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martes, febrero 7, 2023

Ibagué Festival: la brisa del mar rodeada de montañas

Del 15 al 18 de septiembre se celebró la tercera edición. Cuatro días de conciertos, charlas, gastronomía, clases magistrales y demás actividades llamadas por un motivo en común: hacer un recorrido desde un extremo a otro, por las músicas del país, esta vez desde Nariño hasta San Andrés y Providencia, protagonistas de esta versión.

Érika Becerra

La inauguración fue doble: nunca antes se había realizado un concierto en el recién reformado Panóptico de Ibagué que fue escenario de partida para esta nueva versión del Ibagué Festival. Bajo una noche repleta de personas de todas las edades que atendieron al llamado de la costa y la frontera. Raizal Crew dio la bienvenida a ritmo del calipso, la mazurca, el compahitiano y la soca, géneros tradicionales de las islas Antillas que llegaron a la América Insular hace siglos desde África y Europa. Con guitarra, mandolina, batería y otros instrumentos más curiosos como la quijada y el tináfono, fueron los encargados de traer la brisa del Caribe hasta la cordillera central.
A esta marea sanandresana le siguió Elkin Robinson, de la isla de Providencia, con canciones dedicadas a la vida, a los rayos del sol, a la vida cotidiana de la isla y los chistes que hay alrededor de un plato de comida. Todas cantadas en creole o inglés criollo, lengua propia que combate contra el tiempo y que artistas como Elkin Robinson se aventuran a preservar. Este folk caribeño que recuerda la marea, los botes llenos de amigos y los atardeceres difuminados de azul, son el principal referente de la música que se está creando desde Vieja Providencia.

Segundo bloque
El segundo bloque del concierto puso a zapatear al público que respondió al sonido del son sureño y al Pacífico nariñense. “Fuerza, fuerza”, cantó el público a coro con Apalau, que entre tiple, ronroco, contrabajo y zampoñas transformó el escenario en carnaval. Recorrida ya la cordillera de los Andes sonorizada por el perfecto equilibrio entre lo académico y lo popular, la leyenda y el festejo y hasta el jazz y el metal traído desde Pasto, el camino de nuevo encontró el mar, esta vez con el Pacifican beat acuñado por Bejuco. Salsa choke y rap se toparon con los sonidos tradicionales de la marimba para cerrar la primera noche agitando el pañuelo blanco -aunque fuese imaginario-. Moviendo las caderas, cantando las canciones que hablan del legado africano, del campesino y sus herramientas, del agua y del arrullo enmarcado por paisajes de arena grisácea y aguas espumosas.

Casi la totalidad de los integrantes de estas agrupaciones son músicos tradicionales que recogen los sonidos ancestrales de sus tierras, casi agonizantes, para rescatarlos, difundirlos y abrirles nuevos rumbos. Como el festival, estos sonidos se están encontrando y cruzando fronteras constantemente. Fusionan el jazz, el folk, el rock, la cumbia, los beats electrónicos y hasta la salsa. Como parte de los intercambios musicales que se realizaron en el festival, una mañana los grupos Raizal Crew y Bejuco se juntaron para intercambiar y explorar los sonidos del otro. En los instrumentos de Bejuco y con la fuerza de la marimba se escuchó un calypso. Con el sonido inconfundible de la quijada Raizar Crew interpretó un bunde. Alfonso Acosta, director de la banda sanandresana, nunca había visto en persona ni tan de cerca una marimba “estoy maravillado con este instrumento” dijo al público, que también lo estaba.

La ciudad
Pasar de un escenario a otro no fue sólo para los asistentes, que recorrimos la ciudad en busca del próximo conversatorio, tras una clase magistral, antojados por una exquisita receta de los chefs invitados para A cuatro manos, visitando las artesanías Orígenes de mi Tolima y por supuesto, para escuchar cada concierto. En el auditorio mayor de la Universidad del Tolima la agrupación pastusa Apalau compartió escenario con Beo string quartet, un cuarteto poco común influenciado por el rock y la música cinematográfica, cuyas composiciones propias son un vaivén de ritmos cortantes y fluidos. En el mismo lugar la Filarmónica de música colombiana presentó un recorrido andino con pasillos, bambucos y guabina, abriéndole paso después a los diez integrantes de Bejuco.
Desde la segunda versión del festival el municipio de Villa Restrepo, conocido por ser ruta de ciclistas y sus atractivos naturales como el Cañón del Combeima y el paso hacia el nevado, ha sido un destino importante en la ruta. Enmarcados por la cima pálida del nevado del Tolima y el verde frondoso de las montañas los ritmos isleños protagonizaron la velada. Empezando con la cuota local, Paula Mulford hizo un recorrido por las músicas latinoamericanas desde el Perú hasta Brasil. Joa Tovar ft Ibagué soul Pijao cantaron historias de salidas nocturnas con amigos, polas y paraderos inesperados en medio de la ciudad, fusionadas con rock y funk. Las guitarras suaves y alegres de Raizal Crew y Elkin Robinson acompañaron el ocaso.

Las músicas que somos, el eslogan del festival, esta vez decidió recorrer lo más importante: juntar, dos fronteras y extremos que de otra forma no habría sido esperado. Durante cuatro días sucedieron encuentros inesperados que nos recuerdan una vez más, que cuando de música se trata todas las formas son posibles, pues no hay manera de que sólo una nos identifique. Somos tan Pacífico como Caribe, tan Andes como Orinoco, tan Llanos como Amazonas. Los festivales además de citarnos para el disfrute y la gozadera, son espacios que posibilitan la difusión de las músicas que todos los días se están creando, y su escucha en escenarios nuevos con un público distinto que le abre las puertas. Desde ya esperamos con emoción lo que vendrá el próximo año, con la expectativa de que podrá ser cualquier rincón de Colombia.
IG: @voyag_er. Contenido en alianza con la plataforma de contenidos musicales Noveno Piso @9novenopiso

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