Santiago García, el arquitecto del teatro colombiano

Diego Leandro Marín Ossa

“En la casa de mi memoria nos encontraremos cada día”. Esas fueron las palabras con las que hace unos días Eugenio Barba director del Odín Teatro de Dinamarca, le rindió tributo al actor y dramaturgo Santiago García director del Teatro La Candelaria quien falleció en Bogotá el pasado 23 de marzo a la edad de 91 años.

 

García fue arquitecto graduado de la Universidad Nacional, realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de París, en el Instituto Universitario de Venecia, en el Berliner Ensemble de Alemania, en la Universidad Carolina de Praga, en el Actors Studio de Nueva York y en la Universidad de Teatro de las Naciones en Vincennes, Francia. Fue alumno del director japonés Seki Sano que el General Gustavo Rojas Pinilla trajo al país en los años 50 para formar actores que alimentaran los contenidos de la naciente industria de la televisión colombiana, pero de paso dejó una estela de artistas con pensamiento político y revolucionario que resuena en diversos espacios de la creación hasta nuestros días.

 

El colombiano fundó el teatro El Búho en 1958 y después la Casa de la Cultura lugar donde se originó la historia del Teatro La Candelaria a partir del año 1966, junto a Patricia Ariza, Fernando Mendoza, Gustavo Angarita, Vicky Hernández, Francisco Martínez y Carlos José Reyes entre otros artistas.

 

Participó en decenas de obras de teatro provenientes del teatro universal, otras de su autoría y un número valioso de creaciones colectivas con la agrupación de actores que lo acompañó durante todo este tiempo. En marzo del año 2012 fue declarado embajador mundial del Teatro por parte del Instituto Internacional del Teatro (ITI) de la Unesco y en 2019 le fue otorgada la Medalla al Mérito Cultural por parte del Ministerio de Cultura de Colombia.

 

Los cuartos de la memoria

En su breve y entrañable declaración, Barba también dijo, “en esta casa que te construyo en mi memoria hay muchos cuartos…habrá un cuarto donde hay toda la gratitud de toda la gente que te leyó, te encontró y te conoció a través de tu trabajo”, y así mismo lo confirma desde Madrid el actor y dramaturgo Carlos Bernal exintegrante del Teatro Experimental de Cali (TEC), quien hizo parte de la agrupación al lado de Enrrique Buenaventura, al decir que García fue un maestro y un buen amigo para muchos de los que trabajaron con él y lo conocieron, “la ética y la estética para él eran inseparables…además creía en la seriedad del humor, eso el publico siempre lo agradecía…en realidad fue un privilegio haberlo tenido tanto tiempo entre nosotros, en nuestros escenarios”.

 

Y es que García, el santandereano que militó en el Partido Comunista puso el teatro nacional en la escena latinoamericana, durante más de 50 años se embarcó una y otra vez con su agrupación (el Teatro La Candelaria), para representar a Colombia en los festivales organizados en diversas latitudes del mundo, y junto a Buenaventura como director del TEC, fue uno de los padres del Teatro Moderno. Los dos estuvieron sintonizados desde los años 50 con los movimentos políticos, campesinos, obreros, sindicales, feministas, estudiantiles, artísticos y de maestros a lo largo y ancho del país y del continente, y renovaron la escena nacional junto a Jaime Barbini y Fausto Cabrera.

 

Juan Carlos Londoño director de Momo Teatro en la ciudad de Pereira lo recuerda así: “La primera vez que vi al maestro Santiago García fue en Guadalupe Años Cincuenta cuando vinieron a la Primera Muestra Nacional de Teatro de Pereira en 1984…los trajo la Corporación Biblioteca Pública dirigida por Julián Serna Arango. Después, en 1985, lo saludé en la puerta del teatro de Comfamiliar mientras estaba viendo las carteleras de la segunda muestra en la que ellos trajeron Vida y Muerte de Severina de Joao Cabral de Melo Noto y al otro día presentaron Los Diez Días Que Estremecieron al Mundo, una obra de creación colectiva basada en el libro de John Reed”.

 

Santiago Garcia es el vinculo directo de los artistas con un teatro revolucionario en todos los sentidos, “inspirado por las reflexiones del pedagogo y director ruso Konstantín Stanislavski a través del japonés Seki Sano”, según dice el actor y Licenciado en Artes Escénicas Miguel Ángel Rodríguez quien agrega que, “hay personas que tienen dentro de su misión de vida, el ser vinculantes…unir generaciones, y esa responsabilidad le fue asignada a Santiago Garcia, y fue asignada de una manera muy particular…él es sin duda un referente fundamental e indiscutible del teatro colombiano, latinoamericano y universal”.

 

Por su parte Alonso Mejía actor y director de la Tropa Teatro de la ciudad de Pereira dice que Santiago García “diseñó las líneas sobre las cuales se fundó el teatro en nuestro país…hizo la vida desde el teatro y permaneció hasta hoy como capitán del barco más cargado de imágenes y significados que es el Teatro La Candelaria…su obra quedó grabada en la memoria del país y del mundo entero…dio voz y grito a los silenciados a través de las voces múltiples de actores y personajes…nos heredó la persistencia…la capacidad de permanecer en el arte contra todo pronóstico”, y concluye “yo me aferro a su capacidad creativa…a su genialidad para devolvernos una imagen fresca y renovadora de la existencia”.

 

Y el actor y director Víctor Hugo Henao lo recuerda así, “el maestro Garcia deja obras dramáticas que tocan la piel de Colombia en contexto como Guadalupe años sin cuenta, Nosotros los comunes o La ciudad dorada…también nos deja una lucha constante por la paz del país y la justicia social, una reconstrucción de memoria histórica para toda la humanidad”.

Recuerdos y versiones sobre el maestro

En su cálido mensaje que viajó con la primavera que por estos días refresca la península escandinava y con un dominio claro del idioma Castellano, Eugenio Barba se dirigió a través de video al Teatro La Candelaria y le dijo al maestro, “ahora vas a vivir solo en mi memoria”, luego se refirió al amor y a la admiración que experimentaba “como una especial energía” cada vez que observaba el trabajo de García.

 

Y es que cada persona que tuvo una experiencia cercana o distante con él lo recuerda de una menera particular que completa las múltiples versiones que nos puede ofrecer la vida y obra de un maestro de su trascendencia.

 

“Nos hizo millonarios, en vida, experiencias, risas, conocimientos y amor por los pueblos y por las utopías”, como anécdota recuerdo que “cuando le nombraron Embajador Internacional del Teatro por el ITI, (Instituto Internacional del Teatro), ante la pregunta de cómo se sentía siendo Embajador, respondió: ¿Embajador?, hubiera preferido Emsubidor”, dice Carlos Bernal.

 

Cierta vez que estábamos en el Teatro La Candelaria con la Tropa Teatro y presentábamos Pinocho “nos lo encontramos en el patio envuelto en una ruana. Diego Zabala nuestro compañero le dijo: maestro venga a ver a Pinocho, a lo que él con su inconfundible humor respondió: ¿Porqué?, ¿qué le pasó?”, recuerda Alonso Mejía.

 

De su parte Miguel Ángel Rodriguez dice que alguna vez tuvo la oportunidad de participar en un coloquio con él y comenzó con esta frase:”Ahora me doy cuenta que llevo muchos años preparándome para este conversatorio”, lo que da cuenta de su compromiso en todo momento.

 

Por otra parte Víctor Hugo Henao lo evocá así, “en ocasiones cuando se encontraba en algún taller, reunión o simposio…cerraba los ojos y parecía que dormía plácidamente y ante la angustia de los asistentes al preguntarle sobre el tema en cuestión, pensábamos que se excusaría por su desliz de sueño, pero quedábamos sorprendidos cuando con tal lucidez daba una respuesta amplia y coherente sobre el tema”.

 

El legado del creador

Para estos artistas del teatro a quienes entrevisté, Santiago García deja como herencia “un montón de nuevos dramaturgos y dramaturgas y muchas obras importantes”, en el teatro colombiano, latinoamericano y universal como afirma Carlos Bernal.

 

Nos legó “la tenacidad de crear y desarrollar no sólo una propuesta estética y dramatúrgica seria y necesaria, sino además la importancia de generar un teatro profesional, independiente, experimental, con criterio de empresa, de compañía, de cooperativa, donde todos los integrantes se beneficien de su propio trabajo…una labor que les exija a cada uno, ser creativo, impulsor, autor, productor de la obra de arte…una obra que debe ser para que todos la vean, la disfruten y la reflexionen”, afirma Londoño, y concluye que su obra, “es clave para comprender la necesidad de explicar lo que pasaba y pasa en nuestro país. Por eso su impronta está en la manera de abordar la teatralidad con un alto sentido de compromiso social…su creación fue una obra fresca, llena de hallazgos”.

 

Como actor, dramaturgo y director, además de las ya mencionadas y otras que se conservan en diversas antologías, Santiago García participó en obras como “El Paso, parábola del camino”, donde la clave era el silencio y el gesto; “Maravilla Star”, donde trabajó el no tiempo y el no espacio; “La trifulca”, donde se adentró en el carnaval y la violencia; en “Tráfico Pesado” donde la pregunta fue por la insolidaridad de una ciudad grande, la soledad de la gente; “En La Raya”, donde se volcó al teatro dentro del teatro, para asumir la violencia cotidiana con personajes antihéroes; en “Caos y De Cacaos”, donde trabajó el problema de los dueños del poder y sus vidas absurdas; en “Nayra” esa exploración por la teoría del caos y la teoría cuántica con base en los mitos urbanos y la violencia en Colombia; y por supuesto, “El Quijote” donde quiso aproximarse al hombre de La Mancha, pero con una mirada fresca sobre la alucinación, sobre la verdad y sobre el mundo, afirma el profesor y dramaturgo Juan Carlos Londoño.

 

Para finalizar el director de teatro Gustavo Rivera Marín recomienda leer uno de los textos que habla de la vida y obra del maestro titulado ¿Cúal es su problema fundamental?, diálogos con  Santiago García, texto escrito por Liliana Alzate Cuervo en el contexto de la historia del teatro colombiano.

 

Nota: Agradezco a todos los artistas por su gentileza quienes con sus respuestas, sus recuerdos y sus voces contribuyeron a la elaboración de este homenaje hecho con amor y admiración desde Pereira y el Eje Cafetero para ese maestro que partió al infinito.