Sabiduría proverbial

Gonzalo Hugo Vallejo Arcila

Un proverbio es la expresión concreta y sensible de una verdad aleccionadora, concluyente e incuestionable. Para el moralista francés Joseph Joubert, es el germen de todo bien que, finamente grabado en la memoria, nutre la voluntad. El filósofo español Ortega y Gasset lo concebía como una prescripción intelectual “que rebasa las líneas de la realidad en ella aludida”. “Son sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia”, afirmaba Cervantes. El filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson sostenía que “los proverbios, al igual que los libros sagrados de cada nación, son el santuario de las intuiciones”.

 

Estas profundas, lacónicas, simples y sencillas expresiones, algunas de ellas perdidas en esa lontananza del tiempo y la memoria, guardan y corifean en la bella y modesta inconmensurabilidad del anonimato, las voces esenciales y vivenciales de seres humanos que sólo pretenden compartir desde la alegría o el dolor, la frustración o la esperanza, la sapiente prodigalidad de su mundo experencial. El proverbio ajusta, perfila y le da contorno a una realidad determinada. A través de sus mágicas palabras se logra visibilizar, ensamblar y armonizar una idea presa de originalidad, sensatez, sarcasmo y osadía.

 

Los proverbios señalan el modo de satisfacer un interés o una necesidad y de alcanzar, de alguna forma, esas escarpadas e inexorables alturas donde el sere humano pone muchas veces y, de manera equívoca o certera, el mundo de sus principios, valores e ideales. Los romanos (pro y vérbum), prejuiciosamente creían que ciertas palabras oídas casualmente, eran en ciertas ocasiones oráculos que anunciaban el albur de quien las escuchaba. Este género literario comprende poemas religiosos y morales, aforismos, máximas, sentencias, preceptos, epigramas, sátiras, enigmas, parábolas, refranes o sentencias populares.

 

Estos relatos metafóricos no son más que la experiencia, la perspicacia y el buen juicio de muchos que han sabido captar y sintetizar en fórmulas compendiosas, la mayoría de las veces simbólicas, graciosas y siempre llenas de ingenio. Todos, a manera de ejemplo y de alguna forma, hemos escuchado los bellos, elegantes, cadenciosos y aleccionadores proverbios de Salomón escritos hace más de 30 siglos. He aquí algunos de ellos: “Las heridas que te causa quien te quiere son preferibles a los besos engañadores de quien te odia… No hables a la oreja de los necios porque despreciarán la doctrina de tus palabras…

 

El perfume y la variedad de los aromas son la alegría del corazón; los buenos consejos de un amigo, las delicias del alma… El corazón del insensato publica en alta voz sus locos pensamientos… Cuando cayere tu enemigo, que no se regocije tu corazón en su ruina… La prudencia de un hombre se conoce por su paciencia… No hay ningún secreto donde reina el vino…”. Éstos, al igual que algunos epigramas orientales, nos muestran el mundo exuberante de lo proverbial que se lee y se vive en la pluridimensionalidad de la vida cotidiana a través del encanto de un metarrelato hecho de síntesis, sabiduría y ubicuidad.

 

Nadie prueba la profundidad del río con ambos pies… Un desierto es bello por los pozos que esconde… la mentira es una raya hecha con ceniza (proverbios africanos). El camello no ve su propia joroba, pero sí la del vecino… Castiga a los que te tienen envidia haciéndoles el bien… El que te alaba en lo que careces, te insulta (proverbios árabes). Quien guarda su boca, guarda su alma… Cuando el vino entra, el secreto sale… Deja al vecino entrar y él te sacará (proverbios judíos). La verdad padece, pero no perece… Lo malo sin maestros se aprende… Valor y querer facilitan el vencer (proverbios españoles).

 

No es el ojo más que un punto y abarca leguas… La gratitud es la memoria del corazón… Los que no hacen nada nunca yerran (proverbios franceses). Cultiva centeno mientras brille el sol… El necio dispara pronto sus dardos… Demasiado al este es el oeste (proverbios ingleses). El poder es el mayor enemigo de su dueño… Cuando el dinero habla, la verdad calla… Nadie apalea a un perro muerto (proverbios chinos). Si vives junto al río, hazte amigo de los cocodrilos… El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas… Para la hormiga, el rocío es una inundación (proverbios hindúes).

 

El tiempo se lo lleva todo, incluso la memoria… Disfrutar de un recuerdo es vivir dos veces… Cuanto más se sabe, menos se asegura (proverbios italianos). Donde se pierde el interés, se ausenta la memoria… Si quieres ver las estrellas, apaga las luces… Donde hay peligro, crece lo que nos salva (proverbios alemanes). No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma… El carácter es el resultado de nuestra conducta… Creemos todo aquello que anhelamos (proverbios griegos). El anillo de oro no corrige el defecto de la uña… No des la carne al caballo y la hierba al león… La vida es la novia de la muerte (proverbios turcos).

 

Repara tu trineo en el verano y tu carreta en el invierno… Un ladrón ha robado a otro ladrón y Dios ríe en lo alto… El dolor galopa a caballo, pero el remedio llega a pie (proverbios armenios). No trabajes en el techo de otro cuando tengas el tuyo agujereado… Al hacer una compra, no te fijes en la casa sino en el vecino… Más vale ser cojo, que estar siempre sentado (proverbios rusos). El tirano fallece y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza… La adulación es como la sombra: no nos hace más grandes ni más pequeños… El fondo del corazón está más lejano que el fin del mundo (proverbios daneses).

 

No compres la casa antes de haber comprado al vecino… La miseria no mata, pero sus insultos no se olvidan… Quien no me presta su molino, economiza mi trigo (Proverbios marroquíes). En el amor como en los sueños no hay nada imposible… Si tu espada es demasiado corta, adelántate un paso… Quien acepta un presente, vende cara su libertad (proverbios húngaros). Adular a tu enemigo es la sutil y mejor manera de vencerlo… Quien habla del prójimo, hace reír al diablo… Estudiando lo pasado se aprende lo nuevo… Si tienes prisa, date una vuelta alrededor (proverbios japoneses)

 

Al lado de axiomas, aforismos y refranes, esas sentencias creativas llamadas “los gérmenes de la moral”, por el historiador griego Plutarco, son una modalidad de “paremia”, término que hace referencia a las “cosas que se dicen a lo largo del sendero”. Se constituyen éstas y así, en lo que al buen decir del poeta español Antonio Machado, es “La sabiduría del caminante”. Goethe, el padre de las letras alemanas, sostenía que una colección de anécdotas y proverbios es el mayor tesoro “que puede tener alguien que acierte a intercalar las primeras en su lugar debido y a recordar las segundas en el caso oportuno.”

 

He aquí algunos de ellos: No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir… No se mide el tiempo de la vida, sino su empleo… No vemos el mundo tal como es, sino como somos… Sólo podemos enseñar aquello que deseamos ser… El rumor es como un cheque: no hay que darlo por bueno hasta que se compruebe que tiene fondos… Sólo si nos aferramos a lo que nos identifica, podremos decir qué es lo que nos pertenece… La sabiduría tiende a crecer en la medida que crece también la conciencia de la propia ignorancia…. Peleando no se consigue jamás lo suficiente, pero cediendo se consigue más de lo que se espera…

 

El que va montado sobre el hombro de otro, no puede ver lo lejos que está el pueblo… Cuida mucho los escalones por lo que subes, porque por ellos mismos descenderás… No es apagando la antorcha de los otros como la nuestra se hace más luminosa… Las alegrías compartidas se multiplican, las penas compartidas se minimizan… El mar de las penas no tiene orillas, pero el arrepentimiento es su ribera… Cuanto más alto asciendas en la montaña, más fuerte soplará el viento… Nunca prives a otros de la esperanza, puede ser lo único que tengan… Una excesiva moralidad no es más que una vergonzosa debilidad…

 

El silencio vale oro cuando no se nos ocurre una buena respuesta… Dime y olvidaré, muéstrame y recordaré, particípame y entenderé… La envidia que nos corroe el corazón es la confesión de nuestro fracaso… No se trata de aprender para admitir, sino comprender para actuar… El miedo llamó a la puerta y salió a abrir el valor: no había nadie… El lamento exagerado es un presagio de pronto olvido… Mírame y véete, escúchame y óyete, tócame y siéntete… Quien nada arriesga nada pierde, pero nada logra… El dolor cuenta las horas, el placer las olvida… Aquel que habla siembra, quien escucha recoge.