Temblores, temores y movimientos

A nuestras ciudades deberíamos entenderlas como organismos porosos, como expresa filósofo alemán Walter Benjamín. En cada casa y cada calle se reconocen y florecen los recuerdos.

Guillermo Pereira Gamba

Un solo seísmo nos interroga, el enjambre posterior con sus réplicas acarrea más temores entre días y semanas. Capas tectónicas de la tierra se reacomodan a 30 y 60 kilómetros de profundidad en una zona del Chocó, afín al océano Pacífico, mueven alturas de cordillera hasta la cuenca central del Cauca. El suelo profundo libera día día la energía que modifica las fuerzas que soportan las rocas en zonas adyacentes.

Leo y pienso con Fernando Pessoa «El libro del desasosiego» entre la calma de estos días afanados por la sociedad de consumo: qué poseemos y soñamos por poseerlo, si la muerte está dentro de esa vida propia nuestra que nos lleva como a una sombra propia o nos sigue. Estamos en ella con ambiciones y posesiones en ese sueño que no sabemos entender. Quizá somos la fugacidad entre la nada que posee a la nada.

En noventa segundos de terremoto el polvo nubló vidas entre destrucciones físicas. ¿Qué anuncia la vida terrestre con sus temblores? Sacude voces, poblados, creencias y enigmas. Los violentos malignos se santiguan.

La teoría del caos ha bailado en mi pensamiento hasta marearlo. Esa corriente científica entiende los sucesos en la vida natural, desde el comportamiento humano hasta el flujo y trayectoria de una gota de agua; en el mundo caótico en el que vivimos, todos los actos y decisiones están acoplados, sus conexiones impredecibles podrían hacer posible que “el aleteo de una mariposa en un rincón del planeta pueda crear un tornado en el otro extremo” y tenga consecuencias desproporcionadas. ¿Qué hay de cierto en esta metáfora de Edward Lorentz?”

Hace 60 años

Hace sesenta años, como respuesta ante un temblor corríamos al patio del colegio, la gente arrodillada con sus brazos en cruz invocaba la protección divina, cundía el miedo a si una grieta en la tierra nos tragara, ¡Oh ciencia y conciencia de mi tiempo! Corrí a lugar seguro, Juan el sabio batía una camándula y airado me gritó: arrodíllese hijueputa. Cayó polvo en el vecindario al desplome del rancho donde perecía una anciana y en la capilla lloró el cristo descogotado. ¿Reacciones que también serían parte de la teoría del caos? 

La tierra

La Tierra que habitamos posee una superficie que se divide en placas tectónicas que se menean continuamente. Cuando una placa se desliza sobre la otra se provocan los terremotos. En nuestro continente pasa por la costa oeste de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México, Estados Unidos y Canadá. En Sudamérica abarca el oeste de Argentina y Chile, la costa y región andina de Perú y Ecuador, el litoral occidental de Colombia, en América Central Incluye territorios frente al Pacífico de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. En Norteamérica: Comprende la franja costera de México (como el estado de Colima y la zona de subducción de los Cocos), el oeste de Estados Unidos (California y Alaska) y el occidente de Canadá (Columbia Británica)

También existen fallas geológicas, en Colombia son más de 2000 y ocasionan múltiples movimientos telúricos. El sistema de Romeral es un complejo de fracturas geológicas de más de 800 kilómetros que atraviesa a Colombia de norte a sur, bordea los valles del Cauca y El Patía y sus derivaciones en el Eje Cafetero ocasionan la mayoría de los temblores que nos han dado el baile de los sustos.

El origen del terremoto en San José del Palmar -Chocó- atrajo rumores viejos en la Calle Real de Marsella. En una noche incierta la casa de la familia del notario se sacudía, salían por una ventana polvaredas y humo. Héctor, oveja negra de la familia, enamoró a su amante cuando trabajaba aquel pueblo chocoano. Visitó a su familia en esos días para presentarla y un rumor sacudió la casa, atribuyen causa a la tal mujer, una bruja que en sus actos eróticos rugía como el volcán El Ruiz con orgasmos de terremoto. No sé si la teoría del caos pudiese explicar un mito chismoso.      

Llamado a revalorar

La arquitectura temblorera de nuestros poblados y sus diseños debe reconocerse, conservarse, mejorarse. A nuestras ciudades deberíamos entenderlas como organismos porosos, como expresa filósofo alemán Walter Benjamín. En cada casa y cada calle se reconocen y florecen los recuerdos, cada balcón respira con el viento, un buen entorno y su diseño arquitectónico y paisajístico provocan empatía y solidaridad como pueblo culto, armonioso y unido.Donde entra el sol no entra el médico, decía una abuela.

Porosidad paisajística que se adentra por la sala desde los cerros, las montañas y arboledas urbanas y rurales. Patios a los que uno llega sin permiso, quienes se fueron atraen sonidos de aves, sus calles son escenarios de familia, casas que no terminan en la pared, balcones y patios que actúan como extensión del interior, el jardín es sala y refugio y los umbrales expresan apertura y relación.

*https://granorojo.wordpress.com/

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