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lunes, julio 4, 2022

Jairo Osorio por tierras de Portugal y Espa?a

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Alfredo P?rez Alencart*

Jairo Osorio Gómez es un rom?ntico empedernido. Lo era en la primavera de 1996, cuando sali? de su Colombia natal para recorrer Lusitania y parte de Espa?a, cumpliendo as? un anhelo que manten?a por lustros. Lo ha sido despu?s, cuando vivi? algo apartado en el departamento de Quind?o. Lo es hoy por Antioquia, consolidada su prosa de cronista y narrador; también su arte fotogr?fico y su pasi?n por editar libros de calidad.

 

Pero volvamos al principio, al periplo de este viajero colombiano por tierras de Portugal y Espa?a. Resulta que hace unas semanas le?, con delectaci?n, las cr?nicas que, a modo de diario, escribi? Osorio, acopi?ndolas en una bella arca llamada ?Los d?as de Lisboa y otros lugares? (2015, tercera edici?n).

 

La edici?n que tengo en propiedad me fue obsequiada por Juan Mares, un poeta colombiano cuya obra aprecio en grado sumo: ?l vino a Salamanca el mes de octubre, para participar en el XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos y, como muestra de su pensar también en la escritura de los demás, me trajo un par de libros de ese ?escribano de provincias? con marcada vocaci?n de peregrino.

 

?Qu? decir del libro en tan breve espacio? Que es un magn?fico entra?amiento con Portugal, con sus paisajes y paisanajes, cultura, historia, gastronom?a, sociolog?a, psicolog?a? Y todo desde el amor y el respeto, desde la necesidad de saber más de ellos, de deambular por sus viejas calles, de subir a sus castillos, de escuchar en la propia tierra esos fados que siempre lo han acompa?ado, de degustar sus vinos, de abrazar al alma del poeta de los muchos nombres, de honrar al pintor Brand?o? Y claro, Lisboa, Nazar?, Coimbra, M?rtola, Aveiro, Porto, Guimar?es, F?tima? Intenso y sentido periplo el suyo por la tierra de nuestro Pessoa.

 

Tras la lectura de sus cr?nicas por suelo lusitano, s? quiero de dejar constancia de su maestr?a en esta ofrenda o mirada otra (radiograf?a) sobre mis queridos portugueses.

 

?Y Espa?a? La tiene muy dentro, comenzando por Huelva, donde realiz? estudios de Maestr?a en Historia. Pero esa es otra historia.

 

II.

Viajar, no como un turista? más, formando parte de la marabunta que invade las ciudades y pueblos más atractivos, sino como uno de esos admirados viajeros rom?nticos que, lentamente, todo lo captaban o albergaban en su memoria y anotaban en sus diarios; viajar amando aquello que est? por ?descubrirse?. De ese linaje es el colombiano Jairo Osorio Gómez, un rom?ntico empedernido, como ya resalt?.

 

Portugal y Espa?a concentran el zumo de sus vivencias por Iberia. Espa?a forma parte de sus querencias y nostalgias, como cuando nada más llegar a Madrid, el 3 de abril de 1996, sale con G. en busca del hostal del viejo Madrid que lo alberg? en 1976. Infructuosa b?squeda, pero se consuela: ?La Plaza Mayor sigue id?ntica en mi nostalgia?.

 

Y luego empieza su periplo hacia Andaluc?a, haciendo escala en media llanura de Castilla La Mancha, para ?departirá con sus amigos Cervantes y Don Quijote. Luego Sevilla en plena Semana Santa, M?laga, Granada (una y otra vez: mirando La Alhambra desde el Albaic?n), Madrid (una y otra vez: ?Empiezo a familiarizarme con Madrid como si fuera una moza conocida: el vientre sol?cito para el desamparo del viajero?) y Barcelona son los lugares de Espa?a donde este peregrino puso la mirada y el coraz?n. Tambi?n Huelva que, aunque años despu?s (2000), lo tuvo y retuvo un oto?o. La cr?nica de esa estancia (?Huelva, muchacha?), va en el libro como un ap?ndice del viaje por Iberia.

 

Me permito citar un fragmento de su diario-cr?nica dedicado a C?rdoba: ?C?rdoba entera huele a azahar. La flor de los na-ranjos impregna el alma. Hincha. Es un aroma que ya jamás se ir? de la memoria, de mi memoria. Por ?l volver?a uno a la ciudad que gobernaron los Cali-fas, porque sabe al amor, que es lo que busca siem-pre el caminante. Perdido en una noche oscura de primavera, cualquiera encontrar?a a C?rdoba por su fragancia. El patio de la mezquita, las callejas de la juder?a, las terrazas de los restaurantes, las plazuelas interio-res, todo huele a azahar por esta ?poca. ?talo Calvino debi? haber descrito una ciudad as?. Yo, que me cri? en una casa vieja, con solar y naranjos, apenas descu-bro ahora este efluvio m?gico que embriaga. Tard?o, pero siquiera. Al-azh?r, flores blancas. Palabra ?rabe, no puede ser otro su origen, de lo bella. S?neca El Ret?rico, su hijo S?neca, Maim?nides, Averroes, son cordobeses. Algo de este b?lsamo de-bi? tocarlos??.

 

Jairo Osorio Gómez es un rom?ntico empedernido, lo digo por tercera vez. No otra conclusi?n podemos sacar, m?xime si ?l mismo, parafraseando a Marguerite Duras, finaliza su libro con esta frase: ?El viaje fue otra instancia del amor. Cada d?a quise olvidar que yo amaba a la amante. Negarlo. Era todo. Pero??.

 

Por ah?, por Medell?n, anda Jairo tramando alg?n periplo tras los pasos y lugares donde se afinc? San Juan de la Cruz, el más excelso poeta en lengua castellana.

* Poeta y profesor de la Universidad de Salamanca

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