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sábado, mayo 18, 2024

Tres minicuentos

Textos del escritor Edilberto Diaz Correa tomados de su libro “Fe, oración y poder mental”. Profesional y especialista en diferentes áreas, con enfoque administrativo y desempeño en docencia universitaria; actualmente se dedica al arte de escribir.

Autor. Edilberto Diaz Correa.

LA LOCURA Y EL MIEDO

__Nos vamos __le dijo el muchacho al padre.

El viejo lo mira desde la silla en la que está sentado, sintiendo temor al ser invitado por su hijo ha emprender un viaje por los caminos del destino.

__No tengo edad para esas cosas __responde el hombre, quien recién pasa los 75 años.

__Padre, no puedo continuar aferrado a este lugar, debo escudriñar nuevos mundos y siento pena al dejarlo solo.

__La soledad no es tan mala __aseveró el viejo, ocultando aquella preocupación.

__Al partir, no sabré cuando regrese y posiblemente ocurra lo peor.

__No temas, vete, sueña y triunfa, no olvides que suceda lo que suceda, tus padres siempre estarán contigo. Navegarás los senderos del destino en tu búsqueda, al fin de cuentas, la esencia de la vida está en el andar.

 

El joven comprendió las palabras y con pesar tomo el equipaje, se acercó a su padre lo abrazó y dio un beso, luego emprendió el camino dispuesto a abrirse un espacio en el universo.

 

El padre acostumbrado a viajar por los senderos de la vida, no le sorprende que otros deban hacerlo algún día. El anciano ocultó una lágrima, se inclinó en la silla y se quedó dormido.

 

LA LOCURA

Eran las tres de la tarde y Abelardo lo sabía porque a aquella hora a la pila luminosa del parque del pueblo le encendían los motores, los que hacen brotar el agua al ser lanzada a chorros dando cierta belleza al sitio; este a su vez, está ubicado en un lugar central de aquel poblado de nombre Algeciras; el calor del trópico es mitigado con la suave brisa desprendida de los chorros de la fuente.

 

El hombre dispuesto a disfrutar el momento y el paisaje, se sienta en una de las bancas; nota como en otro de los asientos se encuentran dos personas discutiendo en voz muy alta; los hombres por su vestimenta elegante e impecable se podría pensar, son líderes de alguna comunidad religiosa de las muchas existentes en el pueblo.

 

Los señores entraron en una particular discusión; para Abelardo, esta era una conversación movida por el impulso de hacer al otro convertirse a su corriente religiosa, uno de ellos se levanta y en voz fuerte, amenazante, expresa: ¡Hereje! Y dando un golpe seco sobre la silla abandona el lugar.

 

Abelardo reflexiona y se da cuenta que la mayoría de las personas buscan los desacuerdos y no los acuerdos, ocasionando el perder el concepto de tolerancia y desperdician sus energías en pasiones, impidiendo disfrutar la vida.

 

Pasado un buen tiempo se levanta de la silla, en un andar pausado y lento se acerca a la fuente, cuyo rocío acaricia con suavidad su rostro refrescando los sentidos, generando un todo de armonía y relajación.

 

NUNCA ES TARDE PARA EL QUE DESEA
VIVIR LA LOCURA DE VOLAR

El hombre con un poco más de 50 años, de pie en la celda; desde allí observa con inquietud hacia el pasillo, esperando se produzca el milagro de su liberación; la mañana en aquel día domingo se percibe saturada por las expectativas y los rumores promovidos por algunos guardias y presos.

 

El restablecimiento de la democracia en el pequeño país de Uruguay, comienza a dar sus frutos y en un audaz paso, el estado les regresa los derechos a los presos políticos de la recién caída dictadura militar.

 

El prisionero se funde en sus pensamientos, cruzan por la mente como ráfagas las imágenes de sus antiguos compañeros, muchos de ellos se perdieron en el horizonte infinito, empujados por la fuerza de las ideas al combatir la dictadura. De repente es interrumpido por un grupo de guardias y presos en un bullicioso tumulto sin precedentes, se dirigen a la celda, abren la puerta y se suma al grupo que avanza en dirección a la libertad. Los personajes salen y se funden en un abrazo con parientes y amigos.

 

El hombre ha pasado casi 13 años en prisión y aquel día tiene un poco más de cincuenta años; una vez libre, recuerda al ave fénix y se reconstruye, comenzando a preparar el camino a la presidencia de su país; reprograma la mente e inicia el camino y se convierte en el presidente de más edad y mayor madurez en el liderazgo, aportando a la transformación de Uruguay, a este hombre su pueblo lo conoce como Pepe Mujica, uno de los más apreciados dirigentes suramericanos, quien nos demuestra que nunca es tarde para aquellos valientes dispuestos a vivir la locura de volar.

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