El Gran Río Bogotá

El Gran Río Bogotá es como un cuerpo humano con todas sus dichas paisajistas y males en el transcurso de su vida mineral.

Alonso Gaviria Paredes

La CAR -Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca “Protección Ambiental Responsabilidad de Todos”. Gracias al aviso del profesor Andrés Hurtado García en el colegio Champagnat de Bogotá, llegó y obviamente gentileza puntual del Director General de la CAR el prestigioso cuidador ambientalista Néstor Guillermo Franco González, 243 páginas, 174 fotografías incluyendo la gran portada y contraportada que ilustra en piedra el puente del Común Chía; acuarelas elaboradas por caminantes en el siglo XIX, aerofotografías desde el nacimiento del río Bogotá en esa niebla de los tiempos en el páramo Guacheneque y haciendo las estaciones alta, media, baja. Un alto en el camino: ese salto del Tequendama, el caño urbano por la bogotana capital hasta llegar a su desembocadura al río Magdalena (no tanto el moridero) sino el respiradero para volver a disuadir esos males que el urbanismo poblacional ha precipitado y no se puede ocultar. El lector hace un senderismo desde ese ombligo fluvial primerizo y todas las edades. Historia contemplativa que dejaron los dibujantes de la Comisión Corográfica y las precisiones del Instituto Agustín Codazzi. Repasando desde la página uno el paraíso y luego viacrucis natural, la CAR no ocultó los males de la civilización que acompaña el río Bogotá en ambas orillas, los derrames ya locales y a la par las plantas de purificación para el consumo público tratamiento de las residuales (especie de purga). El Gran Río Bogotá es como un cuerpo humano con todas sus dichas paisajistas y males en el transcurso de su vida mineral.

Las diferentes expediciones de tiempos habidos, sus habitantes que muy arriba no abandonan esa peregrinación, y los indígenas que lo vivieron dejando grabados con tinta indeleble o tatuaje de los siglos, la abundante botánica pura, las diferentes especies animales que están en sus alrededores, el verdor nítido y el indescifrable acurelerista de la química que lo contamina o “convive” con río padre; la orfebrería Mhuysqa tallada en roca de silencio milenario, los indigenarios herederos de aquellos sabios con sus vestidos a la usanza textilera de hoy sin perder la impronta, las haciendas, las casas, esa arquitectura estática que por realismo mágico permanecerá fósil si la pica del progreso no la derriba o los nuevos herederos; las fotografías de los años 50 en El Charquito, Soacha, donde tres niñas disfrutan de un baño dominical cuando esas aguas eran cristalinas como su inocencia, los cultivos abonos de orilla ya envenenada (a pesar de los controles de autoridades de la CAR), las excursiones con navegalidad en botes rápidos. La fauna montañosa y la citadina; los puentes en metálico con esos arcos hechos en forja. La canción Río de Aterciopelados con inspiración de Héctor Buitrago:

Vienen las aguas del río/corriendo, cantando/por la ciudad van soñando/ser limpias/ser claras-/tiene sed /tiene tos el río/oh sana/Bogotá mi río. Salvemos nuestra sangre que corre/bailemos agua vital que fluye/bañemos hielo dulce que teje/cantemos que regresen los peces.

Este monumental libro trae ocho capítulos y por deber con sus autores (39), siete apoyos desde la Dirección General, la Oficina Asesora de Comunicaciones en la CAR, la Imprenta Nacional de Colombia se citan las acreditaciones de orientación en la lectura y repaso amplio: La niebla de los tiempos. El río de los ancestros, el río de los Mhuysqas, agricultura prehispánica, peces. El río de la Colonia-de las montañas al río. Un nuevo reino, un mismo río. Entre la utilidad y la empatia. El río en una nueva nación – El Tequendama. Fuimos matando el río-Mi río. Un río que se resiste a morir.

La recuperación del salto del Tequendama. Vamos recuperando el río. Colección de aves. Volver a amar al río Bogotá. Nuestro río puede inundar. Adecuación hidráulica del río Bogotá. En busca de la construcción sostenible del territorio con la protección del río Bogotá. El río que soñamos- Será el gran parque lineal más grande de Latinoamérica. La educación y la cultura serán el eje. Para rescate del río Bogotá. Río Bogotá eje de desarrollo sostenible.

Para el lector extranjero la publicación viene también en inglés y una excelente traducción como de laboratorio (opinión de una amiga intercambio científico) que repasó desde La partida cero llegando a unos 68.9 kms de esa longitud saliendo de Villapinzón hasta el río grande de la Magdalena. En uno de sus descansos del camino. “El Gran Río Bogotá es un moribundo sin aliento en un gran pensamiento demencial; sin embargo, al realizar ese gran parque lineal (greenway) volverá lo cuidado como lo hacía el indigenario sabio. Ya lo dijo el poeta Nelson Osorio Lozano en ANTES:

“Antes de todo, era el agua…agua de los genes Mhuysqa de la gran madre Bachué, reina de la Iguaque y del mundo…Tierra Mhuysqa que huele a humedad, a vida pura, a cenizas de los ancestros… efigie moldeable y en vientres frescos para contener espíritus. Para abarcar la vida… Eras río, Eras tú”.

Muy sólido el Consejo Directivo de la CAR: Son veintitrés representantes de todas las comunidades desde el Presidente de la República, la alcaldía mayor de la capital, los vecinos municipios y afectadas, pero en vías de cuidado, todos con simultáneas obligaciones y delegación.
Este imponente libro de mesa: El Gran Río Bogotá –soñando el territorio-ancestro, legados y vida el logotipo bello de mariposa gota de agua como de primer día. Es el tercer volumen lujo de consulta, y faltan más elogios a medida que recorremos a pie y en bote y hasta desde aire aerofotogramétrico su lectura imparable.

“Pero ese Gran Río se resistió a morir y no podemos permitir su desaparición, pues tras de sí inexorablemente moriría su riquísima cuenca que de manera vital les da sostenibilidad a territorios de todos los pisos térmicos y donde más de diez millones de personas dependemos de su existencia”. (Néstor Guillermo Franco González el gran CEO para el río Bogotá y lo dijo luciendo el uniforme de la entidad).