La aventura de los libros/Mauricio Ramírez Gómez

La importancia del papel

En el libro La Aparición del Libro, de Lucien Febvre y Henri –Jean Martin, los autores señalan cómo en la Edad Media, con la aparición de la imprenta, hubo todavía un periodo en el que se discutió sobre la superficie en la cual era mejor imprimir. Para entonces, las técnicas para la fabricación de pergaminos permitían contar con algunos de flexibilidad y finura extremas, más delgados incluso que el papel contemporáneo. Sin embargo, el menor precio y la posibilidad de producirlo en grandes cantidades, convirtieron al papel en la superficie preferida, lo que a su vez permitió minimizar costos de producción, crear una industria y democratizar el libro. Este dato invita a pensar no solo en la importancia del papel en la democratización de la lectura, sino en los medios a través de los cuales se extendió su uso por todo el mundo.

En el caso concreto de Pereira, la llegada del papel debió constituir un acontecimiento comercial, pues su demanda debió suponer no solo la existencia de una ‘élite’ letrada, sino el interés de esta por el uso en la propagación de ideas, por medio de los periódicos, o en la publicidad, gracias a la impresión de volantes, carteles y tarjetas de presentación. Supuso, así mismo, la necesidad de formar personas especializadas en la producción de estos elementos. En los primeros años posteriores a la fundación debió existir una demanda de papel en las oficinas públicas, pero sin duda menor a la suscitada con motivo de la llegada de las imprentas, a partir de 1904.

Los primeros lotes de papel llegaron a lomo de mula, pues el primer vehículo rodó por las calles de Pereira en 1914 y el ferrocarril arribó en 1921. Debían ser extremos los cuidados a la hora de transportarlos, envueltos en pieles o baúles encerados, pues para la época tampoco era extendido el uso del plástico. Todo eso hace pensar en que a comienzos del siglo XX la utilización del papel era un lujo, como seguramente eran también los libros.

A menudo se tiende a pensar que la producción de libros solo depende del talento del escritor, pero se olvida que para reproducir una obra cualquiera es necesario el desarrollo de una infraestructura y la existencia de unos productos que como la tinta y el papel, permitan la multiplicación de esa obra. Aún ahora, la creación de varias copias de un libro inédito exige una persona con capital económico, dispuesta a pagar; la existencia de una imprenta con el personal idóneo capaz de elaborar esas copias; insumos como el papel y la tinta y luego, la cadena de distribución que hace que ese objeto de consumo, el libro, se ponga al alcance de las manos de sus consumidores. Se obvia el papel del editor.

Todo lo anterior obliga a pensar en que lo que se denomina como la literatura propia de un territorio está mediado por la posibilidad de reproducir sus obras que tienen los escritores. Se circunscribe a las copias multiplicadas y a aquellas que pasados los años todavía pueden leerse, porque sobrevivieron al agua, al fuego y a la desidia.

Muchos hombres y mujeres en Pereira, durante la primera mitad del siglo XX, se aventuraron a plasmar sus testimonios, imaginaciones y opiniones en el papel, sin que de ellos quedara más que un puñado de palabras dispersas en periódicos y revistas. Esas únicas copias inéditas han ido ‘naufragando’ en el olvido ante nuestros ojos. Pocos eran los escritores que tenían cómo pagar la impresión de un libro, pues aquello implicaba prácticamente alquilar una imprenta exclusivamente para ese fin durante un tiempo determinado, pues eran pocas las máquinas y el método de impresión era mecánico o manual. Y si lograron imprimir libros, su circulación dependió del empeño del propio autor, no de un agente comercial que lo asumiera como un objeto de comercio, que es lo que al fin de cuentas es también un libro.

Mientras tanto, seguimos pensando que si los nombres de los escritores del pasado no sobrevivieron fue exclusivamente debido a su falta de talento. Cabe la posibilidad. Sin embargo también es posible que sea debido a la dificultad para convertirse en autores, es decir a la ausencia de una infraestructura y un entorno comercial propicio (productores-consumidores) para la circulación del libro. No hay editoriales donde no hay mercado, como no hay producción de ningún objeto donde no exista demanda. Todavía puede decirse que ninguna literatura existe sin la reproducción masiva de sus autores en papel.

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