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lunes, febrero 6, 2023

Poesía por los cuatro costados

En el país y el mundo, los festivales de poesía están convocando un grueso público y una selecta pléyade de autores de todos los confines. Da gusto pues, para quienes creemos que la literatura, y particularmente la poesía, indaga por los misterios de la razón de existir, del luchar y del inventar circunstancias asombrosas, acudir a estos encuentros ya sea en Pereira, Manizales, Medellín o Cali, y “asistir” a tantos otros lugares a través de la virtualidad, para compartir la emoción de las palabras que se convierten en un vehículo de convivencia.

De su último libro: Hablan los muros: poemas callejeros, 2021, se publican cuatro poemas de Carlos Arturo Arbeláez Cano, para celebrar el reencuentro con la poesía en el pasado 16 Festival Internacional de Poesía de Pereira.

 

DE INCÓGNITO EN LA VIDA

Octavio Amórtegui

No quiero ser oficial para la historia;

pasar de puntillas por la vida es mi propósito

para no despertar la desazón

de los imitadores de la mediocridad.

De incógnito en la vía, mejor dicho,

por donde todos se pasean

como un mismo maniquí

apostando promesas al mercado

y a merced de un tiempo que esclaviza.

 

 

 

 

 

SOLEDAD AQUÍ Y ALLÁ

La soledad me habita y me persigue.

Huir es perseguirme sin sosiego.

Acepto deshabitar lo que hay en mi

para habitar en ti como un respiro.

Darme el placer de tu talle y tu regazo:

detenerme a las puertas de tu hechizo.

¿Quién responde a mi duda

cuando eres mi inquietud y mi locura?

Ni aquí ni allá he encontrado

la clave de tu encanto; transitas como yo,

por entre el sortilegio de un enigma,

que intenta desvaríos por las rutas precisas

de este laberinto que es mi vida.

 

EL ESPEJO

De los espejos

me asombran sus fantasmas,

y es que habitan allá,

en una dimensión

de esperanzas y dudas.

Creemos, frente a él,

que si somos nosotros

quedamos congelados

en nuestra propia aceptación.

Otras veces creemos

que son el personaje que buscamos

evadiendo el espectro

que nos marca el aquelarre

de nuestras propias frustraciones.

Espejo o espejismo

yo solo he sido del color de la tristeza;

en la tragedia o el desvarío

le apunté a parecerme a algún espectro.

Cada uno se conforma con su sueño,

la fantasía es el mal del extravío

frente al espejo que no atina

a ser nuestro adversario o nuestro amigo.

 

CÓMPLICES

Por la ventana se asoma un gato.

Es un gato de un negro renegrido,

tres líneas amarillas que le cruzan:

por la cara, por el pecho y por su lomo;

discordantes, en todo caso,

con los ojos ambarinos

que me acechan, quizás, o me persiguen.

Lo demás, techos percudidos

por un medio amanecer que no despunta,

techos oxidados por el tiempo de las emisiones

en la era del vértigo y del ruido.

Que pereza intentar una

tautología de la ataraxia

en esta reiterada

errancia del desvelo.

El gato, como yo, le dispensa a la noche su misterio;

no sé si me mira cuando, como él,

me paro a otearlo desde mi atalaya;

o lo busco o lo espero

en mi noctambulismo.

Los pájaros en la madrugada

coquetean con él,

mientras que a mi silencio

solo se acercan sus pasos

que traquean por los escalones

anunciando la llegada puntual

del alba y su presencia.

Dicen que compartimos

amores imposibles

en este germinar de frustraciones.

Dicen que el gato escapó,

por el patio trasero de la casa vecina;

no volvió, dicen,

pero yo lo adivino con su andar sigiloso

huyéndole a la aurora,

intentando ingresar a mi buhardilla

a examinar conmigo

un tropel de nostalgias compartidas.

Son tan leves sus pasos

que ya los escalones ni traquean;

me confirman que ha desaparecido

para siempre.

Para estar informado

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