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lunes, enero 30, 2023

La aventura de los libros, Los Diarios de Eduardo López Jaramillo

Mauricio Ramírez Gómez

El 12 de marzo de 2023 se conmemorarán veinte años del fallecimiento del escritor pereirano Eduardo López Jaramillo, autor de una obra compuesta por los libros “Lógicas y otros poemas”(poesía, 1979), “Los papeles de Dédalo”(cuento, 1982), Poemas Canónicos de Constantin Cavafys (traducción, 1985), “Hay en tus ojos realidad”(poesía, 1987), “Poemas de amor del antiguo Egipto”(traducción, 1989), “El ojo y la clepsidra”(ensayo, 1995), “Memorias de la Casa de Sade”(novela, 2002) y póstumamente, “Noche de cada noche”(poesía, 2014), “Cuando escuches de grandes amores”(ensayo, 2015) y “Glosas de ver pasar”(ensayo, 2017). Como presidente de la Sociedad de Amigos del Arte impulsó proyectos culturales que dejaron honda huella en la cultura pereirana, al igual que otras iniciativas de las cuales formó parte con otros intelectuales pereiranos como Julián Serna, Héctor Escobar, Hugo López y Liliana Herrera.

Salvo los trabajos académicos, inéditos, de Abelardo Gómez, Cristian Calderón y Giovanny Gómez, no se ha emprendido una valoración de la obra y el impacto de la gestión cultural de López Jaramillo.

Entre el material inédito de este importante autor pereirano se encuentran su Diario, que contiene reflexiones sobre su vida, su obra y algunos acontecimientos de la cotidianidad, escritas con el propósito de seguir de cerca la evolución de sus ideas y mantener un ritmo permanente de escritura.

Compartimos con ustedes unos breves fragmentos del Diario de Eduardo López Jaramillo, que invitan a pensar la relación entre el ejercicio creativo y la gestión cultural en la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 DE ENERO DE 1979

Siento afirmarse desde ahora en mí una goethiana pasión por la naturaleza, que deberé encauzar hacia el conocimiento. Algo así como una expedición entre la geografía, las costumbres y la singularidad de este país.

La necesidad de proyección externa adquiere cada vez mayor sentido. Se trata de incidir positivamente en cada uno de los centros de acción que puedo identificar con claridad, y que los resultados de ese esfuerzo proyecten una cuidada imagen del individuo.

Ganar el tiempo.

12 DE ENERO DE 1979

He creído percibir un rasgo característico en la psicología de este pueblo (Pereira) y es la casi innata capacidad de burla, de escarnio. Oralmente, de manera artificiosamente impersonal, las gentes profieren comentarios que vienen a complementar la situación vivida con una cierta dimensión audible solamente para los buenos entendedores.

Nadie reconoce en otro ningún mérito en tanto puede negárselo.

28 DE ABRIL DE 1986

Por fin apareció la revista Pereira Cultural No 5, en la cual vuelvo a reproducir mi viejo trabajo “Introducción a Sade”, y el pasado jueves di por terminado el curso sobre arte clásico en el barrio providencia, cuyas once lecciones completaron cerca de setenta personas. Huellas de mi actividad despierta que, como tantas otras a lo largo de estos últimos trece años, han vuelto a enraizarme en la realidad de mi provincia  y a crearme algún prestigio a nivel nacional. “No me arrepiento de ello –escribe Italo Calvino-: todo lo que sirve al conjunto de la comunidad civil es energía bien gastada”. Por supuesto que el medio es intelectualmente estrecho y tampoco han faltado las críticas, ni faltarán. No he podido menos que manifestar, dentro de un propósito de modestia fundamental, todo aquello que proviene de mi formación y que ha terminado conformando mi personalidad. Sin embargo, Luis Fernando Mejía, con quien he compartido tantos momentos de amistad, resumió el otro día en una conversación –tal vez improvisadamente-, lo esencial de esas críticas. Sostenía él que todo mi trabajo y mi creación están desligadas de esta dulce comarca y de los ideales de sus gentes: mi educación en primer lugar, realizada en Europa y en los Estados Unidos; los mismos libros que he producido, en verso y en prosa, que no describen casi esta realidad todavía campesina y sin mayor cultura literaria o artística. Como él mismo piensan también muchos otros, a quienes me complace dejar para su realización esas labores que no han transparentado mis obras. Seguiré hablando de los griegos o del siglo 20 con un criterio ecuménico y no quiero proponerme escribir con un criterio provinciano y limitado. Una cosa es vivir en esta aldea de los Andes, tan alejado de la gran creatividad contemporánea, adonde no llegan casi libros y prácticamente nada de música y cuyas motivaciones culturales –porque hoy en día ya existen- me parece haber superado desde mi adolescencia. Y otra cosa sería resignarme a esta sabrosa pérdida de tiempo de que hacen gala mis coterráneos, con un donaire epicúreo todavía un poco bárbaro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Confieso que esta misma meditación sobre la provincia colombiana me ha producido en ocasiones no poca desolación íntima.

1 DE JUNIO DE 1986

Hay que esforzarse por interiorizar este proverbio (“ni eres más porque te alaben, ni menos porque te vituperen”) a la manera de un imperativo categórico, cultivar una cierta conciencia de sí mismo que permita conservar la serenidad. Y confiar siempre en la honestidad con la cual uno hace su trabajo. Me llama la atención la cantidad de enemigos que uno se cara en el momento de empezar a figurar en un determinado campo. Y el esfuerzo que va a significar la permanencia de un nombre de escritor. Vale decir, la necesidad de imponerse un “oficio”. Caminar dignamente entre el incienso y los ladridos.

Muy conveniente ha sido este intento de recuperar el trabajo creativo, al cual ojalá pudiera dedicar la totalidad del tiempo.

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