy un clima poco propicio a quien quiera buscar un poco de silencio y paz para encontrarse consigo mismo y con Dios. No Es f?cil liberarnos del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada d?a nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser due?os de nosotros mismos.

 

Ni siquiera en el propio hogar, invadido por la televisi?n y escenario de m?ltiples tensiones, es f?cil encontrar el sosiego y recogimiento indispensables para encontrarnos con nosotros mismos o para descansar gozosamente ante Dios.

 

Pues bien, precisamente en estos momentos en que necesitamos más que nunca lugares de silencio, recogimiento y oraci?n, los creyentes mantenemos con frecuencia cerrados nuestros templos e iglesias durante buena parte del d?a.

 

Se nos ha olvidado lo que es detenernos, interrumpir por unos minutos nuestras prisas, liberarnos por unos momentos de nuestras tensiones y dejarnos penetrar por el silencio y la calma de un recinto sagrado. Muchos hombres y mujeres se sorprender?an al descubrir que, con frecuencia, basta pararse y estar en silencio un cierto tiempo, para aquietar el esp?ritu y recuperar la lucidez y la paz.

 

Cu?nto necesitamos los hombres y mujeres de hoy encontrar ese silencio que nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos para recuperar nuestra libertad y rescatar de nuevo toda nuestra energ?a interior.

 

Acostumbrados al ruido y a la agitaci?n, no sospechamos el bienestar del silencio y la soledad. ?vidos de noticias, im?genes e impresiones, se nos ha olvidado que s?lo alimenta y enriquece de verdad aquello que somos capaces de escuchar en lo más hondo de nuestro ser.

 

Sin ese silencio interior, no se puede escuchar a Dios, reconocer su presencia en nuestra vida y crecer desde dentro como seres humanos y como creyentes. Seg?n Jes?s, la persona ?saca el bien de la bondad que atesora en su coraz?n?. El bien no brota de nosotros espont?neamente. Hemos de cultivarlo y hacerlo crecer en el fondo del coraz?n. Muchas personas comenzar?an a transformar su vida si acertaran a detenerse para escuchar todo lo bueno que Dios suscita en el silencio de su coraz?n.

Para estar informado

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