18.4 C
Pereira
lunes, enero 30, 2023

Los olvidados del café – la cultura del café -Edición bilingüe

Adalberto Agudelo Duque

La definición más ampliamente aceptada de la palabra cultura dice que es “… el conjunto de valores espirituales y materiales obtenidos por el hombre en la práctica histórica social…”. En el caso del café ¿se cumplen las connotaciones? El profesor Gerardo Ramos, buceador de palabras en el inmenso mar de la semántica, demuestra que sí. Alrededor del café se tejen lenguajes, costumbres, rituales, historias. Y hasta una ética, una estética que, rastreadas, encajan en el concepto de cultura.

El primer hallazgo del profesor Ramos fue el lenguaje, todo el palabrario usado en torno al cultivo y, casualmente, escondido en el mismo uso, tan común y corriente, que ni siquiera reconocemos los otros significados, lo que esconde, las historias de violencia familiar escudadas en el hecho de crear una empresa en la cual la esposa, los hijos y las hijas y hasta los allegados participan como sujetos activos, aportantes a la economía: sembradores, desyerbadores, abonadores, cosecheros, chapoleras, desgranadores… Incluso las esposas que se encargan de las paseras y de los niños que rastrillan el grano para que se asolee parejo y lo protegen de aguacerales y lloviznas.

Trabajo duro, no reconocido, sin otro pago que el sustento pues, luego de la cosecha, el dinero va a los bolsillos del empresario, el dueño de la finca o el papá. Ni qué decir de los peligros de una mapaná, una granadilla, la ponzoña de una araña, las picaduras de insectos que transmiten enfermedades peligrosas, mortales muchas veces. No los conocen, no tienen cartel o biografía en los grandes centros urbanos donde se desarrolla el ritual máximo: “el tinto” de la mañana; el tintico para el descanso; ese otro que va después del almuerzo o la cena o antes de la almohada y el sueño. El complemento del cigarrillo. El que “ahuma” y ahonda la charla de la cafetería o el bar. Con el tinto se resuelven los problemas políticos y sociales del país. Tomando tinto somos técnicos de fútbol, expertos en literatura, en medicina homeopática, en ingeniería. La visita de un amigo, la parentela, la familia se recibe con un tinto. La primera invitación a la chica que nos desvela es con un tinto. Todos los negocios se inician con un tinto. Las disputas se dirimen con un tinto… En fin que los lugares de expendio y de charla deberían llamarse “tinterías” para hacer el máximo y necesario honor al tintiadero caldense, También se ignoran, y los descubre el profesor Ramos Marín, otros aspectos complementarios: los vidrios, los plásticos, las resistencias, los filtros para las cafeteras –tinteras se diría– amén de los costales de embalaje; los papeles y cartones de los empaques; los yipaos del transporte; los atuendos del campesino… Y la música de tiples y guitarras que endulzan los descansos, las historietas de guapezas y de novias antiguas conquistadas por el poder de la palabra o el pedido del novio que se cree dueño de la niña más linda del rancho. Y todo con la taza o el pocillo en la mano. En fin, que, en este paseo por la finca cafetera, Gerardo nos conduce de la mano por ese mundo inquietante y maravilloso de los Olvidados del Café.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

¿Piscinazo o qué?

Mi barco zarpó

- Advertisement -