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sábado, enero 28, 2023

Mirada-tacto

¿Habrá acaso una mirada-otra, una mirada-tacto, algo así como el tacto de la vista que pueda inaugurar una relación con lo otro una vez interrumpido el dominio? Se pregunta Marta Segarra interpelando a Héléne Cixous y Derrida. Se nos ha enseñado a dominar la técnica, la lengua, la mirada del otro, la contemplación de la naturaleza, a delimitar mi propio yo en circunstancias psicosociales que nos aprueben. La respuesta de la artista Marcela Velásquez frente a estas condiciones del juego Ser Mujer, Ser Creadora, Ser Investigadora; es en su obra pictórica donde se libera, se encuentra, y así misma, puede ser partícipe de la Epifanía donde lo otro puede emerger, sus otros “yoes” que desmontan la hegemonía de ese yo que se acalla para observar con la mirada la diversidad que la complementa; el tacto como expresión corporal y lenguaje que une la plástica con la naturaleza. Pintar para habitar con la mirada cuando pintar ya no es una estrategia de dominio y aceptación, sino de hospitalidad y otredad.

Como dice Derrida “Es el tacto quien tiene la última palabra”. Y en este encuentro entre el(a) espectador(a), la Sala Carlos Drews, el curador y la obra Mirada-Tacto de Marcela Velásquez, es necesario un tacto que acoja, que la mirada se acerque (como la caricia levinasiana) a lo que no es aún, pero que la caricia en su pasividad, inventa.

Una Mirada-tacto que renuncie a apropiarse, a dominar. Interrumpiendo la pintura/mirada/tacto que, todavía por venir, permita la emergencia epifánica, de lo otro.

La técnica que eligió a Marcela Velásquez por años, es fácil adivinarla, tiene aire de los ecosistemas cafeteros, de su vitalismo ermitaño. A pesar, o quizás por ello, de renunciar, hacia una no totalidad de su obra, el advenimiento de un ver (una mirada, una pintura, un tacto) que sea experiencia del duelo. De esa renuncia vivida como experiencia de sinceramiento consigo misma y su arte, pero con la hospitalidad, no la hostilidad. Ahí radica la grandeza de esta exposición que hoy nutre el Corto Circuito y a la ciudad, tan femenina toda ella; tan necesitada de la Mirada-tacto que la acaricie y la pinte Ternura.

Carolina Hidalgo

Magíster en estudios Culturales

UASB.

 

 

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