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jueves, julio 25, 2024

Rama Seca y el Camino hacia la Ermita del Santuario

Guillermo Gamba

Un hombre circula en la ruta de la “Ermita del Santuario de la Memoria”. Allí la mujer del Hojarasquín del Monte, abandonó a un niño entre un nido de ramas secas, lo reconocieron porque lo cuidó un ermitaño observador de pájaros que guiaba a los ornitólogos.

En la memoria común a todos en Santuario, cada giro y flotación de la brisa difunde su nombre como una rama seca que vuela de aprisa. Esa imagen lo retrata en cada esquina, lo piensa cada persona al detenerse y ronronear con sus chistes y chanzas. Si le ven indeciso, también el movimiento de las hojas al caer se ha detenido.

Qué estará cavilando, piensan de él, así está en la evocación de sus coterráneos del camino hacia la Ermita del Santuario de la memoria. Su imagen se afianza ante sus dudas, también su esperanza,  y en otros lugares, quienes visitaban el camino hacia la Ermita del Santuario, lo recuerdan desde cuando era un muchacho que les saludó, al instante sintieron que la floresta se agitaba y caían hojas secas como una lluvia de estrellas.

Le decían Rama Seca y así lo anunciaban siempre desde las puertas y ventanas de las casas, a lo largo de los caminos, en las mesas de los cafés y en los billares. Los rumores hablaban del hombre que sabía de memoria los nombres de todos y ninguno el de él. Rama Seca le llamaban y les sonreía, esa palabra remarcaba sueños y plegarias entre su esperanza o su miseria. Él intercambiaba mensajes con miradas y signos. Los transportadores le conversaban, los memoriosos le identificaron como su territorio, a veces la desmemoria los regresa a él cuando su vehículo pisa hojas secas y charcos.

Rigoberto

Seguí a Rigoberto en su pueblo de montaña,  cordial y afable, le hacían corrillo, quería ser alcalde y tras él sonaban rumores: Sabés la noticia, “Rama Seca será candidato a la alcaldía”; Véanlo pues, ¿Si podrá serlo? Si. ese es el man, señor santo y servicial. Si, es un líder, replicó otro. Pero, ¿han pensado una cosa? Si la publicidad de la campaña pregona que voten por Rigoberto, ahí si no vota es nadie. Pues sí, ni el hombre invisible. Tenés razón,  la gente conoce a Rama Seca, así le llamamos todos desde sus primeros pasos hacia la Ermita del Santuario de la memoria.

Lo convencieron, lo promovieron y se inscribió como Rigoberto con su apellido e identidad completa, como lo exige la ley, pero los afiches y pancartas pregonaban  “Rama Seca Alcalde” con su fotografía reconocible, camisa en tonos verde azules, sonrisa coqueta y esa picada de ojo de él, como el gorrión de siempre.

Como alcalde cumplió, fue su líder cabal y eficaz, gerenció el oro, la tensión humana que crea la asociatividad y el civismo. La municipalidad se ocupó de los ancianos desprotegidos con ejemplar empeño, viviendas por autogestión, la renovación de cultivos y gran variedad de flores, el cuidado de los insectos benéficos y los árboles, la ruta a la gran ciudad. Los turistas llegaron a las carreras de caballos, en la parranda del día de la yuca chorreada, comían ese plato y concursaba la gente bailadora en un correteo de brujas con patasolas. Las ánimas benditas bajaron de su más allá y jugaron a las infidencias con sus dioses y a los pecados con los duendes. Rama Seca el más santo y aclamado.

El día de la luna llena de marzo, los pobladores decidieron que fuera coronado “Rey de Rama Seca”  En esa jerarquía su nombre fue más reconocido y popular, lo que se nombra existe, lo que no se nombra pierde su identidad bautismal y civil. Rama Seca nunca recordó su nombre de la vida civil, jamás la necesitaron con ese apodo, era un ser sacro. ¿Cómo era que se llamaba?  –  No sé, Rama Seca. Es bonito y le luce con sus canas plateadas de las hojas secas del yarumo, el árbol del Camino hacia la Ermita de la Memoria.

Conocer el pueblo

La llegada de visitantes crecía con el interés para conocer al pueblo de Rama Seca, sus posadas rurales, el camino de la ermita del santuario hacia el gran cerro donde se divisan los atardeceres de todos lo mares. En la esquina del asalto del año de los miedos, un peluquero narra aventuras de caminantes que han pasado a medianoche hacia los lugares donde se habrán de fundar nuevas ciudades en la tierra de Rama Seca.

Regresé pasados doce años, encontré a ese peluquero en el café del cerro, bebía su taza con almojábana y unas gotas de coñac, le pregunté por Rama Seca. Señor, no volví a saber de él, ni lo pregunte, nada de nada, ni de él, ni de los suyos, ya incineraron a Rama Seca.

En el cementerio existe una tumba que tiene el nombre de otro señor, dizque un tal Rigoberto. Solo Dios sabrá quién será ese hombre. A Rama Seca se lo llevaron los vientos.

Por ahí dizque anda un forastero de quien dicen que es el propio Rama Seca, regresó de Estados Unidos donde se había ido. No, señor. Lo vi, no es su mirada comunicativa con sus signos, ni me reconoció y ni lo reconocí, creo que ni se reconoció a si mismo… Ni el fantasma. Solo dicen que es un enredador de mujeres y por eso le dedicaron una canción llamada rama seca. Ahí se la pongo para que la escuche.

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