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miércoles, octubre 5, 2022

Las realizadoras venezolanas Cine con acento femenino

Alfonso Molina

Las mujeres han sido fundamentales en el desarrollo de la cinematografía venezolana. No es una frase cliché sino una realidad histórica.

Cuando comienza la segunda mitad del siglo XX solo existían lo trabajos precursores de Manuel Trujillo Durán, Amábilis Cordero, Edgar J. Anzola y del propio Rómulo Gallegos, pero no se podía hablar de una producción constante y definida. Fue en 1952 cuando Margot Benacerraf estrenó en Caracas Reverón, un hermoso documental sobre el famoso pintor venezolano, que a partir de 1953 se exhibió con muy buena crítica en el Festival de Berlín, la Cinemateca Francesa, la Cinemateca Belga, el Festival de Cannes, el Festival de Edimburgo, el Festival de Karlovy Vary y en otros festivales y eventos. Una película nacional en los escenarios internacionales.

Esa misma Margot Benacerraf —formada académicamente en Caracas, Nueva York y París, amiga de Luis Buñuel, Pablo Picasso, Gabriel García Márquez y Orson Welles— fue la que obtuvo en Cannes (1959), con su poema cinematográfico Araya, el Premio de la Comisión Superior Técnica y, sobre todo, el Premio de la Crítica (Fipresci), compartido con Hiroshima, mi amor, de Alain Resnais. Esa creadora fundo en 1966 la Cinemateca Nacional de Venezuela, así como otras empresas culturales de envergadura. Hoy, a sus 96 años, sigue muy activa en la promoción de la cultura cinematográfica en Venezuela.

La caraqueña Fina Torres, en 1985, ganaría la Cámara de Oro en Cannes con su ópera prima Oriana, basada en un cuento de la colombiana Marvel Moreno.

Y 28 años transcurrieron para que, en 2015, Mariana Rondón se alzara con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con Pelo malo, drama social e infantil de gran impacto. También ganó los premios para la mejor dirección y el mejor guion del Festival de Mar del Plata.

A estas tres realizadoras premiadas en festivales clase A, hay que sumarlas hazañas de Solveig Hoogesteijn con Macu, la mujer del policía, un auténtico éxito de crítica y taquilla que logró atraer a un millón doscientos mil espectadores  en 1987. Solveig no solo es una gran cineasta sino también una gran promotora cultural. En 2001 inauguró en Caracas el Trasnocho Cultural, el centro de integración de las artes más completo, con cuatro salas de cine, dos salas de teatro, una galería de arte y otras vertientes. Lo dirigió durante 20 años con un éxito nunca ante visto.

Tres otras realizadoras muy importantes son la ya fallecida Elia Schneider (Huelepega, 1999, Punto y raya, 2005, y Tamara, 2016, entre otras), Marilda Vera (Por los caminos verdes, 1987, Señora Bolero, 1991, y Jesús Soto, artista cinético, 2004) y Efterpi Charalambidis (Libertador Morales, el justiciero, 2009, y Qué buena broma, Bromelia, 2018).

Hay ahora que añadir a Patricia Ortega (Yo, imposible, 2018), Carmen La Roche (Voy por ti, 2018), Claudia Pinto (La distancia más larga, 2013), Anabel Rodríguez Ríos (Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador, 2018) y también a la periodista, dramaturga y poeta Yoyiana Ahumada (Ricardo Corazón de La Vega, 2022, en la serie Te lo cuento yo).

La presencia femenina en el cine venezolano ha sido fundamental.

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