Cuentos de Francisco Javier López Naranjo, desde Apía

Corroncha
(Preseleccionado entre los 52 cuentos que se presentaron en el 15 Concurso de Cuento Breve «Municipio de Samaná», 2019)

«¡Maldita Corroncha, perra inmunda, negra de los infiernos!, ¿por qué se atravesó en mi camino?… Tan feliz que era con Lucho, en estos cuarenta años de matrimonio, hasta cuando, no sé con qué amarres, lo conquistó, convirtiendo mi vida en una zozobra permanente»… Así se agitaban, ¡ay!, Pureza, como aguas borrascosas, los pensamientos en la represa de tu alma al recordar los años venturosos al lado de Luchito, como le decías con cariño. Pero en una aurora sombría sonó el timbre del teléfono y una voz impostada te dijo:

— Pureza, he visto a su esposo en caricias con una perra del barrio el Vergel. Como es negra, la llaman Corroncha. Sígalo por la mañana, cuando sale a hacer su caminada por la calle de Sodoma, y lo comprobará. ¡Lo juro!…
Luego colgaron el teléfono y sólo quedó el ruido de la incertidumbre vibrando en tu interior.
Al día siguiente, Pureza guardó un afilado cuchillo en su bolso. «No voy a rebajarme con esa perra, pero si esa negra me ataca actuaré en defensa propia». Siguió con sigilo a Lucho. Este caminó, como era habitual, por la calle de Sodoma, y se acercó a una casa llamando melosamente: «¡Corroncha! ¡Corroncha!». Pureza sintió un frío que le recorrió la espalda hasta la coronilla, como un presagio de muerte, y apretó el mango del cuchillo dentro del bolso. De la casa salió una perrita negra moviéndole la cola a Lucho. Este, sonriéndole, le acarició las orejas y le dio comestibles. Mientras se los comía le sobaba el lomo:
—Corroncha, la corronchina, vení pa cá, perra cochina, chinvengüenchona, pedorra y moldelona.
La perrita se echó panza arriba para que Lucho le hiciera cosquillas.

Al ver a Pureza, este se sorprendió y le dijo:
—!Pureza!, ¿qué hace aquí?… ¡Ah, ya sé! Vino a acompañarme en la caminata. Al fin le hizo caso al médico para madrugar y hacer ejercicio. Le presento a Corroncha, es una perra muy cariñosa. Ojalá no fuera ajena y me la llevaría como mascota.

Estupefacta, ataste cabos y comprendiste que quien, con voz impostada, en el teléfono, te juró que decía la verdad no había mentido: «… Pureza, he visto a su esposo en caricias con una perra del barrio el Vergel. Como es negra la llaman Corroncha. Sígalo por la mañana, cuando sale a hacer su caminada, y lo comprobará…».
Sentiste que el peso de toda una represa de dudas turbulentas desapareció instantáneamente de tu alma y que en este triángulo amoroso nadie había perdido.
Entre disgustada y sonriente, solo atinaste a mirar a Corroncha, que te movía la cola, y le dijiste:
—¡Maldita Corroncha, perra inmunda, negra de los infiernos!

Premio Novel de Literhartura
(Mención especial en el III Concurso de Micronarrativa “Recordando Aprendí”, Concursos Literarios en Español, abril de 2018, por lo que figura en la antología El color de la hoja seca. Mención especial en el III Concurso de minicuentos “Un caleidoscopio de letras”, de Mundo Escritura, junio de 2018, por lo que figura en la antología Caleidoscopio)

Luego de participar en innumerables concursos literarios, con la esperanza de quedar, siquiera, como finalista, y perder en todos, el frustrado escritor decidió instituir un premio para los concursantes que, como él, hubieran batallado estérilmente contra los molinos de viento de la literatura. Y colgó, orgullosamente, en la pared más visible de su casa, un vistoso certificado en el que, en letras de oro, se leía: Ganador del Premio Novel de Literhartura.

El reto supremo de Stephen Hawking
(Mención del jurado en el III Concurso de Microrrelatos “Letras y más letras” de la editorial El Muro del Escritor, mayo de 2018, por lo que figura en la antología Cascada de Letras. Mención especial en el IV Certamen de Microrrelatos “San Isidro labrador”, de Letras Como Espada, junio de 2018, por lo que figura en la antología Estrella. Mención del jurado en el III Concurso Literario de minicuentos “Al claro de la luna”, editorial Mundo Escritura, julio de 2018, por lo que figura en la antología Bajo la luz de la luna)

El fallecido científico ateo Stephen Hawking en su viaje actual por la mente de Dios tiene un interrogante que no ha podido resolver, y que se ha convertido en su principal enigma, más apasionante, aún, que el de las mujeres, que, según él, era el más insondable misterio, o que el big bang, los agujeros negros y la teoría del todo: “¿Si morí, y todo terminó, por qué soy consciente de ello y de que estoy dudando?…

Como una gota
(Mención especial del jurado en el IV Certamen de microrrelatos “letras Como Espada”, editorial Letras Como Espada, octubre de 2018. Figura en la misma antología. El protagonista, o, más bien la víctima, en este relato, fue el gran escritor caldense, apiano por adopción, Octavio Hernández Jiménez, quien mucho me ha alentado en mi trayectoria literaria. Gratitudes infinitas para él. “Cualquier parecido con la vida real no es pura coincidencia”).

Cuando un gran escritor tenía once años, su profesor de preceptiva lo puso a escribir un soneto. Y creó uno que concluía: “… Y la triste y errática gaviota, / exhausta del océano surcar, / precipitose al mar como una gota…”. El profesor replicó:
–¿Una gota de qué? ¡El soneto no es para escribir pendejadas! Tiene 0.5.
Hoy en día el “soneticida” se cuestiona: “Una gota de qué?… Se supone que es de agua, pero, si no es así, ¿no es mejor dejarle ese enigma al lector? Mi profesor tiene 0.5.

Ojos en la tumba
(Elegido en el V Concurso de Microrrelatos “MICROTERRORES”, de la editorial Diversidad Literaria. Forma parte de la antología que lleva el mismo nombre del concurso)

El sepulturero se horrorizó. Desde el fondo tenebroso de la tumba, en la pared, dos ojos relampagueantes lo miraban a través del agujero. Y huyó despavorido. Algunos curiosos que se atrevieron a mirar también huyeron. Entonces, un osado introdujo violentamente un garrote contra los espeluznantes ojos. Un chillido escalofriante ahuyentó a los presentes. Solo quedó una malherida zarigüeya en el fondo de la tumba.

Homofobia
(Mención especial en el III Concurso Literario de Cuento Breve “Una flor para ti”, de Tu Concurso Literario, junio de 2018, por lo que figura en la antología El árbol de la Llama. Mención del jurado en el IV Concurso de microrrelatos “Cosas Pequeñas” de Mundo Escritura, octubre de 2018, por lo que figura en la antología “Los girasoles”)

Era un homófobo recalcitrante. No podía explicarse cómo un hombre podía sentir atracción sexual hacia otro hombre, siendo las mujeres tan voluptuosas. El mero hecho de pensarlo le hacía sentir naúseas. Se burlaba de los homosexuales y los agredía hasta el punto de ser el jefe de una organización secreta que perseguía y asesinaba a gays. Además, tenía otra particularidad: decía que recordaba sus reencarnaciones y a una mujer, su alma gemela, con quien había sido feliz en existencias pasadas. Pero no la había encontrado en su vida actual. Por lo que sentía un gran vacío que trataba de llenar con múltiples aventuras amorosas que le habían granjeado la fama de Juan Tenorio irredento.

En cierta ocasión, en una callejuela oscura de un barrio prohibido de la urbe, luego de apuñalar con sus cómplices encapuchados a otro gay, un estremecimiento recorrió su espina dorsal hasta el corazón, como un rayo que le desgarró su entraña: sin sombra de duda, reconoció en el gay, herido de muerte, a su alma gemela en cuerpo de hombre, el cual agonizaba en un charco de sangre.

Navidad en las tinieblas
(Mención del jurado en el IV Concurso de Cuento Breve “El color del invierno”, de la editorial Tu Concurso Literario, febrero de 2019, por lo que figura en la antología “El calor de los recuerdos”)

José recordó lo sucedido dos años atrás, cuando con su esposa María, en embarazo, tuvieron que ir a tierras lejanas, donde su hijito Jesús nació casi a la intemperie, pues no les dieron hospedaje. Ahora, de huida del tirano, en otra nación, se refugiaban en un humilde albergue que algunos amigos les proporcionaron. En su penoso viaje se habían unido a una caravana para evitar caer en manos de ladrones y maleantes. Pero varios de sus compañeros perecieron debido a las inclemencias de la travesía.

En el pueblo donde eran forasteros se vieron obligados a mendigar y afrontar las miradas de quienes los consideraban visitantes indeseados, y la indiferencia de muchos pobladores. Algunos hasta los insultaban y les decían que se volvieran para su tierra.

El color del invierno alumbraba una nueva navidad en las tinieblas de tantos refugiados, ese 25 de diciembre, mientras José López y María Álvarez, con el niño en los brazos, cantaban villancicos en un semáforo a cambio de las monedas que les lanzaban desde algunos vehículos.