20.9 C
Pereira
domingo, mayo 19, 2024

Duna, de Frank Hebert, periplo espacialmente cinematográfico

José Fernando Ruiz Piedrahita*

Anno Domini MCMLXXXIV (1984)

Corría el cuarto año de la década del ochenta, tenía el deseo de ver una película lo que implicaba “bajar” hasta Pereira, pues en Dosquebradas no teníamos salas de cine. Por ese entonces no existían los avances tecnológicos que hoy nos permiten estar enterados de todo, así que para conocer la cartelera cinematográfica de la ciudad acudíamos al periódico El Diario o La Tarde donde publicaban los estrenos. El que apareció para el 29 de agosto de ese año, anunciaba una película titulada Duna de David Lynch. 

Pensé encontrar mucha “cola” para entrar al hermoso teatro Capri de la carrera séptima con calles 16 y 17, pero la taquilla estaba sola. Compré la boleta para ver la película de la que no tenía ninguna referencia. Entré al teatro y pasé a la confitería antes de subir los cinco escalones que llevaban directamente a la amplia sala de cine. Compré lo de siempre: una bolsa de papitas fritas, dos barras de chocolate y un vaso de gaseosa; con todas las golosinas listas, me senté en uno de   los mejores lugares, de acuerdo a lo que decía mi profesor Germán Ossa Echeverri, y era ubicarse al centro del teatro, dos filas después de la entrada. Las sillas forradas con tela imitación cuero de color azul, estaban rodeadas de una enorme cortina amarilla que encerraba la pantalla tamaño cinemascope. Mientras esperábamos, sonaba el eterno disco de Franck Pourcel con los mismos doce temas instrumentales. Estaba sentado con cuatro o cinco espectadores más desperdigados en la amplia sala, porque en esos años aún no se habían inventado las salas múltiples que hoy usamos para disfrutar cine en pantalla gigante. Aún no había llegado el Betamax, por lo que, si uno quería ver una película, tocaba desplazarse hasta el teatro. La cortina amarillenta del hermoso teatro Capri se fue deslizando despacio y las luces bajaron su intensidad mientras el tema musical “La Burrita” de Franck Pourcel se apagaba. Empezaban los anuncios proyectados en diapositivas elaboradas sobre un vidrio con mucho arte y diseño. Luego venía “El Mundo al Instante” con las noticias del económicas, políticas, sociales y deportivas de Europa; luego, algunos avances cinematográficos, y por fin, el logotipo de Universal Pictures con la producción de Raffaella de Laurentiis. Empezó la película con un intento de poner al espectador en contexto para que supiera que este era un universo muy lejano en tiempo y espacio donde había dos casas disputándose el control de un planeta llamado Arrakis, lugar que producía una droga única en el universo. 

Pasé las dos horas y media asombrado con los efectos visuales, el sonido y la música, pero del contenido no me quedó más que confusión, pues no entendí de qué se trataba realmente. Vi batallas heroicas en las que el protagonista se erigía como un dios para un pueblo sometido llamado los Fremen y que luchaba valientemente con unos gusanos monumentales. Salí triste de la película, y por las caras de quienes estaban conmigo, parecía que el sentimiento era mutuo, y hasta escuché que una chica le reclamaba a su compañero en el teatro, la pérdida de tiempo invertido en “semejante pendejada que nadie entendió”. 

Es importante hacer saber a los jóvenes de hoy, que en esos años los computadores, teléfonos celulares e internet, eran asuntos de la ciencia ficción y que nosotros apenas teníamos teléfono fijo y un televisor al que le llegaba la señal de un único canal en blanco y negro, por lo que deben entender que no había otras formas de explorar al mundo más allá del periódico o las visitas a la biblioteca pública, por lo que tardé mucho tiempo en descubrir que esa película estaba basada en una novela de ciencia ficción del escritor Frank Herbert.  

Salí del colegio, intenté seguir una carrera, pero en ese intento había fracasado porque la administración de empresas no era lo que anhelaba. Mi profesor de ciencias sociales del colegio fue “el culpable” de que a mí me entrara el gusto sobredimensionado por el cine, y me refiero al hoy crítico de cine y gestor cultural Germán Ossa Echeverri, quien cada año realiza el Encuentro Nacional de Críticos de Cine y al que muy generosamente me invita a hacer parte del grupo de conferencistas. 

Hace algunos meses iba con mi esposa, hija y suegros, hacia Salento para pasar el día y ver artesanías; me llevé una enorme sorpresa cuando en uno de esos almacenes encontré en DVD la película Duna de David Lynch y sin pensarlo dos veces, la compré. En la noche pude ver con detalle la historia. La entendí completamente y me dediqué a buscar la novela hasta que la encontré en la librería Roma un poco ajada, pero legible. Fue todo un descubrimiento entender cómo el autor de esta novela logra hacernos entender que la historia sucede en al año diez mil ciento y tantos, en una galaxia que contiene varios planetas habitados y que su modo de gobierno es imperial. La Melange o Especie, es producida por los enormes gusanos que habitan el interior del planeta desértico y permite a quien la consume, desdoblar la conciencia para poder hacer viajes intergalácticos. No pregunten cómo se logra, porque recuerden que la fantasía no necesita explicación. De esta novela se desprenden cinco más que van explorando la vida, obra y milagros de Muad’dib, es decir, del elegido como libertador y redentor del planeta Arrakis. Allí hay algo mesiánico y religioso, pues Paul Atreides, el duque heredero, tiene una madre especial; se trata de una Bene Gesserit que ha sido entrenada en habilidades psíquicas quien se convierte en la guía espiritual del pueblo Fremen.

Ha llegado este 2024, a las pantallas locales, la segunda parte de Duna de Denis Villeneuve con Timothée Chalamet y Rebecca Ferguson y he quedado más que sorprendido con la belleza visual y sonora de una historia que se debe leer de manera muy juiciosa si se quiere disfrutar de la belleza cinematográfica de esta producción. La historia del cine ha dicho que estas dos películas (Duna 1 y 2) han superado con creces a la mejor propuesta literaria llevada a la gran pantalla, que es Rita Hayworth y la redención de Shawshank (Cadena perpetua) de Frank Darabont, basada en la obra de Stephen King. Una respetuosa recomendación si se anima a ver Duna, es no llevar a los niños, pues se aburrirán de lo lindo. Vayan con la mente abierta para creer en el universo imaginario de Frank Herbert y la maestría de Denis Villeneuve y disfruten de una de las mejores películas realizadas en los últimos años en el género de ciencia ficción. 

Larga vida Paul Atreides el Muad’dib que es como un Jesús intergaláctico que hace de redentor en un mundo muy… muy lejano.

*Comunicador social y periodista cultural

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -
Artículo anterior
Artículo siguiente

Para estar informado

- Advertisement -
- Publicidad -
- publicidad -