Las lluvias aquellas

Geross

Bonito nombre para un libro lleno de poesía. Bonito nombre para un poema. Y bonito nombre para ponérselo a una película repleta de amor.

El solo título ya es un poema, no un verso solo, pues si se quiere, evoca ensoñación, pasión, memoria, recuerdos, pasado, nostalgia y vida vivida. Lo que debe hacer la poesía.

Veinte rayitas blancas en diagonal por encima de una pared de ladrillo a la vista y un gato vestido de verde en una ventana mirando al cielo, es la obra de arte que la artista plástica y escultora Socorro Millán Urrea elabora para simplificar con figuras y formas ese título, ese verso, ese poema. Ahí es cuando uno dice que una pintura puede ser un poema. Y ahí es cuando uno dice que dos artistas se compenetran de verdad, se entienden, se complementan perfectamente.

 

 

 

 

 

 

Cerca de ciento treinta páginas al interior, llenas de letras colocadas de manera vertical, se encargan de contar historias de amor en diversas situaciones, en diversos momentos. Sutiles unas veces, abiertamente otras y con mucha discreción en contados momentos las demás, pero en esencia, es el amor el que habita allí, el que se esconde allí, el que suplica allí, el que delata un corazón que no le teme a contar la verdad de esa enfermedad que apasiona y enloquece sin medida.

Esas gotas que cayeron por momentos y en cantidades alarmantes meses, días y/o años atrás, no tuvieron la fuerza suficiente de arrastrar unas lágrimas derramadas en algunos momentos y ni de empañar gloriosos momentos de felicidad que adentro de esa ventana tapada por un felino y acariciada por la música de las lluvias aquellas, vivió la escribidora de versos que desnudó su alma en esas confesiones apasionadas.

Lindo ejercicio ese. Bonita película que puede verse en un sueño después de leerse el libro.

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