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lunes, mayo 27, 2024

El último exilio, poesía de Mauricio Peñaranda

RANDALL JARRELL

  Si piensas suicidarte, que sea un acto sobrio, indiscutible, limpio; que nadie ponga en duda la libertad de tu propósito. Dejas el mar, el mundo de los hombres y los bosques de encantado verdor.

 

  Bajo esta luz crepuscular, sé apenas una hoja que cae.

 

RAINER MARÍA RILKE

  Países, castillos, abadías, testigos de mi errabunda soledad. Errar de deslumbramiento en deslumbramiento, de revelación en revelación fue mi hoja de ruta. Pero la enfermedad me atrapó  en plena marcha y el dolor fue una casa por cárcel.

 

  Hoy, en este pequeño lugar, en el cementerio de Raron, bajo esta tierra generosa, mis recuerdos dialogan con la eternidad.

 

FEDERICO GARCÍA LORCA

  Cuando salí  de la Colonia  buscando entre fusiles el  camino de  la muerte la fuente de Ainadamar lloraba el adiós del poeta.

 

  Era un llanto de perlas y luna postergada.

  Mi temor, ruiseñor atrapado, batía  alas inútiles. Nunca sentí tan fuerte la pulsión de su vida, sus ansias de remover aires  marinos.

 

  Cuando salí de la cárcel, como  rayo de sombra, la mañana tendía un extraño azul de pesadumbre y la fuente lloraba. Sus lágrimas  acompañaban mi marcha y yo lamentaba en Granada  mis últimos pasos de poeta. Y los fusiles lloraban, y la fuente  lloraba… Y aún siguen llorando.

 

GABRIEL FERRATER

  La desesperada sensación de que en cualquier momento este trance se resolverá, que recogeré mi equipaje y partiré a algún lugar donde reine el sosiego. Cuánto extraño  los rostros que empiezan a disiparse de los nombres, los angostos callejones de Reus, las plazas espaciosas y las casonas de balcones florecidos y abigarradas molduras donde transcurrió lo mejor de mi vida. Aquí no hay rostros ni lugares; no hay espera que pueda resolverse con alguna llegada, no hay  puertos ni estaciones; ni siquiera un cuerpo suficiente para suicidarme otra vez y diluirme en la nada.

 

VINCENT VAN GOGH

Quién lo diría, Théo: los cielos  que nos obsequia la muerte son los míos.

 

LOUIS ALTHUSSER

De este lugar no me rescatarás. Es la especie más extraña y maravillosa de presidio que el azar  pudiera concebir: sin guardianes hostiles,  analistas y enfermeras; y lo mejor de todo: sin periodistas al acecho que quieran destrozarme con la crónica negra de mi vida y mi responsabilidad en tu muerte.

 

  Mis pesadillas persisten, todo hay que decirlo, pero ya no trascienden la vigilia. En tal sentido, esta situación es lo más próximo a la felicidad. El terror y la culpa desaparecieron.  Soy ahora el vacío, Helen, el vacío  que sonríe y te besa.

 

ANTOINE DE SAINT-EXUPERI

  -Pasarán muchos años antes de que  encuentren tu cuerpo –prorrumpió la vocecita a mis espaldas-. Estrellar el avión  fue el mejor pretexto para venir a verme…

 

  Mi reacción fue inmediata: sus cabellos rubios y su traje azul de charreteras doradas  resaltaban sobre un fondo de floresta. Me sentí atrapado en una viñeta de mi imaginación.

 

  -Estrellar aviones es una de mis prácticas, no hay duda –reconocí con emoción.

 

  Un viento suave, venido del mar, saturado de un aroma de salitre removía las flores en torno a él. Portaba bajo el brazo una tabla de dibujo. Sonrió  al comprobar que había reparado en  ella y comenzó a avanzar hacia mí; sabía con qué propósito. Su sonrisa era un día de sol, y un segundo antes de abrazarlo entendí que mi muerte, más que nada, representaba una nueva vida para él.

 

STÉPHANE MALLARMÉ

Recuerdo el colegio en el que tantas clases impartí, el bullicio infantil, la controversia cotidiana, la desfachatada inocencia  borroneada en los cuadernos, las pequeñas mentiras, las trucadas excusas; aquellos momentos en que compartí como un hombre común al que la poesía como la muerte no  seguían sus pasos.

 

JORGE LUIS BORGES

  Me salvan de enloquecer la sensación de que en cualquier momento despertaré en Buenos Aires, la seguridad de estar soñando y entender que el sueño remplaza la vida y erige una ilusión que puede ser eterna; una ilusión minuciosa en la que bien podrían caber  los días y las noches de la vida.

 

FIODOR DOSTOIEVSKI

(A Uriel Hincapié Montoya)

Ania, ángel mío,  ignoro qué fue de mi obra, qué pudo quedar de nuestro esfuerzo. Quisiera saber en qué lugar del  infinito te encuentras. Ya no hay cobradores al acecho, novelas que terminar bajo presión, editores que puedan esquilmarnos, casinos de los que debas apartarme…Ania, perderlo todo puede ser la paz.

 

DANIEL DEFOE

  Robinson está forjado como  los personajes de los libros, de la impalpable textura de los sueños. Poco tiene que ver con el náufrago real Alexander Selkirk. No obstante algo ha fallado: en los duermevelas de la muerte lo veo solitario, derruido, recostado a una de las paredes carcomidas de la cabaña. Mira el horizonte con tristeza: ningún barco ha venido por él.

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