20.9 C
Pereira
domingo, mayo 19, 2024

Vivir otra vez

“No vemos jamás las cosas tal cual son; las vemos tal cual somos”. Anaïs Nin. . Una brecha se había abierto: la percepción del tiempo siguió un camino nuevo.

Óscar Aguirre Gómez

Nacianceno del Monte se dirigió con paso firme hacia una mesa solitaria del bar. Pidió una cerveza fría y escudriñó rápidamente el sitio en busca de su objetivo. Había ido allí con una idea fija: hallar a quien era conocido como “el brujo”, un individuo de edad indeterminada que, se decía, tenía el poder de llevar a la realidad las aspiraciones de un cliente. En este caso, Nacianceno. Un gran reloj de pared, de los escasos que aún se veían en un sitio público, destacaba entre la abigarrada cantidad de objetos que adornaban el establecimiento. Semejaba el paso del tiempo. A veces la eternidad radica en el instante presente. Y así pareció entenderlo Nacianceno, pues dudaba del entorno enrarecido.

Un tango, Nada, dejaba escuchar su cruda poesía:

“La noche camina vestida de Luna,

poniendo una alfombra de plata al pasar.

Las calles son viejas cubiertas de arrugas 

que están en el suelo cansadas de andar.

Los árboles forman en largas hileras

rayuelas de sombra, cortejos de luz.

Silencio que al ir de vereda a vereda

la tiza del sueño le pone una cruz”.

El reloj parecía un altar del tiempo, donde los esclavos de su dictamen caían postrados. Era un símbolo del transcurso de las cosas. Curiosamente marcaba las veintiuna horas en punto. Nacianceno fijó su vista en la plateada esfera. Como materializado de la nada, el brujo, al frente suyo, le dirigió la palabra. Era como si todo tuviera qué suceder y hubiese encontrado una forma mágica de manifestarse.

—¿Qué deseas de mí? —exclamó el hechicero, mirándolo con cierta curiosidad. Otra cerveza fría fue servida con prontitud por el mesero, para él.

—Quiero hablar en voz alta.—respondió Nacianceno con determinación.

Entonces Nacianceno le explicó detalladamente su posición. Quería solo “escalar” en la vida. El otro lo escuchó con cuidado, muy atento a su discurrir. El antagonista de Nacianceno hizo un gesto hipnótico. El tiempo pareció detenerse. Los dos extraños se despidieron.

Al otro día Nacianceno fue llamado por su superior inmediato, quien le dijo que lo iba a ascender en su trabajo, cosa que nunca había sucedido en el tiempo que aquél llevaba en la empresa.

—Es usted el nuevo jefe de producción.

¡Él, que solo era un mensajero sin mucha preparación! Al otro día se presentó donde Nacianceno el brujo, quien le solicitó su anterior puesto. A lo cual accedió el nuevo jefe de producción con disgusto, pues había pensado en un amigo suyo para tal cargo.

Todo continuó muy bien. Un día visitó a Nacianceno el gerente de la Seccional de su ciudad, quien le dijo que como tenía que renunciar, pues había sido nombrado gerente general, no podía dejar solo su puesto. Además, Nacianceno estaba muy bien recomendado por su efectividad. Así sucedió, en efecto. De nuevo apareció el brujo, solicitando la vacante que el solícito Nacianceno dejaba, quien accedió a regañadientes, nombrando a su benefactor, pues había pensado en su amigo para el empleo.

Ni qué decir que el desempeño de Nacianceno como gerente fue extraordinario. Luego ascendió, en poco tiempo, a gerente regional. De nuevo lo visitó el brujo, solicitándole su anterior puesto. En esta ocasión, el afortunado que ascendía de posición en una sucesión sin precedentes, se enojó de veras. ¡Casi echa a patadas al brujo! No obstante, Nacianceno cedió. Pero cuando éste fue nombrado casi de modo repentino a gerente nacional y fue requerido por el brujo para el puesto que dejaba como gerente regional, indicándole que Nacianceno se hallaba en su elevada posición gracias a él, explotó.

—¿Cómo te atreves, miserable? ¿Cómo crees que tú, un vagabundo venido a más, puedas ocupar nada menos que la gerencia regional de esta empresa? En esta ocasión sí mandó a que sacaran del edificio al osado mago, quien fue puesto de patitas en la calle.

En una extraña conjunción del tiempo con el espacio, Nacianceno se encontró de nuevo en el bar, sentado en la misma mesa con el brujo. El reloj marcaba las veintiuna horas pasadas… Las cervezas aún estaban servidas.

—¡Pareces como ausente! —le dijo el extraño practicante de hechicería, con acento lejano. Sonaba el mismo tango. Nacianceno, en efecto, pareció como regresar de un lejano y vívido sueño—. Sabes que proyectar es vivir anticipadamente. Y tú has proyectado tu ser interno. Has comprimido el tiempo futuro y, por tanto, lo has formado como yace ya en semilla —agregó el extraño hombre.

¿Y qué debo hace para cambiar mi destino? —interrogó Nacianceno, avergonzado.

—Tú lo has dicho: Debes cambiar tus pensamientos. Un hombre es lo que piensa todo el día. Debes renovarte —respondió pausadamente el otro.

¡Increíble! Nacianceno visualizó su vida por venir a partir de la entrevista con el brujo. Y se dio cuenta de lo que era: un egoísta en grado sumo. No merecía pues ser ayudado. Sin embargo, lo anterior no había sido una anormal sucesión de estados mentales. Una brecha se había abierto: la percepción del tiempo siguió un camino nuevo. ¡Él realmente había estado en otro plano! Viajó a través del tiempo, hallándose en una dimensión desconocida. Atravesó una muralla temporal de manera inexplicable. ¡Su existencia adelantada pasó ante sus ojos, sin apenas darse cuenta!

Los dos hombres se despidieron amigablemente. Nacianceno, avergonzado, y el brujo con una sonrisa.

*Basado en el cuento “Dos tazas de guarapo”, de Francisco Herrera Luque

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

Para estar informado

- Advertisement -
- Publicidad -
- publicidad -