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jueves, abril 25, 2024

El 3 de abril empieza la historia

“Por esta razón decido partir de ahí, de su ausencia en mi vida para tratar de
pensar desde todas las miradas posibles el papel de la existencia y su contracara:
la muerte”.

Alberto Rivera
Una mañana de domingo del 2022, su padre sufrió el tercer infarto, pero este fue
definitivo. Murió mientras conducía su carro y cayó sobre mi madre, su copiloto de
siempre. ¿Cómo hablar del duelo y la pérdida siendo espectador y no víctima?
Este libro dedicado no solo a la vida y muerte de su padre sino a todos los
muertos que he tenido que llorar y cargar durante su existencia, es también un
testimonio, un documento para conmemorar y reflexionar sobre la existencia, el
duelo, la pena y la pérdida de un ser querido.
Son ensayos literarios que se pueden leer de corrido y el lector encontrará una
historia, pero también, se puede leer a gusto, de forma individual para encontrar
un serial de preguntas, tal vez no las respuestas, pero las preguntas necesarias
para enfrentar cara a cara a la muerte.

Es la segunda edición de su libro. ¿Cómo se siente con el éxito de la obra?
Es algo que uno no se plantea. El fin siempre es calmar esa ansiedad de contar,
de investigar, de narrar. Aunque el libro nació a raíz de lo mi padre, lo escribí
pensando en los otros muertos que he tenido que enterrar y lo hice con una
honestidad propia, sin adornar de más, sin abusar del lenguaje siendo sincero con
el sentir. Creo entonces que esta es la razón que ha hecho que muchos lectores
se acerquen y reflexionen un poco sobre el duelo, la pérdida y la muerte. Me
emociona, claro que sí, porque escribir y ser leído es el sueño que he venido
persiguiendo desde los quince años.

Dedica el libro a la vida y obra de su padre. ¿Quién fue?
No es una biografía. Pero su muerte es un punto de partida fundamental para
reflexionar alrededor de la muerte, el duelo y la pérdida. Mi padre fue un hombre
muy justo, cuando pudo, muy honesto, dedicado a su trabajo y, sobre todo, muy
responsable. Su vida, como la de cualquiera de nosotros podría ser una novela,
pero me enseñó otra cosa, a mirar a otros, a darle voz si es preciso, a tener
presente que la vida no es la que uno sueña sino la que está viviendo. Por esta
razón decido partir de ahí, de su ausencia en mi vida para tratar de pensar desde
todas las miradas posibles el papel de la existencia y su contracara: la muerte.

¿Por qué un libro para reflexionar sobre la existencia, el duelo, la pena y la pérdida
de un ser querido?
Aunque vivamos en tiempos de mucha libertad y libertinaje, la muerte lleva encima
un pudor. Es como el amor, cada quién tiene una forma de verla de acuerdo con
su experiencia que nunca será suficiente para enfrentarla. Sin embargo, el libro
que es un registro de mis muertos, funciona también para que otros encuentren en
esas líneas las palabras que tantas veces son escasas en tiempos de dolor, para
entender las acciones y las horas que siguen después de la terrible noticia. No es
solo la muerte de mi padre o la de dos de mis estudiantes, sino la muerte en su
sentido general y natural, del tema del que nunca estaremos por fuera, de la única
verdad absoluta que nos rodea. Dijo Borges en un texto: “todas las cosas quieren
persistir en su ser”, por eso escribimos, para persistir, para existir, aunque el
cuerpo ya no esté, para hacer lo propio de la literatura: escudriñar en lo profundo
del corazón humano, planteando preguntas más no respuestas…

Uno encuentra preguntas, tal vez no las respuestas, pero las necesarias para
enfrentar cara a cara a la muerte. ¿Construyó así el libro?
Claro que sí. Si bien he aprendido de mis maestros de la literatura es que uno
escribe porque desconoce las respuestas, porque no sabe algo, porque no
entiende algo. Escribí el libro preguntándome, por ejemplo: ¿Por qué usamos
siempre las mismas palabras o frases cuando acompañamos un velorio o un
duelo? Otra pregunta un poco más metafórica: ¿Qué ruido hace la muerte? O, ¿la
muerte avisa siempre que viene de visita? Debía alejarme de mi duelo, de mi
pérdida para analizar desde una gran distancia todo el tema que trabaja el libro.

¿Y qué es de su madre, la copiloto que recibe al padre muerto?
Mi madre está aprendiendo a vivir sin su compañero de más de cuarenta años.
Está aprendiendo a ser ella misma, a desvincularse de una historia de vida para
construir otra, una en donde ella pueda estar tranquila y feliz sabiendo que mi
padre nos acompaña desde otro lugar, él nunca dejará de estar presente en
nuestras vidas.

¿La obra le dio permiso para la reflexión sobre la existencia, qué pensar ahora?
Es un ejercicio arduo, pero pienso que la literatura ha sido, es y será la
herramienta que nos permita ahondar sobre nosotros mismos, sobre la realidad.
Ahora creo que el presente es muy difuso, muy complejo, no hay que tomárselo a
la carrera, el futuro es una distracción, creo que debemos preocuparnos por
ajustar, arreglar el pasado, que como dice Faulkner: “el pasado nunca muere”. Es
una trampa eso de: “el pasado pisado”. Todo es muy volátil, dedicarse a justar y
sobrevivir el segundo a segundo.

¿Por qué ensayos literarios y no novela o crónica?
Yo tenía muy claro que mi segundo libro no debía ser una novela. Debía encontrar
el género literario que mejor se ajustara a lo que estaba sintiendo y a lo que
necesitaba contar. Uno debe ser muy juicioso y riguroso con lo que desea escribir
y cómo hacerlo, no todo se ajusta, no todo es ajustable. Quizás podía haber
creado una historia tan amplia, que me diera doscientas o trescientas páginas,
pero sabía que tenía que rellenar, como funciona en las novelas, así que quise
condensar la prosa, ser concreto, directo. Además, el ensayo literario me daba la
oportunidad de la narrativa y de la rigurosidad de un ensayo. Pues para poder
escribir siempre hay que investigar, no importa el género, nada viene de la sola
inspiración… Además, el ensayo literario para mí no era ajeno, los últimos cuatro
años vengo publicado en diferentes espacios textos con estas características, el
último fue sobre uno de mis escritores de cabecera: Juan Gabriel Vásquez.

¿Cómo fue la conexión con su casa editora?
Siempre es complejo presentarse a una editorial. A Nueve Editores llegué por una
compañera que le contó a uno de los editores sobre mi libro. Realmente a las
semanas de haberlo enviado y con la preocupación de que un proyecto así
pudiera ver la luz, le dieron el visto bueno y estuve acompañado por Andrea
Vergara y Andrés Pascuas que hasta no ver el libro impreso no descansaron en
hacerme comentarios y propuestas para que el libro tomara la fuerza que hoy en
día tiene.

¿Quién es Juan Camilo Parra?
Un proyecto de escritor que tiene mucho por leer e investigar. Un joven que a los
quince años dijo que quería escribir para contar historias, pero tuvieron que pasar
diecinueve años para publicar su primera novela Siempre Quedará (2022). Un

amante del fútbol y hombre convencido de que la literatura salva vidas, como la
mía.

¿Nos va a sorprender con otro libro?
Espero que sí. Por ahora estoy trabajando en la investigación de una historia que
vincula en su totalidad al mundo afro. Necesito entender todo lo que se pueda
sobre la herencia africana, los afrocolombianos tienen tanto para decirnos y que
nosotros, en nuestro mundo occidentalizado hemos silenciado. Voy tras las huellas
de la negredumbre, como nombra Germán Patiño el prólogo del libro Ensayos
Escogidos de la biblioteca de literatura afrocolombiana. Será un proyecto para el
2025.

 

Juan Camilo Parra
Nació en Bogotá el 20 de marzo de 1990. Magíster en Literatura y Cultura del
Instituto Caro y Cuervo en donde se graduó con honores. Ha sido periodista y
editor cultural. Se dedica a la docencia en la Universidad Santo Tomás de Bogotá.
Sus ensayos, crónicas, columnas de opinión y artículos han sido publicados en
medios como Le Monde Diplomatique, Culturamas en España, Periódico Desde
Abajo, Revista Crónica, Al poniente, la Oreja Roja, El Espectador. Siempre
quedará (2022) fue la quinta novela más vendida del pabellón Colombia,
editoriales independientes en la Filbo 2023.

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