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jueves, mayo 23, 2024

El 9 de abril de 1948 en Victoria (Caldas)

A medida  que llegaban noticias de Bogotá y Manizales y era evidente el declive del  levantamiento popular en todo el país, cundió el nerviosismo en Victoria, cuyos habitantes empezaron a pensar lo peor.

Alfredo Cardona Tobón 

Hace 76 años Alipio Bedoya recorrió las calles de Victoria montado en su caballo rucio gritando a todo pulmón bajo la lluvia: ¡Mataron a Gaitán! ¡Mataron a Gaitán!

La triste noticia del asesinato del líder popular reunió a los liberales frente a la alcaldía y en la atmósfera se sentía no solo la rabia y la sed de venganza, sino el temor del ataque de las poblaciones conservadoras de la serranía.

Por la radio se azuzaba a las masas, se decía que en Bogotá estaba colgado de un farol el cadáver del presidente Ospina, que los sacerdotes disparaban al pueblo desde los campanarios y que el poder había quedado en manos de los liberales.

A las siete de la noche del nueve de abril se constituyó en Victoria, Caldas, una Junta Revolucionaria presidida por Luis Eduardo Isaza siguiendo el ejemplo de  Honda, La Dorada, Santuario,  Balboa, Pereira y  muchos pueblos, ciudades y villorrios de Colombia.

Pablo Barón en calidad de comandante de la fuerza motorizada de Victoria, compuesta por dos  volquetas, un camión y un yip Willys,  movilizó avanzadas hacia las veredas y organizó retenes en Cañaveral, San Mateo, Boquerón, Hamburgo y Los Mangos para prestar vigilancia permanente y atajar a quienes a la voz de “Alto quien vive” no respondieran en voz alta “Revolución”.

Muy atrás

Pero los acontecimientos en Victoria iban atrás de los sucesos nacionales. En Bogotá el Ejercito y los voluntarios chulavitas empezaban a controlar la situación el sábado diez de abril, mientras en el poblado calentano apenas se acercaban los campesinos liberales a ponerse a disposición de la Junta Revolucionaria y a concentrarse en la escuela de niñas donde se constituyó el “Escuadrón de Macheteros” bajo las ordenes de Jorge Villamil.

En las horas de la tarde del día diez de abril, Julio Cifuentes vestido de militar, con sable y una boina recorría las calles empedradas en un brioso caballo blanco como si fuera un general de brigada e Isidro Hernández realizaba entrenamientos militares al lado de la ceiba del parque, sin loros ni pájaros ante el atronador ruido de órdenes y toques de cornetas.

Victoria hervía pero a diferencia de localidades vecinas como Armero donde asesinaron al párroco y en San Diego en donde retuvieron al padre Daniel, en Victoria no se desató la violencia. En la mañana del domingo 11 de abril se celebró una misa campal y el doctor Cataño leyó la Oración por la Paz pronunciada meses antes por Gaitán en la Marcha del Silencio donde se  pidió al régimen de Ospina Pérez el respeto por la vida.

Apoyo

Ante los rumores de un ataque, la Junta Revolucionaria solicitó apoyo a sus copartidarios de Honda y La Dorada. A las cinco de la tarde la gente se arremolinó en la calle principal y la banda de música acompañó con sus acordes a cien voluntarios de Honda que llegaban a reforzar las fuerzas victorianas. 

A medida  que llegaban noticias de Bogotá y Manizales y era evidente el declive del  levantamiento popular en todo el país, cundió el nerviosismo en Victoria, cuyos habitantes empezaron a pensar lo peor con las retaliaciones y el desquite de los contrarios. Estallaron crisis de nervios y ante la escasez  de víveres y el temor a los conservadores locales, los hombres llegados como refuerzos desde La Dorada pretendieron saquear los establecimientos comerciales de los oponentes políticos, pero fueron detenidos en su intento por la Junta Revolucionaria que no solo  protegió los negocios  sino la integridad física de los conservadores a quienes asilaron en sus casas.

Para mantener unida la comunidad y bajar el estado de tensión que la agobiaba la Junta Revolucionaria, organizó un acto público. Frente  a la Casa Consistorial se levantó un tablado y mientras unos vigilaban el resto de la población presenció el espectáculo amenizado por Arcesio Ocampo, Antonio Martínez y otros bambuqueros. El acto concluyó con Chucho Valenzuela, un formidable cuentista que  habló de las increíbles aventuras del inglés Alberto Millican, un descubridor de orquídeas, famoso en Inglaterra,  que recorrió los Andes colombianos, se radicó en Victoria, participó en la política y murió asesinado en una cantina de la localidad en  julio de 1899.

David Jimnez  fabricó bombas con cachos retacados con pólvora y metralla y con escopetas decomisadas en el sitio de Marsala el grupo de Boquerón reforzado por el Escuadrón de Macheteros trabó combate con una columna motorizada que avanzaba en medio de la noche. Tras media hora de balacera y de estallido de bombas, los victorianos se dieron cuenta que no estaban enfrentados a los conservadores sino a un pelotón del ejército en tránsito hacia San Diego .

Termina la revolución

El alzamiento en Victoria se alargó debido al aislamiento de la zona que impidió conocer oportunamente los sucesos nacionales. No fue una toma cruenta ni se cometieron desmanes, en realidad  primó el espíritu de concordia y tolerancia que Ñito Restrepo había abonado entre sus amigos victorianos y sigue acompañando a los vecinos de ese bello municipio. 

La fuerza pública retomó incruentamente la población de Victoria  e inició algunos procesos contra los integrantes de la Junta Revolucionaria. A Fabio Gutiérrez lo detuvieron en el caserío de El Llano y lo obligaron a caminar descalzo por las calles empedradas; se intentó incendiar el almacén de Luis Eduardo Isaza, presidente de la Junta y Julio Cifuentes tuvo que abandonar la población y radicarse en La Dorada donde fundó el “Churumbelismo Dialéctico”, una corriente filosófica que influyó en la formación política y cultural del puerto.

*historiayregion.blogspot.com

*alcartob@gmail.com

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