Tanguedia, el corazón de la violencia

Alan González Salazar

La sala y el escenario son un solo espacio… La Orquesta calla, sale de escena; las parejas se miran con cariño, con resignación. Se abrazan de nuevo. Una mujer sale de escena, un hombre la mira alejarse. Luces.

Para el dramaturgo, todas las evoluciones y movimientos de los personajes, así como la totalidad del espectáculo, tiene íntima relación con la medición del tiempo de la violencia; en una sola noche Jandey Marcel Solviyerte resume las características generales de una época signada por el bipartidismo, de una sociedad en tensión que había perdido toda esperanza, efecto colateral de la Segunda Gran Guerra y de la política injerencista de E.E.U.U.

Los personajes de Tanguedia (Premio Departamental de Dramaturgia de Antioquia, 2019) son pues, la encarnación de esta lucha intestina por el poder, una lucha resuelta en tres actos, donde no es posible distinguir el día de la noche (El día y la noche se componen de luces y de sombras, realmente, no hay nada que no esté hecho de la dualidad. Julia Parca, Escena I). Se sirve entonces del tango, de la canción triste que refiere las penalidades y la futilidad de la vida, la certeza de la muerte a traición, el puñal… es el tiempo de la C.I.A., de la conspiración, de la Novena Conferencia Panamericana y la OEA; así Solviyerte busca aglutinar una nación alrededor de sus hechos históricos. Ya había compuesto Versos de los mil días, y ahora se enfrenta a la noche que precedió el crimen del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán.

Por su tradición, podemos afirmar que los dramaturgos colombianos han cumplido una imprescindible función social, como se sabe, los próceres de la Independencia habían sido, entre todos, los que más apoyaron la formación de un teatro nacional y, según Fernando González Cajiao: “no solamente Nariño, Bolívar y Sucre apoyaron el teatro con su importante presencia o colaboración, sino también el general Santander, quien pidió alguna vez a su amigo Domingo Roche que compusiera una tragedia sobre La Pola”. Estamos, pues, ante un teatro político heredero de las vanguardias escénicas y, ante todo, deudor de Bertolt Brecht y su técnica del distanciamiento, donde actores y público se confunden; donde el discurso apunta a la denuncia social y, por paradójico que parezca, este tipo de teatro serio o de tesis parece surgir, ahora, gracias a la paz, ya que el chiste y la frivolidad son característicos de la guerra.

Alma Saeta tiene, en consecuencia, como único objeto de valor, su cuerpo; su cuerpo de mujer y la capacidad de este de prodigar placer, a despecho de sí misma. Sin educación, Alma Saeta debe ejercer la prostitución para poder comer. En este país del sagrado corazón, el vino corre en su afluente de sangre, las mujeres están en las cantinas, conspiran ¿dónde más se podría ventilar una gran verdad? Las calles siempre han cantado su más terrible desdicha:
Llorá, llorá ciudad desolada,
por tus hijos tan maltrechos,
frutos de tus grandes hechos,
vos que nunca hiciste nada.
En Tanguedia, una música esquizofrénica satura el ambiente, y el espectador se enfrenta al cuadro de Rembrandt: La Ronda de la Noche.