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martes, julio 5, 2022

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (12, 13-21)

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«Lo que habías amontonado, ¿para quién será?

Alguien de entre la multitud dijo a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Pero él le respondió: «Hombre, ¿quién me ha dado a mi el encargo de ser juez entre ustedes o de repartirles las cosas?»

Y les dijo a todos: «¡Cuidado con dejarse llevar de cualquier forma de codicia! Porque la vida no está asegurada con los bienes que uno tenga, por abundantes que sean.»

Y les propuso esta parábola:

«A un hombre rico le produjeron sus tierras una gran cosecha.

Entonces comenzó a hacer planes:

´¿Qué hago, que ya no tengo donde almacenar la cosecha?`

Y se dijo: ´Ya sé lo que voy a hacer:

Voy a demoler los graneros y a construir otros más grandes; ahí podré almacenar todo el trigo y los demás víveres.

Entonces podré decirme:

Ya tienes abundantes víveres en reserva para muchos años.

Ya puedes descansar, comer y beber y ser feliz.

Pero Dios le dijo:

´Insensato: esta misma noche perderás la vida.

Y todo lo que habías amontonado, ¿para quién será?`

Así pasa con el que acumula bienes para sí mismo

pero no los atesora en el cielo, junto a Dios.»

Palabra del Señor

 

REFLEXIÓN

Cada vez sabemos más de la situación social y económica que Jesús conoció en la Galilea de los años treinta. Mientras en las ciudades de Séforis y Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria. Los campesinos se quedaban sin tierras y los terratenientes construían silos y graneros cada vez más grandes.

En un pequeño relato, conservado por Lucas, Jesús revela qué piensa de aquella situación tan contraria al proyecto querido por Dios, de un mundo más humano para todos. No narra esta parábola para denunciar los abusos y atropellos que cometen los terratenientes, sino para desenmascarar la insensatez en que viven instalados. Un rico terrateniente se ve sorprendido por una gran cosecha. No sabe cómo gestionar tanta abundancia. “¿Qué haré?”. Su monólogo nos descubre la lógica insensata de los poderosos que solo viven para acaparar riqueza y bienestar, excluyendo de su horizonte a los necesitados.

El rico de la parábola planifica su vida y toma decisiones. Destruirá los viejos graneros y construirá otros más grandes. Almacenará allí toda su cosecha. Puede acumular bienes para muchos años. En adelante, solo vivirá para disfrutar: “túmbate, come, bebe y date buena vida”. De forma inesperada, Dios interrumpe sus proyectos: “Imbécil, esta misma noche, te van a exigir tu vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”. Este hombre reduce su existencia a disfrutar de la abundancia de sus bienes. En el centro de su vida está solo él y su bienestar. Dios está ausente. Los jornaleros que trabajan sus tierras no existen. Las familias de las aldeas que luchan contra el hambre no cuentan. El juicio de  Dios es rotundo: esta vida solo es necedad e insensatez.

En estos momentos, prácticamente en todo el mundo está aumentando de manera alarmante la desigualdad. Este es el hecho más sombrío e inhumano: los ricos, sobre todo los más ricos, se van haciendo mucho más ricos, mientras los pobres, sobre todo los más pobres, se van haciendo mucho más pobres. Este hecho no es algo normal. Es, sencillamente, la última consecuencia de la insensatez más grave que estamos cometiendo los humanos: sustituir la cooperación amistosa, la solidaridad y la búsqueda del bien común de la Humanidad por la competición, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de los más poderosos del Planeta.

Desde la Iglesia de Jesús, presente en toda la Tierra, se debería escuchar el clamor de sus seguidores contra tanta insensatez, y la reacción contra el modelo que guía hoy la historia humana.

Para estar informado

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