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sábado, julio 2, 2022

Dramaturgia macondiana en el espejo

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Edilberto Diaz Correa

Antonio, hombre so?ador y fantasioso, se encuentra angustiado frente a la pesada realidad, su mente le lleva por senderos existenciales al percibir nuevamente las im?genes salidas del contexto, permitiendo a los eventos pasar por el prisma presente en los sentidos. Analiza aquellas situaciones y las interpreta por medio del pensamiento restringido por una visi?n paradigm?tica particular que le opaca la b?squeda de la verdad. ?l sabe que existen tantas apreciaciones como individuos.

Antonio apodado el ?fantasioso? camina sin rumbo, incapaz de detener el pensamiento enredado en los avatares generados por una realidad que supera todas las posibilidades existentes para una mediana racionalidad e inteligencia.

Sin explicaci?n, con la mirada enfocada hacia el horizonte, da pasos inciertos, intenta mantenerse cuerdo al observar las escenas cuyas tramas y desenlaces contienen una marcada incertidumbre.

Lo ?nico cierto son los sorprendentes vericuetos enredados en las vidas de aquellos personajes, manifestando un extraño g?nero literario correspondiente al anarquismo social, todo ello integrando una novela que une lo inveros?mil, la vida, la muerte, la violencia, la delincuencia, la intriga, el amor, la superstici?n, a la política, ajustando la trama para cada nivel, envolviendo aquellos seres en la cotidiana dramaturgia macondiana.

__Esta realidad me martiriza. Desear?a escapar un minuto de ella __se dice.

Medio aturdido camina dirigi?ndose a cualquier parte. Al pasar por una esquina de la ciudad es sorprendido por un murmullo que se va haciendo cada vez más fuerte, entonces se detiene y asombrado observa un grupo de personas vestidas de traje y corbata organizando la plaza, prepar?ndole para aquella funci?n especial; se asoma con cierta discreci?n, posteriormente se dirige hacia uno delos personajes indagando sobre el asunto:

__?Qu? evento suceder? hoy?

__Estamos preparando la plaza para hacer un acto de desagravio y pedir perd?n a las familias que perdieron un ser querido en una masacre.

__?Qui?n lo ordena? __Pregunta Antonio perplejo por el asunto.

__Un tal tribunal de derechos humanos universales __responde el personaje.

__?Triste? __murmura Antonio.

__?No! Enfadado por la gente que le hace mala imagen al pa?s, que les importa y porque no dejar esas cosas quietas y punto __responde.

__?Le duele este pa?s? __pregunta Antonio.

__?Por supuesto!?

__ ?A usted no? __devuelve la pregunta.

__A? S?, much?simo ?Si eso no lo ordenara el tribunal, ustedes lo har?an?

__Por supuesto que no __?Acaso nos ves cara de idiotas! __dice ofuscado el personaje.

__?Ah! Debe ser que nos duele distinto __aporta t?midamente Antonio.

Entonces se imagina aquella particular comunidad ?como un gigante felino tratando de ocultar el esti?rcol salido de su propio cuerpo, profundamente dolido, tal vez por lo que d? ?l se dijera y por alguna raz?n incomprendida, no desea se conozca la inmundicia de su sevicia o la barbarie ocasionada por la fiera al consumir a otros devor?ndoles, quiz?s es el espejo el asunto inc?modo para el se?or, siendo esto lo que hace al gigante animal ocultar los eventos, pues le recuerdan quienes son y de que est?n hechos los felinos de extrema?.?

Concluye: ?son dolores distintos, el del felino de extrema y el de la v?ctima?. S?, nos duele distinto; a ?l victimario le duele la apariencia, la superficialidad, el buen nombre opacado por las salpicaduras sangrientas despu?s de sus festines mortales, a los otros les duele en su propia carne los hechos, el dolor de su sangre.

De repente se observan varios autom?viles doblar en la esquina, con la prisa de quien no tiene tiempo para hacer no se sabe qu? cosa, se detienen y descienden presurosos un s?quito de camar?grafos, periodistas y auxiliares.

Antonio tratando de calmar la curiosidad, indaga:

__Hola, ?Son ustedes periodistas?

__S?, somos reporteros en un noticiero televisivo.

__?Cu?ntos de estos eventos cubren cotidianamente?

__M?s bien son actos espor?dicos, muy pocos en el año.

__?Cuantas masacres cubren en un año?

__Ah, ya perdimos la cuenta, son bastantes; aun cuando esa noticia no es de inter?s para el p?blico, no produce audiencia.

__S?, son ustedes muy responsables con la sociedad, muy profesionales? __El hombre le mira con desd?n, encoge los hombros en se?al de no me importa.

Luego dirigiendo la mirada hacia los periodistas y con voz alta expresa:

__?A trabajar!

Inmediatamente los maquilladores inician el proceso de retoque para adecuar aquellos rostros a las luces y las c?maras, manteniendo inc?lume la imagen irradiada.

Antonio el fantasioso lo asocia:

__Eso es lo que sucede a la realidad macondiana, la maquillan para anestesiar el p?blico y poco a poco desensibilizarle para que el felino de ?extrema? contin?e sus andanzas.

?l ya lo hab?a notado, la plaza estaba acompa?ada por tenues sonidos en una extra?a mezcla musical salida del vecindario en tangos, corridos y salsas.

Descubre a solo algunos pasos que varios negocios mantienen las puertas abiertas. Su mente de fantasioso integra las notas musicales al particular escenario, para sentir con mayor precisi?n la obra teatral fren?tica sumergida allí.

Fija la mirada hacia un aviso opacado por el tiempo, cubierto por un a?ejo barniz que duras penas se lee: ?tango del arrabal?. Brotan por el lugar extraños remolinos formando notas musicales girando y entrelazando una m?gica canci?n salida desde tiempos inmemoriales de aquel agujero, dejando escuchar los sonidos hermosamente tristes y estridentes de un bandone?n.

De este escenario emerge la ?Eva Magdalena? eterna como la humanidad misma, v?ctima de la violencia y la falta de oportunidades milenarias, mostraba sus encantos, ofrec?a su cuerpo en manjar dispuesto para satisfacer aquellos hombres incapaces de seducir con dulzura en el teatro de la pasi?n, cambian la hermosura que se halla puesta en la seducci?n por un pu?ado de fr?as monedas, pretendiendo obtener por su paga unos centavos de satisfacci?n arrancados al hielo del alma, cuyos besos fr?os translucen un minuto de falso placer. Ella con la vida anestesiada en el alcohol, escucha y replica con fuerza la canci?n:

.. Malena canta un tango?

Al otro lado de la calle se suman los ritmos alegres de la salsa en su llamado a danzar, con un estribillo y notas musicales: ?la salsa llama?, ?la salsa llama? y como si fuera poco, se adiciona a la algarab?a multicultural los ritmos de un corrido salido de uno de los lugares dispuestos para el consumo de licor, con la letra: ?a m? me enterrar?n con la cruz de cannabis??

Solo faltan las v?ctimas que de apoco fueron llegando a la plaza con sus caras tristes, otros sal?an medio ebrios y anestesiados por el alcohol, se fueron mezclando para conformar una muchedumbre; en ella se escond?an con pervertido manto muchos asesinos enviados por el felino de ?extrema? para espiar en silencio.

Todo el escenario estaba listo, se deb?a dar inicio al evento. Para Antonio el fantasioso la dramaturgia en este acto sigue la l?nea hacia lo inveros?mil, preparando la funci?n de una obra teatral a la que se podráa dar el nombre de ?fiesta p?stuma?.

De las entra?as del tiempo emerge un viejo bicentenario muy delgado, con la silueta encorvada, barbas, cejas, cabello color blanco; parado en aquella plaza, esperaba con curiosidad el momento del acto; la Eva Magdalena lo conoce y se acerca a saludarle, ambos se dan ese abrazo cari?oso al encontrarse de nuevo en la escena de la vida.

?l conoce su historia y recuerda otras ?pocas en la cual fue desterrada con furia del para?so y discriminada por la sociedad, en cierto tiempo era una campesina reivindicada al trabajar la tierra, siendo nuevamente desterrada por el felino de ?extrema?, quien repite la tr?gica historia durante inmemoriales d?cadas quitando la tierra a la Eva Magdalena, raz?n por la cual regresa al cafet?n.

__?Qu? hay de ti? __el viejo pregunta.

__Son los avatares del destino dispuestos por dios __murmura.

__?No! Es una multitud tediosa de diversas clases sociales, con la ciegues producida por la ignorancia __responde el viejo.

Las gentes miraban el anciano con desconfianza pregunt?ndose:

__?Qui?n es el singular personaje?

Este ya hab?a desde otros tiempos visto la historia pasar, recordaba el pelot?n de fusilamiento, cre?a recordar otras masacres, ve?a miles de muertos perdidos por los caminos de varios siglos mostrando a gritos ?silenciosas? evidencias de los hechos, casi se podráa decir: ?los occisos mov?an las manos fantasmales como se?al inequ?voca de que alguna vez vivieron y sus existencias fueron apagadas por aquel felino centenario?, intentan hacerse notar y a pesar de los esfuerzos se hac?an invisible a todos, es muy dif?cil ver a alguien que no se recuerda.

Las familias de las v?ctimas con sobrada raz?n expresan el sentir de una realidad que les martirizar? por el resto de sus vidas, solo piden justicia para castigar a los victimarios y eso est? dudosamente escrito en el libreto de la particular tragicomedia correspondiente a la dramaturgia cotidiana.

?l viejo sin fuerzas para hacer algo les grita:

__?Tengan cuidado!

__Est? loco no presten atenci?n __ellos, los de extrema ocultos contestan.

__?Aun hoy contin?an emprendiendo ?colonizaciones? sangrientas en la b?squeda de riqueza f?cil!? Siempre empujan aquel felino de extrema disfrutando con pervertida risa la suicida m?quina de la parca. En ocasiones he escuchado a los asesinos decir:

?No importa! ?Lo importante es la utilidad! __Nuevamente el viejo les anunciaba.

Nadie presta atenci?n, todos buscan con sus miradas otros puntos de orientaci?n.

Antonio en su perenne transitar ten?a la perniciosa costumbre de analizar los sucesos, concibe estas ?pocas de dura realidad donde los habitantes deseando encontrar equilibrio ps?quico, ven como acto necesario para hallar sustento a sus penurias el buscar un ejemplo de grandeza al cual asirse, al no encontrarle en el presente, retornan las miradas a historias de tiempos pasados.

Llama la atenci?n al observador una situaci?n particular social cuya ceguera rompe los l?mites razonables, en su diario transcurrir se acompa?an apoy?ndose en la parca.?

El fantasioso lo hab?a notado, ninguno de estos seres al mirar atr?s, puede ver en el horizonte un espeso mar rojo con gigantescas estelas formados por olas repletas de? cad?veres,? donde flotan ni?os, mujeres y hombres api?ados? en las fincas del siglo diez y nueve, en los trenes circundando las bananeras en el siglo veinte, en la org?a del bogotazo, en la infinidad de guerras no declaradas, en los asesinatos y desapariciones para silenciar intelectuales, en las tierras que sirven de tumbas a indefensos campesinos de? finales del siglo veinte e inicios del veintiuno, esta ?ltima ha dejado en pocos años cientos de miles de muertos, es por todos sabido que ninguna v?ctima estuvo armada y que fueron muertos a mansalva.

Aquellas org?as sangrientas auspiciadas por los grandes se?ores, en una mezcla extra?a denominada por Antonio la era de la feudo globalizaci?n narc?tica, cuyo fin era hacerse a la tierra y la riqueza presente en el suelo y subsuelo, coincidiendo al inicio del tercer milenio propag?ndose en las siguientes d?cadas.

Desde el cielo se observa en el escenario un mar de cad?veres diseminados por el camino de varios siglos, cubriendo las v?as del tiempo, como huella indeleble de aquellos sucesos, incre?blemente la mayor parte de la poblaci?n al volver su vista atr?s se niegan verle, mientras el felino los observa con su perversa sonrisa maquiav?lica ?jugando con los nuevos cr?os?, lo ?nico que le inquietan son los seres pensantes, escritores a quienes le auguran un lugar en el infierno.

Este lugar macondiano parec?a se hubiera quedado levitando en el tiempo, siendo la decoraci?n lo ?nico que cambia y en cuyo escenario act?an por siglos en esencia, los mismos personajes, en el libreto suicida.

Antonio el fantasioso contin?a caminando con su pensamiento enredado en los avatares generados por una realidad, que supera todas las posibilidades existentes para una mediana racionalidad e inteligencia. Sin explicaci?n y con la mirada perdida en el horizonte, da pasos inciertos, intenta mantenerse cuerdo en medio de aquellas escenas teatrales, las que integran una novela uni?ndoles en lo inveros?mil, envolviendo aquellos seres en la cotidiana dramaturgia macondiana.

 

El autor

Edilberto Diaz Correa, profesional y especialista en diferentes ?reas, con enfoque administrativo y desempe?o en docencia universitaria. Sus libros:

– Fe, oraci?n y poder mental (autotransformaci?n).

? ? – Administraci?n al alcance de la mano.

? ? – Un selfie literario a dos tintas (novela corta).

? ? – Realidad o ficci?n en el otro universo (novela corta de ciencia ficci?n).

? ? – Jaque mate al amor en la b?squeda de las llaves del infierno (novela corta).

? ? – De aventuras, sue?os y quimeras (novela corta).

? ? – ?rase que ?rase un cuento m?gico (cuento).

? ? – Entre aventuras y erotismo (libro de cuentos er?ticos).

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