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sábado, junio 22, 2024

Las algas del insomnio

Gustavo Colorado grisales

Escucho por en?sima vez en la voz de Gardel el poema de Pascual Contursi y Samuel Castriota titulado Mi noche triste:

La guitarra en el ropero

Todav?a est? colgada,

Nadie en ella canta

Ni hace sus cuerdas vibrar,

Y? la l?mpara del cuarto

Tambi?n tu ausencia? ha sentido,

Porque la luz no ha querido

Mi noche triste alumbrar

Pienso entonces qu? seráa de la gran literatura? y del cancionero popular sin la maldici?n? del insomnio, ese trasegar entre algas por las profundidades abisales de un mar transido y contrito que es el propio? coraz?n.

De Marcel Proust? y Heimito von Doderer? a Agust?n Lara y Alfredo Lepera, la deuda es enorme con ese? meridiano temible y devastador en el que los poderes? sanadores del sue?o nos abandonan.

Sobre todo en esa tierra de nadie marcada por las tres de la? madrugada,? cuando la noche todav?a no acaba y el d?a no empieza a? llegar.

Frente? a tamaño naufragio solo queda echar mano de las palabras escritas o cantadas ? en el intento de llegar a la otra orilla.

Para muestra,? Francis Scott Fitzgerald, frecuentador de abismos signados por la locura y el alcohol, solt? esta joya en una? entrevista concedida a Michel Mok y publicada en? The New York Post el 25 de diciembre de ? 1936:

?Hoy en d?a, el recurso habitual para alguien que est? hundido es pensar en aquellos que est?n en la indigencia o sufren padecimientos f?sicos. Tiene? una acci?n bals?mica contra la melancol?a en general y es un consejo razonablemente saludable para cualquiera en el transcurrir del d?a, pero a las tres de la madrugada la cura no sirve de nada. Y en una noche realmente oscura del alma son siempre las tres de la madrugada?.

Eso lo saben muy bien? The Moody Blues cuando cantan:

Nights in White satin

Never reaching the end

Letters I?ve Writen

Never meaning to send

Y la gran Patti Smith los apuntala susurrando:

Because the night

Belong to lovers

Because the night belongs to us

Pero la noche no solo pertenece? a los amantes. Su reino es ante todo el de los orilleros, el de los marginados y despojados que van y vienen por las calles en busca de alguna forma de redenci?n.

Esa redenci?n cobra rostros tan impredecibles como los invocados? por Frank Sinatra con esa forma suya de hablar siempre en aforismos:

?Estoy a favor de cualquier cosa que nos ayude a sobrevivir en la siguiente noche, ya sea una plegaria, tranquilizantes o una botella de Jack Daniel?s?.

El viejo Sinatra se empecinaba en negar que existen honduras a las que no llegan ni esos consuelos.

Sucede que, de noche, tratamos de ser el otro o los otros: lo que la cultura no puede domesticar. Por eso a menudo el furor del instinto nos impide dormir y nos arroja de bruces al v?rtice mismo de la negrura.

Poetas como Baudelaire, Villon y Rimbaud, iluminados por la luz negra de la lucidez, lo supieron y por eso apuraron hasta las heces el c?liz del insomnio.

Al regreso de su viaje nos dejaron versos como este del autor de Las Flores del mal:

Bendici?n

Cuando, por un decreto de las potencias supremas,

El poeta aparece en este mundo hastiado,

Su madre espantada y llena? de blasfemias

Crispa sus pu?os hacia Dios, que de ella se apiada:

? Ah, no haber parido todo un nido de v?boras, antes que amamantar esta irrisi?n!

?Maldita sea la noche? de placeres ef?meros

En que mi vientre concibi? mi expiaci?n!?

Ese viejo poeta de las tinieblas conoc?a al dedillo los meandros del infierno. Y sab?a, como Dante, que el insomnio es uno de sus afluentes más? caudalosos.

La gran Marilyn Monroe, nacida Norma Jean? Baker y doctorada en somn?feros a fuerza de honestidad, le respondi? una vez a Georges Belmont en una entrevista para Marie- Claire en octubre de 1960:

?La gente tiene mucha gracia. Te preguntan algo y si respondes con franqueza se escandalizan. Alguien me pregunt? una vez: ? ?Qu? se pone para dormir? ?La chaqueta del pijama? ?El pantal?n? ?Un camis?n??. Y yo respond?: ?Chanel n?mero 5?. Era cierto. No quer?a decir ?duermo desnuda?., ya me comprende, pero ?sa era la verdad.

Semejante intromisi?n? es suficiente motivo para perder el sue?o.

Intento desandar el camino desde? la sima y me doy de narices con mis propios versos:

(?) el pozo sin fondo

Las algas del insomnio,

El canto de sirenas

Que alguna vez confund? con el futuro.

Entonces apelo a un poeta de la luz mediterr?nea como Serrat y el tipo me descuelga estos acordes:

(?) y por fr?a que? fuera mi noche triste

No ech? al fuego

Ni uno s?lo

De los? besos que me diste

No importa que en el catal?n aliente siempre un destello de esperanza: la noche triste con su caravana de segundos interminables aparecer? por un lado o por el otro.

De ese material est? hecha buena parte de la gran literatura.

La de ahora y la de siempre.

http://miblog-acido.blogspot.com/

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