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martes, febrero 7, 2023

Siete autoras y cineastas de la posmodernidad

Mauricio Laurens

De mi libro-diccionario El abecé del cine de autor, publicado por Intermedio Editores de la Casa Editorial El Tiempo, en noviembre de 2020, que contiene una selección de 224 directore(a)s y guionistas o coguionistas de diferentes nacionalidades con personalidades, temáticas y estilos definidos, extraje siete (7) cineastas mujeres internacionales de características narrativas y estilísticas propias que, por sus espíritus combativos e independientes, van más allá de las consabidas sensibilidades atribuidas a su género.

En sus películas dominantemente argumentales atadas a las estéticas de lo real cotidiano e histórico, siendo artistas clasificadas como cineastas posmodernas ya que, no obstante, los desarrollos culturales y tecnológicos de sus consecutivas nacionalidades, claman por alcanzar el pleno bienestar social e individual de sus comunidades. Veo que poseen algunas o todas de las siguientes especificaciones: eclecticismo en propuestas o proyectos realizados en el curso de sus trayectorias vivenciales, reciclaje ideológico de miradas provenientes de formaciones profesionales, saltos en las relaciones espacio-temporales, combinaciones de narrativas cinematográficas y tenacidades afines a sus perfiles tanto liberales como transformadores.

Susanne BIER (Copenhague, 1960). Nacida en una familia judía danesa familiarizada con Suecia. Estudió artes en Jerusalén, arquitectura en Londres y cine en su ciudad natal. Suele desplazarse entre dos mundos antagónicos, cultiva el melodrama y se enfrenta con las intolerancias sociales. De vena neorromántica, forjadora de la vía realista del Dogma 95, plantea neurosis e intranquilidades del día a día.

Jane CAMPION (Wellington, 1954). Cursó antropología en la capital neozelandesa y pintura en Sydney College; frecuentó la Escuela de Cine y TV de Australia. De rígido carácter y apasionada sensibilidad, primera dama ganadora de la Palma de Oro y segunda del Óscar, sus sicodramas de época han sido coproducciones angloparlantes de ambigüedades afectivas que suelen asombrarnos y perturbarnos.

Sofía COPPOLA (Nueva York, 1971). Hija de uno de los pilares de Nuevo Hollywood, ha demostrado en contadas ocasiones su espíritu independiente y transgresor, desde 1999. Gusta de mezclar géneros: reconstrucción fantasmagórica de tragedias familiares, descripciones de la extrañeza extranjera, ambientaciones prerrevolucionarias con toques pop y autocrítica del mundo privado de las estrellas.

Nadine LABAKI (Beirut, 1974). En sus tres primeros largometrajes, la directora libanesa de cultura francesa ha sorprendido por su manejo de la comedia frívola local, el abordaje de los conflictos sociales de un país en guerra y la minuciosa descripción de las miserias urbanas que anuncian el caos. 

Claudia LLOSA (Lima 1976). En sus dos primeras ficciones de naturaleza presuntamente antropológica crea o reproduce mitos populares indígenas, con cierta revaluación del imaginario colectivo y un evidente manejo de actores naturales que rescatan las raíces falsas de supersticiones y docudramas sociales.     

Lucrecia MARTEL (Salta, Argentina 1966). Cineasta profesional que no ha tolerado el esparadrapo que sectores conformistas o retardatarios pretendieron imponerle. Su mirada ácida y desencantada traduce   “lo inútil y cotidiano que puede resultar la vida inverosímil, azarosa e irónica de una pretendida realidad”.

Agnès VARDA (Bruselas, 1928 – París, 2019. Única realizadora germinal de la Nueva Ola, sus ficciones personales y documentales subjetivos abrazaron la memoria lúcida de una artista integral que amaba la fotografía, las playas, los muros y todos aquellos trayectos recorridos en el tiempo y espacio. 

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