El sufrimiento en Poe está marcado por un sinfín de travesías alusivas al horror, por eso, cuando exploramos su universo, también perseguimos sombras tormentosas que trascienden en los senderos de la inmortalidad. Con las ilustraciones de Darío Villegas, Panamericana Editorial nos ofrece una edición de lujo y en su idioma auténtico, una obra de lujo que conmemora al máximo exponente del terror.
Jefferson Echeverría
Leer a Poe es como atravesar un túnel infinito plagado de tormentos, es hundirnos en un pozo sin fondo en donde cada precipicio se nos muestran imágenes espectrales a punto de asediarnos. Más que instigar a la imaginación, cada relato suyo parece enseñarnos secretos que sólo una mente consumida por su propio terror puede revelarnos. Su mundo está formado por una tinta lúgubre, diríase sangrienta, capaz de hipnotizarnos, de envolvernos con facilidad para finalmente hacer cuanto quiera con nuestros sentidos. En el misterio de sus voces se perciben gritos desgarradores que reclaman a inmortalidad, y ese deseo, cumplido por los conjuros del tiempo, ha sido más que concedido por la razón única de que aún, en nuestros días, leerlo provoque un sufrimiento necesario.
Para Poe no existen los límites cuando de terror se trata, en todas sus historias se alberga un instinto pavoroso que desafía todas las leyes racionales y que, a su vez, impone un nuevo orden narrativo para introducirnos a universos más complejos. Su mente, tan enferma de miedo, se nutre de eventos que, a simple vista, parecen simples y cotidianos, pero después adoptan unas formas tan inusuales como tormentosas lo que reafirma su grandeza sobrenatural. De ahí, quizás se deriva su inmortalidad. En el universo de Poe también hay un gran espacio para la prosa, tan prolífica en estilo como convincente en sonoridad que cautiva de principio a fin. Ya sea por la imposición de sus voces reproducidas a través de personajes igual de atormentados a él, o por el talento narrativo acorde a una vida tan misteriosa como sus relatos, pero en cada tragedia oscura se vislumbra una facultad singular de remarcarnos el miedo que, desde una mente dominada por los mismos demonios, se empeñan en moldear sus más crudas realidades.
Explorarlo
Estos rasgos de su personalidad creativa se hacen más influyentes cuando nos atrevemos a explorarlo desde su más esencial estilo, es decir, en su lengua natal. Pese a la complejidad que de por sí produce el tratar de adaptarnos a su universo ensombrecido, la fuerza hipnótica no se pierde, sólo se adapta a nuestros intereses como lectores, se introduce a nuestra vista como un virus silencioso que poco a poco se expande y luego no nos suelta hasta que lo exploramos con un vértigo y una pasión inexplicables. Por tal razón, más que leerlo, es sufrirlo de un modo especial, es descubrirlo y arremeter una mente sufrida por las desgracias que, como un desquite, decide aplicar un castigo más cruel a sus víctimas representadas en voces y tragedias.
La selección de un poema y cinco cuentos, en cuya portada exhibe la ilustración implacable de un cuervo negro y en el lado posterior la de un gato negro de mirada siniestra, resume muy bien las expectativas que pueden despertar antes de atravesar el túnel que compone una porción de su vasto mundo. Empezamos con el poema El cuervo (en su idioma original The Raven) es un canto a la nostalgia por un amor perdido, pero también un tributo abrumador a un animal que, viéndolo de un modo perturbador, aún sigue posado en el pálido busto de Palas, graznando las mismas exasperantes palabras como una forma de sentenciar un eterno castigo: “¡Nunca más! (Nevermore!)”.
El primer relato se llama el Gato negro (The Black Cat), donde podemos presenciar la manera lenta, sutil e inimaginable en la que un hombre enfermo es consumido por su propia intemperancia. El amor por los animales explica la razón de una serie de vacíos emocionales, asimismo el instinto de protección lo lleva a conservar varias mascotas en un hogar conformado por su mujer quien comparte sus mismos intereses. La llegada inesperada de un gato negro, de nombre Pluto, fortalece un afecto especial. No obstante, un día, nublado por el alcohol y su rabia, se ensaña sin límites sobre el indefenso animal, aplicándole una serie de torturas que dejan a cualquier lector espantado. De este impulso atroz le sobreviene una serie de consecuencias que van deteriorando su sentido de la compasión y lo convierten en un animal salvaje y criminal.
Enigma turbio
El barril de amontillado (The cask of Amontillado), es la personificación lenta, sutil y envolvente de una venganza frívola, pero compuesta de un enigma turbio. La voz principal de este relato, nos revela el odio secreto que profesa hacia Fortunato, un excéntrico y embustero experto en vinos. Durante la noche de un carnaval, el presunto vengador lo atrae con una treta ingeniosa para llevarlo a la muerte subterránea. Al llevarlo con ingenio macabro hacia las profundidades de Montresor, con el fin de insinuarle que allí se hallaba el amontillado, el aparente gesto de triunfo se convierte en una experiencia casi infernal que retumba en un eco inesperado.
Y luego pasamos a otro relato crudo, pero que hasta nuestros días aún significa una de las primeras incursiones en la narrativa policiaca. Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue) nos muestran dos tragedias excesivamente atroces, sin embargo, vista desde cualquier argumento racional inexplicable. Dos mujeres se encuentran brutalmente asesinadas: la primera, mayor, debidamente mutilada y con rastros de sufrimiento muy marcados en su piel donde yace en una cama que da hacia una ventana; la segunda, una joven, muestra señales notales de haber sido estrangulada cerca a la chimenea. En el interior del hogar no hay muestras absolutas de haber sido invadido porque, según los vestigios, todo indica que, durante la ejecución del simiesco crimen, ninguna puerta fue forzada, antes bien, se mantenían cerradas. Este dilema al parecer sobrenatural sólo puede ser resuelto por la brillante astucia del gran C. Auguste Dupin.
En el cuento Descenso al Maesltrón (A Descent into the Maelström) se narra un testimonio de un sobreviviente del reconocido e inexplicable remolino del Malestrón. Las profundidades del agua que divide a Lofoden y Moskoe son los vórtices imperceptibles de una catástrofe sobrenatural. Al parecer la tranquilidad inofensiva, dominada por unos vientos suaves, se convierten en abismos que devoran como fauces impetuosas hasta llevar a cualquier víctima (ya sea animal o humana) hacia sus profundidades. Queda en el lector descubrir cómo hizo este sobreviviente y qué alcanzó a ver durante su interminable agonía.
Hecha cuento
Finalmente tenemos las diversas etapas de la tortura hecha cuento. El pozo y el péndulo (The Pit and The Pendulum) nos describe minuciosamente hasta dónde una mente cautiva puede soportar el sufrimiento continuo y cada vez más tormentoso aplicado por una inquisición desalmada. El destino de su cautiverio empieza con una sentencia que se antecede a una larga calma. Luego, la espera confusa que se extiende en un espacio donde el tiempo se mide por múltiples estados de inconsciencia, de descenso a un dolor que restalla en ecos desgarradores estrellándose en muros lisos, fríos y viscosos. Después el péndulo filoso que oscila desde lo alto de su siguiente cueva. Su movimiento es vacilante, amenazados e incisivo, el torturado, atado su cuerpo observa con impotencia el filo que se aproxima hacia su débil humanidad, mientras procura torpemente ahuyentar las inmensas ratas que, voraces, pretenden consumir sus carnes.
Como podemos observar, el sufrimiento en Poe está marcado por un sinfín de travesías alusivas al horror, por eso, cuando exploramos su universo, también perseguimos sombras tormentosas que trascienden en los senderos de la inmortalidad. Con las ilustraciones de Darío Villegas, Panamericana Editorial nos ofrece una edición de lujo y en su idioma auténtico, una obra de lujo que conmemora al máximo exponente del terror.}



