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domingo, mayo 19, 2024

“Un camino al África”, un libro para conocer mejor este continente

Un libro que merece leerse si se quiere saber cómo Nelson Mandela acabó con el apartheid y por qué el arzobispo Desmond Tutu obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1984.

José Miguel Alzate

Las referencias que los colombianos tenemos sobre el continente africano se remontan a la época de la colonia. En ese tiempo, miles de negros procedentes de África llegaron a América Latina, en barcos negreros, traídos como esclavos al servicio de los españoles. Eran personas secuestradas, traídas para trabajar en las minas que las colonias europeas tenían en estas tierras. Entre ellos llegó Benkos Biohó, un cimarrón raptado por traficantes portugueses, nacido en Guinea Bissau, que fue vendido al esclavista Juan de Palacio. Biohó, proveniente de la costa occidental africana, que fundó a Palenque de San Basilio, se convirtió en el líder de la lucha de los cimarrones contra la esclavitud. Fue ejecutado el 16 de marzo de 1621, en Cartagena de Indias. 

Fue precisamente la época de la esclavitud la que dejó en América Latina, y sobre todo en Colombia, lo que los estudiosos llaman una herencia cultural que ha trascendido en el tiempo. Con la llegada de esclavos quedaron en nuestro suelo signos del continente africano. Tanto, que el escritor Manuel Zapata Olivella, quien fuera un líder afrodescendiente, llevó a una de sus mejores novelas, Changó, el gran putas, como argumento, la diáspora africana en el continente americano, rindiéndole un gran homenaje a Benkos Biohó. Esa herencia tiene una gran riqueza artística. No son solo el color de la piel y el fenotipo, sino las manifestaciones culturales, las que trascienden como legado de una raza que hoy tiene una gran presencia en Colombia. 

Una abogada

Pues bien: una abogada egresada de la Universidad Santo Tomás, colombiana de nacimiento y belga por adopción, que fue diplomática de carrera en el Ministerio de Relaciones Exteriores y vivió diez años en la República del Congo, se dedicó durante ese tiempo a investigar la historia del continente africano. Se llama Clara Inés Chaves Romero, y en ese país tuvo status diplomático no por ser la esposa del embajador de la Unión Europea en ese continente, sino por su preocupación por estudiar su pasado histórico y, además, por servir de puente entre el gobierno del Congo y el colombiano para promover la cultura africana en nuestra tierra y, por ende, la nuestra en esos territorios. Fruto de esa experiencia enriquecedora escribió el libro Un camino al África, indispensable para conocer este continente. 

Clara Inés Chaves Romero dice en este libro que se lee con interés por la cantidad de datos históricos que aporta para conocer el continente africano, que la mayor riqueza de la herencia africana en América Latina es de tipo cultural. Señala que “la música, la lengua, la literatura y la danza” se han nutrido en gran parte de la cultura de este continente a través de una transculturización entendida como el paso de una cultura a otra. Al respecto, señala que “la diáspora africana ha mantenido esta herencia que permite enriquecer nuestra historia y nuestra cultura, convirtiéndonos en un país multicultural y diverso, con una mezcla de culturas fascinantes”. Para sustentar su afirmación, dice que el Carnaval de Barranquilla y el de Blancos y Negros de Pasto tienen mucho de esa herencia. 

En Un camino al África Clara Inés Chaves sostiene que después de Estados Unidos y Brasil, Colombia es el tercer país con el mayor número de habitantes de raza negra en el continente. Por esta razón, dice, el gobierno está en la obligación de preservar sus valores autóctonos a través del estímulo a sus manifestaciones culturales, atendiendo la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, y lo acordado en este sentido en la convención sobre el mismo tema de la Unesco de abril de 2010, donde se acordó promover la cultura como el cuarto pilar del desarrollo sostenible. En este caso, sostiene que la cultura es un elemento de construcción de paz y, por lo tanto, incentiva el diálogo constructivo para afianzar procesos de integración entre países de culturas diversas. 

La historia

El mayor atractivo de este libro es que condensa, en un lenguaje entre periodístico y literario, la historia de parte de los 54 países que conforman el continente africano, deteniéndose en sus procesos democráticos, en sus guerras civiles, en sus costumbres ancestrales, en su producción agrícola, en sus fortalezas mineras y, desde luego, en el interés que sus riquezas despiertan en las grandes potencias económicas. En este aspecto, Clara Inés Chaves destaca el endeudamiento de estos países con la China que, en su concepto, ya superó los niveles de potencias como Estados Unidos e India, y llama la atención del gobierno ruso por ser de los mayores productores de coltán, uranio, diamantes y piedras preciosas, además de la riqueza petrolera de Libia y Angola. 

El África es para Clara Inés Chaves “un continente maravilloso y lleno de contrastes”. Aunque en 1980 fue conocido como el continente del hambre y del olvido, el desarrollo que sus países han alcanzado en los últimos cuarenta años lo ubican como el continente de la esperanza debido a la llegada de grandes multinacionales, que han convertido a algunos de sus países en generadores de riqueza, contribuyendo al mejoramiento de la calidad de vida, al crecimiento del Producto Interno Bruto y, por consiguiente, al desarrollo urbanístico. China está apoyando la diversificación de sus economías haciendo inversiones en áreas como la minería, los servicios públicos, la construcción de puertos, carreteras y aeropuertos, y prestándoles dinero sin imponer condiciones.  

En Un camino al África, Clara Inés Chaves deja traslucir sus conocimientos sobre geopolítica y su formación académica con estudios sobre economía y relaciones internacionales. Este libro nos ayuda a entender lo que este continente de 1.400 millones de habitantes y una extensión de 30.3 millones de kms representa para el mundo. Nos enseña cómo fue el genocidio de Ruanda en 1994, que dejó más de un millón de muertos, y que Santo Tomé y Príncipe, con 130 mil habitantes y un ejército de 600 hombres, que se independizó de Portugal en 1975, es uno de sus países más pequeños. Un camino al África es un libro que merece leerse si se quiere saber cómo Nelson Mandela acabó con el apartheid y por qué el arzobispo Desmond Tutu obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1984. 

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