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martes, febrero 7, 2023

La narrativa de Óscar Aguirre Gómez

Santiago Amauta

(Especial Las Artes)

A raíz de la reciente publicación del libro de cuentos “Visiones fugitivas”, del escritor Óscar Aguirre Gómez, quiero traer a colación un rápido recorrido por la narrativa de este autor. En el año 1996, publicó su primer libro, un libro de cuentos: “Vértigo”, gracias al Fondo Mixto para la Cultura y las Artes de Risaralda. Dice Aguirre Gómez que parte del material que empleó como texto, “fueron algunos capítulos de una novela que nunca terminé”. En efecto, desde hacía “muchos años” había abandonado unos escritos, que reposaban bajo su cama, en una caja de cartón, y de los cuales algunos fueron rescatados del olvido en las páginas de “Vértigo”, convertidos en cuentos. “Realmente no he escrito nunca una novela, ni me atrevo: le tengo respeto a la novela y sé que no haré una”. No obstante, el autor manifiesta que “Visiones fugitivas” puede leerse como una novela. “Por primera vez, en el año 2019, me senté a escribir un libro de cuentos; es decir, con una unidad temática y que se relacionan entre sí. El mero título de la obra es muy diciente. Se trata de encuentros imaginarios con personajes de la historia y otros ficticios, que surgen repentinamente y así mismo se esfuman. Su secuencia permite asimilarlos como una novela”.

Volviendo a la primera obra narrativa de Óscar, “Vértigo”, de ella dijo el escritor Germán Santamaría: “Se encuentra aquí un libro de relatos donde lo lírico se confronta con lo esotérico. La definición poética del lenguaje, la visión onírica o metafísica del mundo, se sobrepone a la esencia misma de la anécdota afrontada. Su autor, sin duda, tiene conocimientos avezados de la literatura intimista y subjetiva y por ello su fabulación se proyecta más en lo sub-real que en la misma realidad que aborda de manera tangencial”. Agrega Santamaría unas palabras que definen no sólo este primer libro, sino la narrativa en general de Aguirre Gómez: “No es un libro fácil ni directo y su apreciación exige un lector informado y perseverante”.

Al año siguiente, Óscar publicó su segundo libro de cuentos, “El viejo baúl”, obra ganadora del concurso Colección Escritores de Risaralda, 1997. En este libro se observa una de las características del autor: lo fantástico llevado a su expresión escrita, a través de temas inverosímiles. De él dijo Jorge Echeverri Botero, uno de los jurados: “Su lenguaje se nos antoja a veces un poco sofisticado, falto de originalidad. Pero su erudición confiere buena dosis de amenidad e interés a los relatos, libres de lugares comunes y de banalidades”. Por su parte Héctor escobar Gutiérrez, otro de los jurados, expresó: “… las calidades estéticas, culturales y universales del autor, se hacen tangibles y sostenidas dentro de su ‘viejo baúl’, título por demás sugerente, si se tiene en cuenta que nuestro inconsciente es algo así como un primitivo arcón en el cual superviven los mitos, las leyendas y las aspiraciones de una mente cósmica que busca elevarnos como humanos hacia un plano más alto de la conciencia y de la materia”. Aquí sobresalen cuentos como “Esperando a Borges”, “El hombre invisible” y “Visitante estelar”, de una factura en las que resaltan la visión particular que su autor tiene sobre el tiempo, el espacio y lo sueños.

Pasaron seis años para que Óscar publicara, en 2003, su tercer libro de cuentos, “Esplendor y vacío”, esta vez —como lo ha hecho desde entonces— por su propio esfuerzo y cuenta. Fiel a su estilo, un tanto difícil, sin imitar a nadie —y sin que nadie lo haya imitado hasta ahora, quizá por no haber captado su esencia—, se encuentran aquí cuentos singulares, como “Esfinge sin tiempo”, “Vórtice” y “Disonancias”, donde acudimos a la confrontación de raras situaciones. “Apogeo. Vacuidad —anota Aguirre Gómez, a modo de prólogo, en ‘Esplendor y vacío’—. Espacio sin tiempo. Seres que se cruzan sin verse: escenarios insólitos y ausencia de trama. Relato dentro del relato. Círculo fatal. La extraña dimensión de personajes en busca de un lector que “ordene” sus pasos. Eso es ‘Esplendor y vacío’. Encuentros con el otro yo que reside en nosotros: esa esencia permanente que desconocemos y de la cual somos fugaz imagen”. Agrega Óscar que cuando contemplamos algunos cuadros de El Greco o un dibujo de Paul Klee, como “Huyendo de uno mismo”, “descubrimos al otro yo que mora en nosotros y que pugna por ‘ser’, aunque solo lo logra en una dimensión onírica”. En términos amplios, el autor pareciera decirnos que los argumentos narrativos que conforman sus libros son a la manera de sombras que nos acompañan, se desprenden de nosotros y se alejan… para retornar en otra dimensión más sutil, pero cuya égida nos domina, querámoslo o no. “El lector —dice él— entra sutilmente en una dimensión ligera que lo atrapa, sin embargo: en cierto momento ya no le es posible salir de ella. Mas no hay un desenlace formal. Solo asomo a una nueva expectativa, de acuerdo a una música —laberinto sonoro— que sirve de guía”.

El cuarto libro narrativo de nuestro prosista es “Verde Luna”, publicado en 2015. Sigue la línea fantástica de sus predecesores. Lo encabeza un bello relato que da el nombre al libro. Su argumento tiene que ver con un personaje que es un escritor ciego y se enamora de una actriz que, estando siempre a su lado, se halla como ausente, porque “actúa” en otros escenarios. “El hombre, que no ve en el mundo físico, es un vidente en el reino de las sombras”, dice Óscar. Solo la “ve” en sueños y en ellos edifica una relación más sólida que la real, la cual termina en un ambiente ambiguo.

El quinto libro de cuentos es “Visiones fugitivas”, publicado este año y cuya bella portada es una acuarela de la artista María Teresa Gutiérrez. Pero antes de hablar de esta obra, quiero referirme a dos libros, que el autor publicó en 2019. El primero, se trata de una selección que el escritor hizo de sus propios cuentos, obra titulada “Antología de cuentos”. Vale la pena resaltar algunas palabras de Jorge Emilio Sierra en su prólogo a la antología, que tituló “Los cuentos de un intelectual”: “Sus cuentos, en ocasiones, parecen ensayos literarios, reflexiones filosóficas en torno a la vida misma o relatos que se mezclan incluso con poemas, con textos en verso, o se tornan en bella prosa poética (…) como nuestro autor es un intelectual cuyos cuentos poseen también ese carácter, entre él y su obra hay una simbiosis, de modo tal que sus amigos (intelectuales, obvio) lo vemos encarnado en varios de sus personajes, si no en todos, como si fueran sus propias confesiones o, en definitiva, el libro fuera, al menos en parte, autobiográfico. Y dado que algunos relatos van en primera persona, hay motivos suficientes para pensar que nuestras sospechas sean válidas, aunque el escritor, con pleno derecho, acaso lo niegue (…) Acá… la imaginación alza vuelo, con total libertad; los argumentos son originales, haciendo creíble lo extraño, lo misterioso, lo absurdo; abundan las máximas filosóficas, dignas de figurar en otra antología del género, y hay piezas que los grandes maestros, desde Poe hasta Borges, repasarían con gusto, dándoles su aprobación”. Creo que habría poco que agregar a las palabras del maestro, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua. Simultáneamente con la antología, salió un segundo libro: “Otros cuentos”. Éste reúne los restantes cuentos —hasta ese momento— de Aguirre Gómez. O sea que se cumplió así un sueño del escritor: publicar sus cuentos completos. Todo ello se debió a circunstancias del destino y al apoyo tanto de un hermano suyo, como al de algunos amigos, como siempre… Como algo curioso, quiero resaltar de “Otros cuentos”, el titulado “La clase de ética”, en donde tiene lugar un diálogo entre los dos protagonistas, el primero de los cuales “cuenta” a su interlocutor el argumento de varias historias, que son a la vez argumentos de varios cuentos del mismo escritor. Otra mención que debo hacer, es que en estos dos libros hay tres cuentos sobre Mozart. Que yo sepa, Óscar es el único autor, por estos lados, que ha escrito tres cuentos encantadores que revelan su conocimiento sobre el genio de Salzburgo.

Si pudiera sugerir un libro de Aguirre Gómez —todos tienen su encanto— ese sería, naturalmente, “Visiones fugitivas, que es el más reciente. Pero recomendaría, igualmente, la “Antología de cuentos”, de 2019, hecha por él mismo y que resume la esencia de su narrativa. En el prólogo de “Visiones fugitivas”, dice Diego Firmiano: “… este libro nos devela el secreto de la creación del autor, pues al entrar en sus páginas compartimos, por un lado, sus horas, meditaciones, composiciones, y también, su gozo e inspiración; y por el otro, la embriaguez de sus ideas y la lucidez extrema de su compromiso con la letra. Resultando en que, así como cada hombre es único, cada libro también lleva la marca de lo singular, y por ello ‘Visiones fugitivas’ no podría (ni puede) ser, en ninguna forma, la excepción, porque la lectura no es para los lectores profesionales sino para todo aquel que busque un camino diferente, ya que esta actividad es una llamada, una promesa, tal vez no de felicidad, pero sí de descubrimiento y sorpresa intelectual. Este libro tiene eso y más”.

Para conocer a un autor diferente en mucho, como el que nos ocupa, que se aparta de lo convencional sin ser irreverente, que muestra otros caminos en la narrativa que implican —¿por qué no?— el ensayo, la poesía y hasta la novela en algunos de sus cuentos, invito a leer o a releer sus historias.

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