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Pereira
viernes, julio 19, 2024

Un río de memorias

El Duende

Con Yorlady Ruiz la primera vez que fuimos juntos al río Cauca fue en 2002, dos años después de la muerte de mi padre. Recuerdo que llegamos a Estación Pereira al filo de las 5 de la tarde y con la última luz del día pernoctamos a orillas de un charco llamado “morriña” (tristeza), arriba de la desembocadura del Otún y a medio camino del “Cinco “en la Virginia. Con mucho afán logramos recolectar leña seca abundante de su orilla y antes que la noche nos cobijara, una luz oblicua trazó extraños dibujos sobre las grandes piedras que nos servirían de estadía. Después de encender una hoguera y atizar la candela, a media noche, al frente nuestro, sobre la otra orilla, vimos cómo de a poco y a manera de cucuyos resplandecientes, la sombra de un pescador desplegaba sobre la “morriña” una atarraya llena de luz, una y otra vez con sus lances acompasados y luminosos. Fue tan hermoso, que al mirarnos el pescador desapareció. Con la hoguera ardiendo nos turnamos el sueño para avivar el fuego removiendo tizones que avizoraban legiones de imágenes vivaces y caóticas, procesiones de almas sin escucha, y una ceniza mezclada con la bruma del río y un olor a humedad de ramas pisoteadas ante el silbido del viento que trajo al pescador de la tristeza hacia nosotros, con su atarraya al tercio, acurrucado y semidesnudo con una mirada serena y azul tan hermosa como su voz al decirnos “buenos días”, buenos días, respondimos, nos dio la espalda y se marchó entre la maleza. Sobre el medio día, quisimos salir del río por el camino que aún se intuía en las huellas que había dejado el pescador. Nos adentramos en un bosque y después de dar muchas vueltas nos volvió a traer a la orilla del Cauca.

EL CINE

A mediados de los 80, en este mismo edificio contaba con 8 pisos y en esta área cultural, Germán Ossa presidía un cine club en 16 milímetros, donde vi algunas de las películas que hasta ese entonces Herzog había realizado “También los enanos empezaron pequeños”, “Aguirre, la ira de Dios” y “Fitzcarraldo” esta última con la música del tenor italiano Enrique Carusso, vi también un documental donde una   embarcación navegaba por un río de Alemania llevando un envoltorio gigante realizado con sábanas blancas, una especie de momia egipcia gigante y que el director filmaba en cada puerto  con la reacción de la gente al ver tan inusual embarcación rumbo a perderse en el mar. Este documental fue uno de los principales detonantes para pensar en que podía hacer una obra sobre el río mostrando los rostros de tantas madres que buscaban a sus hijos por el río Cauca. Le he preguntado a Germán Ossa que tiene tan buena memoria sobre este documental y no se acuerda haberlo visto, le pregunté al director del Instituto Goethe Gustavo Valencia que en ese entonces suministraba las películas y tampoco tiene referencia de él, he mirado los catálogos de la época y tampoco; estuve en la cinemateca alemana en Berlín buscando un indicio sin resultado y he optado por pensar que ese documental me lo soñé, quizá después de ver “Fitzcarraldo” y dormirme escuchando a Carusso interpretando Scambiato per dio (confundido con dios) en la sala de música que existía en aquella época en esta área cultural, presidida  por Adolfo de los Ríos.

Domingo 2 de noviembre de 2008

La vía que comunica a Cartago con Ansermanuevo aquel día se encontraba cerrada desde las 7:00 a.m. por diversas actividades recreativas, Molly Stevens, la ambientalista que nos prestó su finca en Cartago a orillas del Cauca para construir la obra, se encontraba allí esperándonos debajo del puente Anacaro en la canoa que nos iba a transportar para acompañar Las Magdalenas, Molly nos llamó y nos dijo que había problemas con una actividad que estaba ocurriendo allí llamada “Tirolina”  una instalación desde uno de los extremos del puente con cables de acero en declive para que los deportistas por gravedad llegarán a la otra orilla del río. Yorlady y yo veníamos en camino en un taxi después de despedir las balsas y los balseros en la vereda El Guanábano a 2 kilómetros del puente. Escuché a Molly discutir y pedir que quitaran los cables para darle vía libre a las balsas. La comunicación se interrumpió y pensé que todo iba a fracasar, recibí otra llamada de uno de los balseros informándonos que en una curva del río se habían destruido dos de las balsas enredadas en los brazos de un Samán.  Al menos una, pensaba y les pedía a las ánimas del río que lograra pasar debajo del puente Anacaro antiguo para tenerla en una fotografía. Quince largos minutos pasaron hasta llegar al puente y lo encontramos limpio, sin cables que obstruyeran las balsas y al Este vimos la primera balsa aparecer y pasar debajo del viejo puente Anacaro.

Magdalenas por el Cauca, el libro

Hoy, después de 13 años y gracias a la decidida ruta en los procesos de investigación que realiza la Maestría en Estética y Creación, en las  manos y en los corazones de Margarita Calle, Felipe Martínez,  Juan Manuel Martínez y la Editorial de la Universidad Tecnológica de Pereira, nos permitimos contar en el libro “Trayectos Expresivos de la Memoria” gran parte de nuestro vagar como palos moldeados por el agua, las rocas, el paisaje y sobre todo el susurro de las voces que han confiado sus historias y lamentos para darle forma a este cuerpo que hoy se presenta en forma de un bello y cuidado libro, tanto el papel que se presta para la caricia -como la que quizá tantas familias desearon para sus seres queridos-, como la envoltura de agua que lo cubre: tendrán en sus manos un río de memorias. Nos sentimos felices de recibirlo, de compartirlo y que la palabra sea siempre el relato que nos humane y nos hermane.   

 

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