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lunes, junio 27, 2022

Lectura del Santo Evangelio seg?n San Juan (1,8-11)

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?El que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.?

JES?S se dirigi? al Monte de los Olivos. Y por la mañana temprano fue otra vez al templo, y todo el pueblo se reuni? junto a ?l: el se sent? y se puso a ense?arles.

Entonces los escribas y los fariseos le llevaron una mujer que hab?an sorprendido cometiendo adulterio, la colocaron en medio y le dijeron a Jes?s: ?Maestro, a esta mujer la sorprendimos en el momento mismo de cometer adulterio. Y en la Ley nos mand? Mois?s que a esas personas hay que darles muerte apedre?ndolas.
?T? qu? dices??

Esto lo dec?an para ponerlo en dificultades y tener de qu? acusarlo. Pero Jes?s se inclin? y empez? a escribir con el dedo en el suelo.
Como ellos siguieron insistiendo con la pregunta, ?l se levant? y les dijo: ??El que no tenga pecado, que le tire la primera piedra!?

Y se volvi? a inclinar y sigui? escribiendo en el suelo. Ellos, al o?r esto, se fueron retirando uno por uno, comenzando por los más viejos; y qued? solo Jes?s, con la mujer, que segu?a allí delante.
Entonces se incorpor? y le pregunt?: ?Mujer, ?d?nde est?n?
?Nadie te conden???

Ella respondi?: ?Nadie, Se?or.?
Jes?s le dijo: ?Pues tampoco yo te condeno. Vete, y de ahora en adelante no peques más.?
Palabra del Se?or

 

REFLEXI?N
Seg?n su costumbre, Jes?s ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo d?a, lleno del Esp?ritu de Dios que lo env?a a ?proclamar la liberaci?n de los cautivos […] y dar libertad a los oprimidos?. Pronto se ver? rodeado por un gent?o que acude a la explanada del templo para escucharlo. De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a ?una mujer sorprendida en adulterio?. No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Est? ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: ?En la Ley de Mois?s se manda apedrear a las ad?lteras. T?, ?qu? dices??

La situaci?n es dram?tica: los fariseos est?n tensos, la mujer, angustiada; la gente, expectante. Jes?s guarda un silencio sorprendente. Tiene ante s? a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ?Es esta la ?ltima palabra de Dios sobre esta hija suya? Jes?s, que est? sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. ?l les responder? desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, est?n necesitados del perd?n de Dios. Los acusadores s?lo est?n pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jes?s cambiar? la perspectiva. Pondr? a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitamos su perd?n.

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jes?s se incorpora y les dice: ?Aquel de vosotros que no tenga pecado puede tirarle la primera piedra?. ?Qui?nes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propios pecados y vuestra necesidad del perd?n y de la misericordia de Dios?

Los acusadores se van retirando uno tras otro. Jes?s apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la ?ltima palabra sobre un ser humano. M?s adelante, Jes?s dir? solemnemente: ?Yo no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo?. El di?logo de Jes?s con la mujer arroja nueva luz sobre su actuaci?n. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una ?ltima palabra de Jes?s. No se siente todav?a liberada. Jes?s le dice ?Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más?.

Le ofrece su perd?n, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perd?n de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversi?n. Jes?s sabe que ?Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva?

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