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viernes, agosto 19, 2022

“Las noches de la espera”: ¿una radiografía social de colombia?

José Miguel Alzate

Un padre que tiene que sacar a su hijo de un apartamento, en el baúl del carro, para llevarlo hasta el aeropuerto, es la escena que da inicio a una novela donde se narra el caso de un periodista que, debido a las denuncias que hace sobre corrupción, debe abandonar a Colombia si quiere salvar su vida. Las amenazas le llegan en sufragios que dejan debajo de la puerta o en mensajes a su celular. Para que no quedara duda de que estaban dispuestos a matarlo, la tarde en que el papá lo saca del edificio dos hombres están apostados en la esquina, esperando a que salga. No alcanzan a sospechar que en ese auto que salió raudo del parqueadero iba el hombre que esperaban. El padre siente un dolor en el alma porque, sin haber cometido ningún crimen, el hijo tiene que abandonar el país.

La novela tiene un título bonito: Las noches de la espera. Su autor, Carlos Orlando Pardo, es un escritor que tiene reconocimiento por la calidad de su lenguaje, y por explorar en técnicas narrativas modernas. Esto lo logra en su novela El beso del francés, donde no solo aborda parte de la historia de Colombia, sino que hace ejercicios literarios con el lenguaje narrativo, que convierten su prosa en una alegre cantera de palabras para expresar su asombro ante lo que ocurre en el mundo. Cuando recurre a la analépsis, como lo hace en estas dos novelas, ese salto en el tiempo para narrar hechos del pasado abre la puerta a recursos narrativos que enriquecen el texto literario. Los dos libros tienen algo en común: narran en prosa decantada parte de esa violencia que asoló a El Líbano.

En Las noches de la espera se narra la historia de una familia que sufre desplazamientos continuos como consecuencia de la violencia política. El libro es, por lo tanto, una metáfora sobre el desarraigo, sobre la persecución y sobre el dolor que viven cientos de hogares colombianos que han sufrido el desplazamiento forzado y, como consecuencia, la inestabilidad emocional de los miembros de las familias por tener que huir para salvar la vida. El narrador en primera persona lo dice en un lenguaje conciso: “No hice sino tomarme la cabeza con las dos manos y cerrar los ojos agradeciendo haber podido salir apresurado con mi hijo”. En ese momento el padre recuerda que desde la infancia su vida fue una trashumancia continua, que dejó en su alma vestigios de tristeza.

Carlos Orlando Pardo narra experiencias de vida que lleva a la literatura para darle verosimilitud a sus relatos. Haber sido testigo de muchas de las historias que cuenta en sus novelas le permite sincerarse con el lector. Las noches de la espera puede calificarse, por esta razón, como un reencuentro con su pasado o como una forma de exorcizar sus fantasmas. En este libro están plasmadas las angustias de su padre, un buen lector, cuando frente al timón de un camión cargado con bultos de café viajaba a Buenaventura, o cuando como taxista recorría la carretera El Líbano – Ibagué para obtener con qué llevar el sustento a la casa. Las muchas veces en que debió abandonar su tierra para huir de la muerte transmiten esa angustia existencial de un hombre que busca la tranquilidad para los suyos.

Los saltos en el tiempo en esta novela obedecen a una técnica que le permite al autor intercalar el pasado y el presente sin que la narración pierda ritmo. Esto se advierte cuando el narrador habla sobre cómo el coronavirus se va llevando vidas, o cómo el paramilitarismo causa derramamiento de sangre, o cómo la corrupción es un cáncer difícil de extirpar o cómo los diálogos en La Habana condujeron a la firma de un acuerdo de paz. Aquí hay un presente que el lector disfruta porque son hechos actuales, que han sido noticia. El pasado se configura cuando el narrador, siempre en primera persona, cuenta su experiencia como docente en un pueblo tolimense o cómo lo afectó emocionalmente ese ir y venir de una parte a otra en los tiempos en que su padre estaba amenazado de muerte.

En Historia de Mayta Mario Vargas Llosa dice: “En una novela siempre hay más mentiras que verdades. Una novela no es nunca una historia fiel”. En Las noches de la espera ocurre lo contrario. Todos los sucesos que narra Carlos Orlando Pardo, los sencillos como el momento en que el periodista que huye de Colombia aborda el avión que lo llevará a España, los dolorosos como la muerte del papá del narrador de un infarto, los felices como el matrimonio de un hermano en la iglesia de Las Aguas y los trágicos como los asesinatos en El Líbano por razones políticas no son ficcionales, sino que sucedieron en la realidad. Esto ubica la novela en el plano de la verdad, es decir, hay una historia que sí es fiel, no una mentira producto de la imaginación.

Las noches de la espera es un reencuentro con el pasado. El narrador que cuenta su angustia de no saber cuándo puede regresar su hijo periodista aprovecha para contar cómo era la casa donde vino al mundo, cómo fueron sus devaneos izquierdistas en la época de estudiante universitario y qué sintió cuando se enteró del asesinato de Jaime Garzón. Un escritor de fina prosa, con lenguaje exquisito, que maneja con maestría lo que en literatura se llama la etopeya, aprovecha para hablar de los periodistas que han sido asesinados en Colombia. Y recuerda al primero que pagó con su vida atreverse a hacer denuncias: Eudoro Galarza Ossa. Era el director de la Voz de Caldas. Fue asesinado por el teniente del ejército Jesús Cortés Poveda, que fue defendido por Jorge Eliécer Gaitán.

Por las páginas de La noche de la espera pasan personas que marcaron la vida del autor. Y se cuestionan casos de corrupción que indignaron a los colombianos, como Reficar, Odebrecht y el Cartel de la Toga. También el asesinato de líderes sociales.  Este es un libro donde fluye la incertidumbre de un padre por la suerte del hijo que se fue del país huyendo de la muerte. Es, además, una radiografía de esa Colombia que nos ha tocado vivir, sitiada por el narcotráfico y los grupos al margen de la ley. El autor interpreta aquí el sufrimiento de esas familias que les ha tocado ver cómo algunos miembros han tenido que huir por amenazas contra su vida. Un libro actual, descarnado, bien escrito, que enseña la realidad de un país que se acostumbró a convivir con problemas como la guerrilla, la corrupción y el narcotráfico.

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