Historia de Besito de Fuego

Ramón Echeverri
Este bambuco despierta inusitadas emociones, pero nadie como él, le ha dado la connotación propia del momento en que dos que se aman se manifiestan el amor con un beso de amor; Luis Carlos González en su inspiración canjea una aurora por un beso; una dicha por un día; luz a cambio de alegría; el remate de “Besito de fuego”, no puede ser más expresivo: “que el cielo inicie el proceso contra los dos, alma mía, y que se mueran los días para que nazcan los besos”.

Definir el beso en su relación semántica es tan difícil como lo es su misma sensación emocional; Su majestad el beso ha sido fuente de inspiración de escritores, pintores y escultores. El poeta mejicano Amado Nervo, decía; “Yo ya me despedía… y palpitante cerca mi labio de tus labios rojos, «Hasta mañana», susurraste; yo te miré a los ojos un instante y tú sin pensar los cerraste y te di el primer beso; alcé la frente iluminado por mi dicha cierta”.

Gabriela Mistral, Premio Nóbel de Literatura, en su poema “Besos” decía: “Hay besos que pronuncian por sí solos la sentencia de amor condenatoria; hay besos que se dan con la mirada; hay besos que se dan con la memoria. Hay besos silenciosos, besos nobles; hay besos enigmáticos, sinceros; hay besos que se dan con el alma; hay besos prohibidos; los hay verdaderos y los hay de mentiras; hay besos que calcinan y que hieren, hay besos que arrebatan los sentidos, hay besos misteriosos que han dejado mil sueños errantes y perdidos”.

Gustavo Adolfo Béquer en una de sus famosas “Rimas” a manera de canje, decía así: “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso, yo no sé qué te diera por un beso”; Igualmente nuestro Luis Carlos González dice “Una aurora por un beso, una dicha por un día, luz a cambio de alegría, es mi fervoroso rezo”.

El beso como la más bella expresión del amor ha encontrado en muchas canciones su refugio, para luego expandirse en éxitos fonográficos por todo el mundo; son verdaderos poemas; “Bésame mucho” de Consuelo Velásquez; el pasodoble “El beso”, popularizada por Juan Legido; “Besos de fuego” bolero interpretada por Carmen Delia Dipini; “Besos brujos” popularizada por la argentina Libertad Lamarque; “Bésame morenita”, de Álvaro Dalmar; “Un beso y una flor”, interpretada por el español Nino Bravo; el cantante y compositor Víctor Manuel, retomando un poema de Julio Flórez, interpreta “A dónde irán los Besos”; el dueto colombiano Los tolimenses, interpreta el bambuco “Beso Robado”; el argentino Jorge Ortiz, interpreta “Por un beso de amor”, “El beso que te di”, en la extraordinaria voz de Alfredo Sadel; son muchas más.

No es posible un análisis de la temática poética de Luis Carlos González sin tener en cuenta su vida sencilla, pulcra, alejada de las torturas postreras que causan el mundo y los placeres; su familia, su trabajo, el terruño de sus amores, sus responsabilidades fueron un lema de vida para él; esto es lo que refleja su poesía sencilla, distante de arabescos, cercana del buen decir y mejor hablar.
En cuanto a sus amigos él seguía el axioma de Mateo Alemán, autor de “Guzmán de Alfarache”: “Los amigos deben ser como los libros; pocos y bien escogidos”; él siempre guardó un profundo afecto por Enrique Figueroa y José Macías, quienes musicalizaron muchas de sus canciones; vivió a plenitud las reuniones en “El páramo” donde se encontraba con algunos amigos entre ellos el escritor, Hugo Ángel Jaramillo para escuchar duetos famosos por esa época entre ellos Ibarra y Medina; eso sí, la sobriedad en el beber era marca propia del poeta de “La ruana”.

Besito de fuego ha sido una de las canciones colombianas más difundidas y más interpretadas; sobresalen Lucho Ramírez, Carlos Julio Ramírez, Víctor Hugo Ayala, Los duetos Ríos y Macías, Espinosa y Bedoya, Garzón y Collazos, Silva y Villalba; Los hermanos Martínez, hermanos Arellano, la rondalla “Luis Carlos González; la rondalla “Cantares de Colombia”, la Tuna Javeriana, Jaime Llano, Arboleda y Valencia, Los hermanos Calero, Carmenza Duque, Lucía Jaramillo…

Letra de Besito de Fuego
Aquel besito de fuego que te robé vida mía,
hizo que muriera el día envidioso de mi anhelo,
y Dios dirá sin recelo si es verdad, morena mía,
si el sol fue llanto del día en las ojeras del cielo.

Mañana con embeleso ha de nacer otro día,
como nació la alegría cuando te robé aquel beso;
precisamente por eso quiero que se muera el día,
matémoslo vida mía de envidia con otro beso.

Una aurora por un beso, una dicha por un día,
luz a cambio de alegría es mi fervoroso rezo;
que el cielo inicie el proceso contra los dos, alma mía,
y que se mueran los días para que nazcan los besos.