Josefa Sáenz y Manuela Sáenz, dos caras de una moneda

Al morir Bolívar, Manuelita quedó a merced de las intrigas santafereñas. En 1834 la expulsaron del ejército colombiano, la despojaron de todos los honores, del sueldo y la pensión, la expulsaron del país.

Alfredo Cardona Tobón

Josefa Sáenz del Campo y Manuela Sáenz Aispuro fueron dos hermanas medias hijas de don Simón Sáenz, un regidor de Quito de bragueta inquieta e irreductible devoción realista.
Manuela nació en Quito en 1795 y quedó huérfana a temprana edad; los primeros años de su vida transcurrieron al lado de su madre en la hacienda Catahuango donde aprendió a cabalgar y creció libre como el viento hasta que al faltar su progenitora la internaron en un convento de monjas en Quito, donde además de instrucción académica le enseñaron oficios que mucho le sirvieron en los años difíciles de su existencia.

A la edad de 17 años Manuela huyó del convento con un tarambana que la deshonró a los ojos de la pacata sociedad quiteña. Josefa, por su parte, gozó de los cuidados de su madre doña Juana del Campo, una noble popayaneja, esposa de don Simón, quien con nobleza atendió a Manuela por temporadas, y a pesar de ser hija extramatrimonial de su esposo la quiso como a sus propias hijas..

Libertaria
Manuela fue libertaria, rebelde y partidaria de la causa republicana; Josefa fue aguerrida como su hermana media, pero fanática seguidora del rey Fernando VII. Josefa nació en Popayán, se casó en 1803 y enviudó muy pronto; en 1807 contrajo nuevas nupcias con Francisco Manzanos, Oidor de la Audiencia de Quito, a cuyo lado vivió en las buenas y en las malas hasta que la revolución republicana los extrañó a tierras españolas

Manuela se casó con el médico inglés James Thorne, que le doblaba la edad y a quien nunca amó, pues el matrimonio impuesto por su padre era de simple conveniencia social. Quizás el desamor y un compañero insulso impulsaron a Manuela a abandonar a su esposo deslumbrada por la gloria del general Simón Bolívar a quien amó con delirio y devoción hasta la muerte.

La heroína de Mocha
El 10 de agosto de 1809 al conformarse la Junta Soberana de Quito, los rebeldes apresaron a los Oidores de la Audiencia y recluyeron a Josefa Sáenz en el convento de la Concepción por considerarla peligrosa para su causa.
Meses después los realistas disolvieron la Junta Soberana y asesinaron a numerosos patriotas. El criollo Carlos Montufar enviado por la Junta Central de Cádiz instauró una segunda junta y para defenderse de los ataques realistas los quiteños organizaron milicias. Una segunda Junta retomó el poder y entonces Josefa Sáenz, como cualquier combatiente, se unió a las huestes realistas haciendo la campaña contra los republicanos.

En septiembre de 1812 Josefa vestida de húsar con un sable en la mano y en la otra la bandera española, entró de primera a la plaza de Mocha, se apeó y subió al campanario a celebrar con repiques el triunfo realista.

A Riobamba
Después de la victoria en el combate de Mocha, Josefa viajó a Riobamba con el comandante Toribio Montes haciendo parte del Estado Mayor de la tropa. Bajo las órdenes de Juan Sámano lucha en la Piedra y entra con los vencedores a Quito donde las altas autoridades realistas a nombre de Fernando VII le conceden el Escudo de Armas en reconocimiento a su valor y osadía.

En 1822 Sucre vence a los españoles en Pichincha y Josefa con su esposo Francisco Manzano se embarcan rumbo a Europa y jamás regresan a América.

La caballeresa de sol
María Joaquina Aispuro, madre de Manuela, era una patriota al igual que su familia; quizás ello influyó para que Manuela también fuera republicana pese a las ideas realistas de su padre. Mucho antes de conocer a Bolívar, Manuela apoyó a los rebeldes, tanto que el general San Martín la distinguió como “Caballeresa del Sol” ´por las actividades revolucionarias en Lima.

En Quito Manuela se acercó a Sucre y a las tropas colombianas y apoyó su causa. En los preliminares de la batalla de Pichincha envió víveres al campamento republicano. “Yo estoy enviando ahora mismo una ración completa a la Compañía de la Guardia del Batallón Paya y cinco mulas para su abastecimiento y reparar las pérdidas, escribe en su diario, no espero que me paguen, pero si este es el precio de la libertad, bien poco ha sido.”.

Una patriota
Librepensadora, buena escritora, Manuelita detestaba el fanatismo religioso y desobedecía los esquemas sociales de su época; por eso la vilipendiaron e insultaron hasta hace pocos años. “No sabes lo brava, inteligente, lo patriota y bella que era esa mujer, afirmaba Juan José Vega, vestía uniforme militar, usaba pistola, montaba a caballo y combatió en Junín y Ayacucho. Tenía dotes de mando y cualidades de heroína.”

Manuelita fue ascendida a capitana en Junín y luego a coronela de húsares, pese a la oposición de Santander que la detestaba por su influjo sobre el Libertador. En Lima Manuelita convenció a su hermano José María, un alto oficial realista, para que se pasara a las filas patriotas; José María lo hizo con oficiales y soldados del batallón Numancia, facilitando enormemente la ocupación argentina de la capital peruana. Cuando se sublevó un batallón colombiano en Quito, Manuelita montó en su caballo y vestida de húsar entró pistola en mano al campamento militar y controló el alzamiento.

A merced de las intrigas
Al morir Bolívar, Manuelita quedó a merced de las intrigas santafereñas. En 1834 la expulsaron del ejército colombiano, la despojaron de todos los honores, del sueldo y la pensión, la expulsaron del país.
Viajó exiliada a Jamaica; de allí pasó al Ecuador con la esperanza de recobrar la dote del matrimonio pues había quedado viuda, pero le impidieron quedarse en su tierra. Así que aún vital, con su veneración y amor por Bolívar se recluyó en Paita, un pueblito costero peruano, donde se sostuvo vendiendo tabacos y dulces hasta su muerte en 1857 víctima de la difteria.

1 comentario en “Josefa Sáenz y Manuela Sáenz, dos caras de una moneda”

  1. Como todos los escritos del historiador Alfredo Cardona, fuera de ser ilustrativos, son amenos y bien escritos.
    Muy buena síntesis de la vida de Manuelita Sáenz.
    Gracias maestro.
    Jairo Arango Gaviria.

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