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lunes, julio 22, 2024

El Deportivo Pereira y el Padre Valencia

Jairo Arango Gaviria

En el año 1988 el Deportivo Pereira vivía momentos de incertidumbre y cambio. El equipo, que había sido cedido a Octavio Piedrahita mediante un contrato de administración, no estaba pasando por su mejor época deportiva. El propósito y los términos del contrato no eran claros, lo que generaba una atmósfera de ambigüedad y desconfianza. 

La situación dio un giro trágico cuando Octavio Piedrahita murió, lo que provocó una crisis en la administración del equipo. Los abogados de Octavio, junto con algunos familiares, llegaron a mi despacho, para informarme de su decisión de entregar el equipo. Yo no había sido elegido para encargarme del manejo del equipo, ese no había sido un propósito de la campaña; obviamente sí respaldarlo en todas sus formas, pero no manejarlo directamente, no me parecía conveniente. Les ofrecí la posibilidad de continuar con el contrato, ampliando sus términos, pero ellos declinaron la propuesta, prefiriendo devolver el equipo al municipio de Pereira. El mayor activo del Deportivo Pereira era su ficha, perteneciente al municipio, y con la negativa de continuar el manejo, el contrato se disolvió, dejando el equipo nuevamente bajo la administración municipal. 

Nueva Administración  

Para asesorarme en esta nueva etapa, recurrí a Augusto Ramírez, un experto en el Deportivo Pereira tanto desde el ámbito administrativo como deportivo, habiendo sido jugador profesional, estaba muy enterado y tenía la corporación deportiva, conocía todos los pormenores del equipo. Con su ayuda, formamos una nueva junta directiva, inicialmente presidida por mí, pero más tarde nombré a Alberto Castillo como representante en la junta. Aunque administrativamente el equipo se mantenía, el rendimiento deportivo seguía siendo mediocre y enfrentábamos graves problemas económicos, con deudas a jugadores, proveedores y personal administrativo. Empezaron a suceder algunas cosas en cuanto al equipo que había que entrar a corregir, por ejemplo, no era muy usual que un jugador llegara al despacho del alcalde a mostrarme los guayos rotos para ver si intercedía y le dieran unos guayos nuevos.   

Convocamos una reunión en Bogotá en el Hotel Hilton con la participación de Hernán Mejía Campuzano como garante y León Londoño para hacer un balance exacto de las deudas del equipo. Viajé acompañado de la Asesora Jurídica de la Alcaldía, María del Pilar Ospina; fui muy claro en decirles: En esta reunión tiene que salir el balance exacto de las deudas del equipo, lo que no se consigne aquí como deuda no se va a pagar, por favor, tengan claro lo que se debe, para no estar todo el año, diciendo: faltó pagar una resma de papel, faltaron por pagar unos guayos, se debe la gasolina del bus, en fin, todo tiene que quedar consignado hoy. Todos estuvieron de acuerdo. La reunión duró todo el día para establecer los pasivos del equipo. Mi propósito era sanearlo económicamente. Entendía que, si estaba saneado económicamente el equipo, iba a empezar a mejorar la administración, el rendimiento, la misma autoestima de los jugadores, en fin, deportivamente iba a tener algunos réditos. 

Después de una jornada completa, logramos consignar todos los pasivos en un acta y nos comprometimos a pagarlos. Se firmó un acta colectiva de pasivos, donde el alcalde se comprometía y la ciudad a cancelar los pasivos, porque de alguna forma el municipio era el dueño del equipo y de la ficha, Sin embargo, nuevas reclamaciones surgieron poco después, las cuales rechazamos firmemente, manteniendo la claridad y el orden que habíamos establecido. 

Mejorando el rendimiento deportivo  

Con las deudas saneadas, me reuní nuevamente con Augusto Ramírez para discutir cómo mejorar el rendimiento del equipo. Le dije a Augusto Ramírez: ¿cómo mejoramos el rendimiento del equipo?, me dijo: Se necesita que haya buenos jugadores; ya está saneado económicamente el equipo; a los jugadores se les está pagando oportunamente sus salarios. Hay que conseguir un buen grupo de buenos jugadores adicionales, los que tenemos no son muy buenos. Con estos jugadores el equipo no va a progresar mucho en la tabla y no vamos a clasificar en los ocho primeros si sigue pues el equipo como está, con los mismos jugadores. Le dije, ¿qué hay que hacer para conseguir buenos jugadores?  Respondió Augusto. Para conseguir buenos jugadores hay que comprarlos, meterle plata, en fin, esa es la única forma, le pregunté: «¿Dónde están la mayor cantidad de jugadores inactivos profesionales, en qué equipo?». Me dijo «Yo creo que están en el América». Le dije bueno, y ese equipo ¿cuántos jugadores tiene sin poder jugar? Dijo: creo que unos 40 o 50; tienen una cantera de jugadores inactivos. Usted sabe que los que juegan son 11, más los reemplazos, en fin, son más bien pocos, pero los otros están en la banca, pasivos, no juegan. Vamos a conversar con los directivos del América, les diremos que le vamos a aportar el equipo para que ellos puedan tener jugando en el Deportivo Pereira, unos jugadores buenos, que estamos requiriendo para mejorar el rendimiento del equipo. Augusto, escójalos, me dice en qué puestos del equipo pueden jugar.  

Augusto hizo un análisis, un balance de los jugadores que se requerían para mejorar el equipo, y en efecto después volvimos a conversar y me dijo que le faltaban nueve jugadores. Le dije, casi le falta todo el equipo, pero bueno, estos nueve clasifiquémoslos por puestos, donde van a jugar: el portero, los defensas, los mediocampistas, los delanteros, en fin, y hagamos una solicitud a los directivos del América para que nos cedan esos jugadores en un canje. Donde ellos nos ceden temporalmente los 9 jugadores a título gratuito en préstamo, y el compromiso de nosotros es ponerlos a jugar en el equipo y correr con los gastos de manutención. Decidimos buscar mejores jugadores, enfocándonos en aquellos inactivos del América de Cali. Logramos un acuerdo para obtener nueve jugadores en préstamo, quienes al llegar impulsaron significativamente el rendimiento del equipo. Gracias a esta estrategia, el Deportivo Pereira logró posicionarse entre los primeros ocho equipos de la liga, un logro que llenó de orgullo a la ciudad y a sus hinchas; porque la hinchada de Pereira es una muy fiel al equipo. 

Fue un tema realmente de gestión. no hubo que invertir dinero, ahí lo que hubo fue gestión, un poco de creatividad, de iniciativa, de ingenio, para mostrar que la contraparte también tuviera sus réditos. Ese fue un compromiso bien importante, y la ciudad se vio beneficiada. El equipo, empezó a mejorar su puntuación y logró posicionarse entre los ocho primeros equipos del campeonato.  

La figura del Padre Antonio José Valencia  

El padre Antonio José Valencia fue una figura crucial en la historia del Deportivo Pereira y en la vida cívica y social de la ciudad. Conocido por su dedicación y amor por la comunidad, un padre cívico y contundente en sus propósitos. El padre Valencia no solo fue un ferviente hincha del equipo, sino también un gestor incansable de proyectos sociales y cívicos e la región. 

El padre Valencia era uno de los hinchas más apasionados del Deportivo Pereira. Su influencia iba más allá de simplemente asistir a los partidos; en su rol de párroco de la iglesia catedral, usaba sus sermones para hablar del equipo, regañar a los jugadores cuando no jugaban bien y motivar a la comunidad a apoyar al club. Los mismos jugadores asistían a sus misas, donde encontraban en sus palabras una fuente de inspiración y guía. 

Como anécdota, les cuento que un día siendo alcalde, en la inauguración de la cancha de Gamma, sobre la vía 30 de agosto, paralela a la pista del aeropuerto. se apareció el padre Valencia, porque lo habíamos invitado, llegó en compañía de Augusto Ramírez, Mario Montoya, y otras personas de la comunidad de Gamma. Esa cancha se iba a inaugurar con un partido de fútbol, y me propusieron que hiciera el saque de honor, pero yo estaba con el padre, y dije: este saque de honor le corresponde al padre Valencia, Él es el que más se lo merece. Los fotógrafos estaban atentos, y dije bueno, esperen que el padre le dé una patada al balón, y entonces ahí sí, toman la foto, para que sea una foto bonita y de recuerdo histórico. El padre fue con su sotana, así se mantenía. Era la época en que los curas tenían demasiado respeto por las vestimentas, y mantenían la sotana; hizo el saque de honor, y sí señor, le tomaron las fotos. Cuando pasó la inauguración me llevaron la foto del padre Valencia pateando el balón en el saque de honor.  Manifesté: que foto tan significativa, y la guardé en el cajón del escritorio; pensé:  para algo va a servir más adelante esta foto. 

Cabe anotar que en la Villa Olímpica hay una casita que no se permitió que el desarrollo la tocara, y la casa era la del padre Valencia, ahí fue donde el padre falleció. 

Proyectos del padre Antonio José Valencia 

Más allá de su amor por el fútbol, el padre Valencia se destacó por sus contribuciones a proyectos sociales y cívicos. Fue uno de los principales impulsores de la construcción de la Villa Olímpica, un proyecto de autogestión que involucró a toda la sociedad de Pereira. Su pasión por el deporte y su compromiso con la comunidad lo llevaron a ser una figura clave en la construcción de este complejo deportivo, que sigue siendo un punto de referencia y símbolo de las gestas cívicas de la ciudad. 

El Cristo de Belalcázar  

En una región azotada por la violencia política y social, el padre Valencia impulsó la construcción del Cristo de Belalcázar, un monumento dedicado a la paz y la reconciliación. Pereira y toda la región del eje cafetero venían de sufrir una oleada muy grande de violencia en Colombia, especialmente en el eje cafetero. Todos los municipios del occidente tenían problemas de violencia muy grandes, no solamente familiares, sino sociales; la violencia política liberal conservadora, muy acentuada en Pereira, Risaralda, Caldas, Quindío, Tolima, Norte del Valle. 

Él padre Valencia se propuso construir un Cristo como símbolo de paz que tuviera que ver con todo el occidente, ubicado en un cerro en el Municipio de Belalcázar; este cristo, es más alto que el de Río de Janeiro. Se convirtió en un símbolo de esperanza y paz para toda la región del eje cafetero y el occidente colombiano; lo hizo con el propósito de que fuera un icono, un símbolo de paz.  Lo hizo mirando hacia el occidente, porque la mayor parte de la violencia se dio en los pueblos pequeños, en las veredas y los corregimientos en general, en el campo. El cristo de Belalcázar ayudó a pacificar los ánimos de las gentes liberales y conservadoras; mermo los desplazamientos que se daban en estas regiones. 

Un legado duradero  

Cómo segunda parte de la anécdota de la fotografía famosa del saque de honor en la inauguración de la cancha de Gamma, al mes siguiente, una persona dedicada a la cultura, un escultor, quería participar en un concurso para colocar un monumento en el estadio Hernán Ramírez Villegas. Me dijo que si tenía alguna idea que le pudiera servir para hacer una escultura. Le manifesté, que no solamente tenía una idea, sino que le iba a proporcionar la imagen, la gráfica, la fotografía, para que la presentara, y con esa fotografía consideraba que seguramente ganaría el concurso para hacer el monumento al padre Valencia. Le entregué la fotografía; quedó muy contento, fue y se presentó con su propuesta gráfica al concurso y ganó el primer puesto, lo que le permitió hacer la escultura. Esa escultura demoró un tiempo realizándola; cuando la terminó, la escultura se ubicó adentro del estadio, mirando de frente al campo deportivo, ahí estuvo mucho tiempo, obviamente era un símbolo demasiado importante para los hinchas y para toda la comunidad pereirana tener al padre Valencia en una escultura tan significativa. 

Luego, en un momento determinado, cuando empezaron a hacer las reparaciones y a mejorar la infraestructura del estadio, la escultura se acordó ubicarla a la entrada del estadio, para que más personas la pudieran apreciar y llegasen a entender quién era el padre Valencia, donde a través de ese símbolo se llegase a entender el balance historiográfico del Club Deportivo Pereira y la importancia del padre dentro del equipo.  

Así  el legado del padre Valencia quedó inmortalizado en una escultura que no solo rinde homenaje al padre, sino que también sirve como recordatorio de su invaluable contribución al Deportivo Pereira, a la ciudad y a la paz del Eje Cafetero. El padre Antonio José Valencia fue una institución dentro del Deportivo Pereira. Su historia es un testimonio de cómo una persona, con dedicación y amor por su comunidad, puede dejar una marca imborrable en la historia de un equipo y de una ciudad.  

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