En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre». PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI SEÑOR, JESÚS
1.- ¡Señor, muéstranos al Padre y nos basta! Esta bella expresión de Felipe no podría entenderse sin una constante referencia de Jesús al Padre (25 veces en solo este capítulo). Para Jesús su Padre lo es todo. Con razón decía que no tenía casa. Era el Padre el cielo que le cobijaba, el suelo que le sostenía, el aire que respiraba, el pan que le alimentaba, el vino que le alegraba y la almohada donde reclinaba su cabeza en momentos de agobio y de fatiga. Tan penetrado está de la presencia del Padre que “el que ve a Él está viendo al Padre”. Cuando Jesús se define como Camino, Verdad y Vida, significa: camino hacia el Padre; verdad del Padre y vida en el Padre.
2.– Jesús, Camino hacia el Padre. El gozo de Jesús es el poder revelarnos al Padre. Para eso ha venido a este mundo. No ha venido a decirnos que Dios existe, sino que Dios es un Padre maravilloso que nos ama siempre y no puede dejar de amarnos. Con un Padre así se acabaron los miedos, los sobresaltos, las angustias, las tristezas, las soledades en este mundo. Y, al final, el mismo Padre nos espera en una casa muy grande donde hay sitio para todos. Qué palabras tan consoladoras de Jesús: “Quiero que donde esté yo estéis también vosotros”. Quiere que participemos de su propia felicidad. El ya no sabe, no quiere vivir nada sin nosotros. Jesús ha vivido con el Padre en un verdadero “jardín interior”. Y de ese jardín quiere que participemos todos ya aquí en este mundo. Y, después de la muerte, en el cielo y para siempre.
3.– Jesús, Verdad del Padre. En este mundo limitado y fragmentario hablamos de “verdades”. En el mundo de Dios donde todo es completo y perfecto, sólo se habla de VERDAD. Jesús no tiene verdades. Él es LA VERDAD. La misma verdad del Padre. Por eso es la pura transparencia, la perfecta armonía, la coherencia suprema. Lo que Jesús decía no era sino “la glosa” de su vida en el Padre.
4.– Jesús, Vida en el Padre. Jesús posee esa misma vida del Padre que estaba en Dios desde el principio. Y de esa misma vida nos ha hecho partícipes a nosotros. “De su plenitud hemos participado todos” (Jn.1,16). Por eso el empeño de Jesús es que tengamos vida, pero no una vida a medias, una vida mediocre, una vida limitada, una vida malograda, sino una vida en plenitud.
Con Jesús da gusto vivir. Con Jesús se saborea la vida. Con Jesús la vida fluye como de un manantial. Estando con Jesús siempre cabe lo nuevo, lo inédito, lo irrepetible. Con Jesús puedes estrenar la vida cada día y en cada instante.
El Papa León XIV destacó que Jesús revela al Padre introduciendo a los creyentes en su propia relación filial con Él. Gracias al Hijo enviado por el Padre, los hombres tienen acceso a Dios en el Espíritu Santo y participan de su vida divina. De este modo, el conocimiento de Dios no es intelectual, sino relacional: se alcanza entrando en la comunión del Hijo con el Padre. (Audiencia General, 21-enero-2026).
Hoy se conmemora el Día de la Santa Cruz
En este día, en muchos lugares, especialmente de Iberoamérica, se conmemora el Día de la Santa Cruz, una hermosa y entrañable tradición católica, adornada por expresiones de religiosidad popular en honor al símbolo mayor de la cristiandad, la cruz. Sus raíces históricas se extienden hasta los tiempos del cristianismo primitivo, en Jerusalén, donde aparece el culto a la cruz de Cristo. No obstante, es durante el siglo XVII, en España, cuando cobra fuerza e impulso. Hoy, ese mismo culto sigue manifestándose, habiendo calado profundamente en la fe del pueblo de Dios.
La Invención de la Santa Cruz
En el rito romano esta festividad recibe el nombre de “Invención de la Santa Cruz”, en alusión al hallazgo del madero en el que Cristo fue crucificado. La palabra “invención” es la traducción del término latino “invenio”, cuyo significado es “descubrimiento”. Precisamente es eso lo que se celebra: el descubrimiento de la cruz de Cristo por Santa Elena, ocurrido el 3 de mayo de 366.
En algunos países esta festividad recibe el nombre de “Día de la Cruz” o “Día de la Santa Cruz”.
“Con este signo vencerás”
De acuerdo a un antiquísimo relato, en el siglo IV, el todavía emperador pagano Constantino tenía que librar una batalla contra Majencio, rival suyo en la consecución del poder total sobre el Imperio. La noche anterior al combate, Constantino tuvo un sueño en el que vio una cruz luminosa en los aires y escuchó una voz que le decía: “Con este signo vencerás”. Al día siguiente, antes de empezar la batalla, Constantino mandó colocar cruces en los estandartes de sus batallones, y exclamó: “Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena”. Ese día, la victoria fue total, y con ella Constantino ganó el derecho a ser el único emperador. Por ese giro en el curso de su vida, Constantino concedió libertad a los cristianos encerrados en las prisiones imperiales.
Después de estos sucesos, Santa Elena, madre de Constantino, viajó a Jerusalén con la intención de encontrar la Santa Cruz en la que Cristo murió. En las excavaciones que se realizaron en los alrededores del Gólgota fueron encontradas tres cruces, con lo que surge el dilema sobre cuál de las tres cruces sería la verdadera.
La leyenda de las tres cruces
Un grupo de soldados romanos llevó al lugar del hallazgo a una mujer agonizante, y la hicieron tocar la primera cruz. Sus malestares se agravaron y la enfermedad empeoró en cuestión de minutos. Cuando tocó la segunda cruz, la mujer no mostró cambio alguno, pero al tocar el tercer madero, recuperó la salud de inmediato.
Santa Elena, junto al obispo de Jerusalén y los fieles presentes, sacaron aquella cruz en procesión por las calles de la Ciudad Santa. En el camino, el cortejo se cruzó con una viuda que llevaba a enterrar a su hijo. A alguno de los que estaba allí se le ocurrió acercar el cadáver del joven a la cruz y, para desconcierto de todos, el joven volvió a la vida. Por siglos de siglos, la gran celebración de la cruz ha sido el 3 de mayo, desde Jerusalén hasta Roma -ya se ha señalado que su observancia está muy extendida, además, en España e Hispanoamérica-.
Mil veces Jesús
Además de la cruz elaborada, parte de la tradición colombiana lleva a los creyentes a recitar la oración de los mil Jesús durante este día. Devoción en la que se invoca el nombre de Jesús mil veces con el fin de alejar el mal de las casas en donde se coloca la cruz en un lugar visible.
«Santísima Cruz, mi abogada has de ser, en la vida y en la muerte me has de favorecer. Si a la hora de mi muerte el demonio me tentare, le diré: Satanás conmigo no contarás, ni tendrás parte en mi alma porque dije mil veces Jesús» dice la oración.


