Hipatia, la m?rtir de Alejandr?a


Gonzalo Hugo Vallejo Arcila

Hipatia de Alejandr?a fue la más importante cient?fica y fil?sofa de la Antig?edad. Vivi? cuando el Cristianismo era la religi?n oficial del imperio y persegu?a las tradiciones ?paganas? que subyac?an en el convulsionado mundo pol?tico y social de los siglos IV y V. Su vida testimonial y, sobre todo, su cruel linchamiento a manos de una horda de monjes enfurecidos, la convirtieron en s?mbolo del paso a una nueva etapa que dejaba entrever la llegada del medievo. Alejandr?a por aquella ?poca segu?a siendo la gran metr?poli hel?nica de la cultura y las artes. En su Museo y su Biblioteca de la ?poca Ptolomeica se formaron generaciones de cient?ficos, literatos y fil?sofos. Desde el siglo III se desarroll? allí la escuela de Alejandr?a, nodriza de la filosof?a neoplat?nica bajo el influjo de Plotino.

 

Hipatia se sumergi? desde su más tierna infancia en este ambiente de estudio y discusi?n intelectual. Su padre, Te?n de Alejandr?a, conocido matem?tico y astr?nomo, dirig?a la Biblioteca del Serapeo, heredera de la gran tradici?n cient?fica alejandrina. Con ?l trabaj? en diversas obras, editando comentarios sobre Ptolomeo, Euclides y la Aritm?tica de Diofanto, y escribiendo, además, textos sobre astronom?a y geometr?a. No descuid? el mundo de las ciencias aplicadas. Invent?, por ejemplo, el hidr?metro, un instrumento para destilar agua y medir la densidad de los l?quidos. Tras superar a su padre en tales disciplinas, Hipatia volvi? su atenci?n a la filosof?a y viaj? a Atenas donde tuvo contacto con los refinados c?rculos neoplat?nicos.

 

A su regreso ocup? la c?tedra de filosof?a en la escuela de Alejandr?a. Desde allí ense?? las doctrinas de Plat?n y Arist?teles tanto a cristianos como a paganos. Hipatia orientaba su c?tedra y sus dial?gicas meditaciones en las calles de su ciudad, algo com?n en su ?poca. Ven?an de todas partes a escuchar a aquella bella mujer que, envuelta en un manto, iba ense?ando a su paso la filosof?a de Plat?n, Arist?teles y otros fil?sofos de la ?poca. No siendo cristiana, ni perteneciendo a ninguna comunidad religiosa, Hipatia admit?a a todos por igual. Pertenec?a al sector más racional y tolerante de su escuela filos?fica, ya que en aquel entonces y al interior de ellas, exist?a una gran rivalidad entre las escuelas neoplat?nicas de Atenas y Alejandr?a.

 

La primera se inclinaba hacia la te?rgia, dando especial importancia a la magia, al mito y a la superstici?n, mientras que la segunda se mantuvo aparentemente neutral más proclive a especulaciones de ?ndole racionalista. Sinesio, obispo de Cirene, fue disc?pulo suyo y habla de ella con fervor y admiraci?n en sus cartas, una de ellas muy conmovedora en la que, moribundo, pide a su maestra consejo y benevolencia. El historiador cristiano S?crates Escol?stico la considera la tercera cabeza de la historia del platonismo y Damascio le da el t?tulo de gran maestra. Modelo de sabidur?a, Hipatia era consultada por las autoridades de la ciudad en asuntos diversos. A su puerta acud?an nobles, artistas y pensadores que conformaron acaso el ?ltimo c?rculo acad?mico e intelectual del helenismo.

 

A finales del siglo IV, Alejandr?a distaba de ser un remanso de paz para la filosof?a y la ciencia. La ciudad, uno de los principales centros del cristianismo y un lugar estrat?gico en el juego de los intereses geopol?ticos de su ?poca desde el siglo II, estaba agitada por las pugnas por el poder entre diversos partidos y, en particular, por las disputas religiosas de los grupos cristianos. En ella vivieron eminentes te?logos tales como Clemente y Or?genes y la urbe cosmopolita fue la cabeza de toda la Iglesia egipcia. Defensores de la ortodoxia más radical, los cristianos alejandrinos mostraron una creciente hostilidad contra los vestigios de la cultura pagana desde los años 390 y 392, fecha en la cual el emperador Teodosio I decret? el fin de los cultos, or?culos y templos en los que se oficiaba la liturgia de la antigua religi?n romana. En 391, por instigaci?n del obispo Te?filo, el Serapeum de Alejandr?a, un monumental santuario dedicado a Serapis una deidad sincr?tica greco-egipcia, fue tomado por los cristianos y sus estatuas profanadas, mientras los paganos que hab?an intentado defenderlo, hu?an despavoridos y sus templos se convert?an en iglesias.

 

Pese a todo, Hipatia pudo proseguir sus ense?anzas filos?ficas hasta que, en 415, estallí una nueva crisis. En ese año, Cirilo que hab?a sucedido a su t?o Te?filo como obispo y patriarca de Alejandr?a y cabeza de la Iglesia egipcia, entr? en conflicto con el prefecto de la ciudad, Orestes. El motivo del choque fue un debate teol?gico sobre la naturaleza de Cristo. Frente a la tesis de una doble naturaleza, humana y divina, defendida por Tenorio, patriarca de Constantinopla, Cirilo y los alejandrinos sosten?an el monofisismo: Cristo tiene una sola naturaleza en la que predomina el elemento divino. Detr?s de la disputa estaba la voluntad de Cirilo de defender la autonom?a y los intereses de la Iglesia egipcia frente a la capital del Imperio de Oriente.

 

Los disturbios comenzaron cuando cientos de monjes del desierto, partidarios de Cirilo, acudieron a la ciudad y acorralaron al prefecto Orestes con todo su s?quito. Uno de ellos, Amonio, le arroj? una piedra a la cabeza, mientras los hombres de Orestes retroced?an temiendo una lapidaci?n masiva. Orestes comenz? a sangrar y sus soldados, finalmente, prendieron a Amonio, quien muri? torturado por decisi?n de un tribunal. Hipatia, considerada uno de los s?mbolos del conflicto suscitado entre paganos y cristianos y m?rtir de aquellos, ten?a alrededor de 45 años cuando muri? v?ctima de este fuego cruzado. Varios autores narran su muerte violenta, totalmente injustificada y ambiguamente explicada. Unos atribuyen su muerte a la envidia y el resentimiento.

 

Eran los sentimientos que aquella mujer despertaba en una sociedad machista, dogm?tica y antipagana como aquella en la que toc? vivir. A esto se agrega el prejuicioso celo cristiano puesto en la ense?anza de las matem?ticas y en sus maestros considerados como herejes (?Los matem?ticos deben ser destrozados por las bestias salvajes o quemados vivos?, era la consigna de la ?poca). Otros, encontraron en su independencia de criterio frente a dogmas incuestionables como era el de la consubstancialidad del Padre y el Hijo en la Trinidad, la leit motiv de tanta iracundia desatada. El hecho es que, seg?n cuenta S?crates Escol?stico, unos fan?ticos, parece ser, dirigidos por Cirilo, obispo de Alejandr?a, fueron los que orquestaron el cruel e infamante feminicidio.

 

La tiraron fuera del carro en el que iba, la arrastraron, desnudaron y lapidaron. Despu?s de descuartizarla miembro por miembro, reunieron las partes del cad?ver y las llevaron a un lugar llamado Cinaron para que las consumiera el fuego. La curia de Alejandr?a se quej? p?blicamente del cruel obispo y su grupo de choque y el emperador Teodosio II, estando en Constantinopla, envi? a enterarse del asunto a un tal Edesio, quien finalmente sobornado, exculp? a los autores. Su tr?gica historia traspas? los confines del tiempo imperial. Muchas veces su etopeya fue distorsionada para ser incluida en el mentiroso martirologio de la Iglesia Cristiana, otras tantas, su esp?ritu cr?tico e independiente se mantuvo inc?lume hasta los tiempos de la Ilustraci?n cuando fue reivindicada.? ?

 

Hipatia no es la primera fil?sofa griega conocida y se la debe situar en la mejor tradici?n que representan otras fil?sofas anteriores tales como Cleobulina, hija de uno de los siete sabios de Grecia y llamada ?la Sabia? (?consagrada a la filosof?a?); Teano, la más famosa de las pitag?ricas y de la cual unos dicen que era hija, otros, esposa de Pit?goras; Aspasia de Mileto, maestra de ret?rica de Pericles y de filosof?a de S?crates, fue otra de las fil?sofas insignes de la antig?edad. Esta Fil?sofa y matem?tica de Alejandr?a en el ocaso de la cultura cl?sica, ha pasado a la posteridad envuelta en la leyenda, tanto por la singularidad de su vida dedicada a la ense?anza de la ciencia y la filosof?a de su tiempo como también por su condici?n de m?rtir, v?ctima del fanatismo y la intolerancia de su tiempo.