Razones para marchar (contracarta)

Wahider Cardona Hernández

He participado en varias marchas: por la paz, estudiantiles, de trabajadores y de campesinos. Considero que la riqueza, obedece a un estado superior del espíritu humano, en el cual la empatía, el amor y la justicia son parte fundamental para el respeto de la vida, no tiene nada que ver con posesiones o el perverso sistema de castas impuesto a la desigual sociedad colombiana, no trabajo para vivir, vivo para sentir la voluptuosidad de la vida y sentir que no estoy muerto. Además, no necesito tiempo para sentirme vivo ni justificar mi libertad, no pierdo el instante vibrante, en repasar odas inglesas pasadas de moda, o mirar caer los aguaceros sobre las orquídeas del jardín, no seré tan cómodo en mi juventud de no poder sentir la lluvia entre las calles, refrescando los pasos cansados, los kilómetros recorridos de la dignidad.

Para mí, como lo diría Gonzalo, hay que amarse como si fuera uno el primero y el último de los hombres, pues con uno nace y termina la historia. Tengo tiempo para hacerla y rehacerla, por que me duelen mucho las cosas malas que suceden. Todos resistimos los desórdenes del mundo a nuestra propia manera, cada quien decide de que lado de la historia vive. No soy arrogante de creer que puedo cambiar la retorcida condición humana, pero si un mal escrito. Cuando la comodidad de la posición clasista y arrodillada, reniega de la manada por falta de sentido vital, a falta de parir ideas, se hace cómplice de verdugos. Me gustan las arengas clamando justicia y dignidad en las plazas. Detesto la rudeza cruel y armada de un estado indolente, sordo e inepto a las demandas de su pueblo.

A veces intento comprender la desazón e incertidumbre de aquellos que piensan en un sin sentido de la movilización, por creer que no sirve para nada exigir derechos y que todas las cosas siguen igual o peor para la gente, que cada gobierno que sucede uno a otro va de mal en peor y que es un asunto global sin remedio. Pero siempre me llenó de una esperanza indescriptible al ver un organismo de diez mil voces de gente consciente y organizada, cuyas estampidas dejan una mezcla de dignidad y alegría sin temores, de enfrentar el establecimiento retardatario y arrodillado a las dinámicas económicas del poder de unos cuantos. No temo a un pueblo que se levanta con dignidad ante la injusta espada de regímenes tiránicos. Ya no son guerras partidistas, ni discusiones de ultra derechas o de ultra izquierdas, es el reclamo de paz, educación, cultura, protección del medio ambiente, por la tierra, por unas condiciones de salud adecuadas, por condiciones de trabajo dignas, por la dignidad de nuestros pueblos originarios, atrás quedaron las angustias y temores de reclamar lo que le pertenece a esa masa multicolor vibrante, pluricultural y llena de vida. Mi padre y mi madre, seres trabajadores y llenos de amor, me han enseñado a ver y respetar esta belleza de la vida.

Todos tenemos el derecho de vivir en paz, de soñar y hacer realidad el sueño de un mundo mejor. Todo el que marcha refrenda la construcción de ese sueño y ese derecho, desafiando el orden establecido que ha beneficiado los intereses mezquinos de unos pocos. La historia ha contado muchas veces la conquista de los derechos y el valor de algunos hombres que desafiaron la tiranía, todas esas conquistas permiten las bases de una sociedad más justa, ese camino que no fue fácil y que muchas veces costaron la vida, no puede quedar en vano en nuestro tiempo, ni ha de ser objeto de la indiferencia. Contra las opresiones del sistema es mejor levantarse y despertar, no hacerse invisible y sucumbir en la desesperanza. La vida comienza.

En las plazas y en las calles, a luchar por la vida, por la paz y la dignidad, entre los sentimientos más nobles que engrandecen al ser humano. Unos marchan para inspirar un nuevo mundo posible. Otros, “para descargar la mierda de las frustraciones” y hay que ser inteligentes para no caer en el juego perverso de los poderosos, que les encanta la guerra y la sangre. Y otros marchan para expresar una indignación ante la injusticia de un estado sordo, indolente y mezquino. Hay muchas razones para quienes marchan. Hay toda dignidad en el que marcha. Que nuestro arte y la vida, sea nuestra bandera. Viva el Paro Nacional en Colombia, en Latinoamerica, o en cualquier lugar del planeta.

Posdata:
El Nadaismo da para todo, hasta para refutar a un Nadaista. En respuesta a la columna de Eduardo Escobar, publicada por El Tiempo “Razones para no marchar”. Pereira, 9 de diciembre 2019.