Ricardo Sánchez en la Guerra Colombo-Peruana

Alberto Antonio Berón Ospina*

Los lectores de Ricardo Sánchez tuvimos que esperar más de ochenta años para conocer sus crónicas publicadas originalmente en “El Diario” de Pereira acerca de la única guerra de fronteras librada en el siglo XX por Colombia, y reunidas como libro bajo el título “Un corresponsal en la selva. Crónicas sobre el conflicto Colombo-peruano” editado por la Colección de Escritores Pereiranos de 2019, obra inédita de autor fallecido.

 

Ricardo Sánchez Arenas nació en Pereira el 7 de enero de 1888 y falleció el 20 de junio de 1946. Narrador con oficio de cronista su primer libro “Pereira 1875-1935”, publicado por la Editorial Zapata de Manizales en 1937, es un texto que ha servido como punto de partida para los trabajos posteriores sobre la historia local.

 

¿Qué motivó al autor de uno de los primeros libros publicados en la ciudad de Pereira a romper por varios meses con la vida citadina y adentrarse en la selva? ¿Acaso fue el afán de viajar por territorios exóticos o quizás con el anhelo de participar como patriota en el primer conflicto internacional del siglo XX experimentado por la República de Colombia? 

 

El viaje es una de las formas para adquirir y trasmitir experiencias, por su parte la guerra fue un motivo para la realización del viaje y la posibilidad de acercamiento a un acontecimiento trascendental. No fue casual que durante los últimos tres meses del año 1932 decenas de mujeres entregaran sus joyeros, se convirtieran en enfermeras, cocineras, mientras que los hombres se acercaban a los puestos militares de las ciudades dispuestos a entregar sus arrestos en defensa de la bandera colombiana, supuestamente humillada por peruanos insurrectos en la población limítrofe de Leticia, señalados estos de comunistas y luego de “apristas” por la prensa de la época.

 

Ricardo Sánchez Arenas contribuyó con su habilidad de cronista contando a los habitantes de Pereira los sucesos que trascendieron el hilo del informe periodístico y nos introducen en la crónica literaria. Sus relatos muestran los arduos recorridos a lomo de mula, a través de los paisajes de Garzón Huila y Florencia Caquetá; continuando en canoa por el río Orteguaza que desemboca en el portentoso río Amazonas, manifestando a lo largo de su recorrido la expectativa de contemplar en vivo las acciones de la guerra. Sánchez experimenta un viaje pionero por lugares que durante años fueron sometidos a la explotación cauchera por parte del emporio peruano de Julio Cesar Arana, asunto que con conmovedor tono literario develó José Eustasio Rivera en 1924 en su novela “La Vorágine” que acompañó como lectura a nuestro cronista en su recorrido.

 

Estas crónicas conservan la emoción y curiosidad del escritor que aborda los paisajes del Huila y el Caquetá, la selva, el encuentro con sus comunidades indígenas, los prejuicios de la época acerca de la superioridad mestiza sobre el indígena: “…estos indios maliciosos que saben hablar castellano, pero que son egoístas en extremo y solo aflojan una que otra palabra a cambio de tabaco o aguardiente” (Sánchez. 15) El hallazgo de las plantas alucinantes que conectan con los secretos de la tierra “…conoce todos los misterios y todas las virtudes del bejuco yagé” (p.24).

 

Finalmente, como posibles respuestas a las preguntas propuestas en esta reseña, considero que en el libro está presente una experiencia singular, donde convergen el sentido del extenso viaje de Sánchez a través de la selva y su proximidad con el escenario de la guerra: tener la oportunidad de viajar en un avión militar. El autor nos cuenta como en 1921 viajó por primera vez por el aire en compañía de Jesús Cano desde “La víbora” en Pereira hasta “Santana” en Cartago. Doce años después, vuelve a vivir esta experiencia, pero en medio del conflicto, que le posibilitó a Colombia la consolidación de la aviación nacional, debido a que el gobierno de Enrique Olaya Herrera tuvo que actualizar y comprar Fledgling J-2, Wild X, Falcon, Dornier Waldo J, y los Junker alemanes. Por su parte los pilotos veteranos de la Primera Guerra, residentes en Colombia desde los primeros años veinte al servicio de la Compañía SCADT, antecedente de la actual AVIANCA, fueron los encargados de manejar varios de los bombarderos e hidroaviones que tanto impacto tuvieron para la retina del cronista. “No niego que al mirar por la ventanilla o por el hueco lanzabombas, sentía cierta carrasperita en el espinazo y los entresijos se me volvían nudos” (p.102)

 

Para las generaciones actuales, el conflicto que amenazó la estabilidad de las dos naciones latinoamericanas en el año 32 se encuentra sepultado en el olvido. De allí la importancia de mostrar cómo Ricardo Sánchez realiza el tránsito de la memoria a la historia, a través de una oralidad que sabe recoger y rescatar lo que escucha y lo que ve en su viaje, gracia a la práctica escritural del narrador.

 

Por lo anterior el libro corresponde a una invitación a conocer con ojos locales el impacto que tuvo este conflicto en un ciudadano pereirano. Considero de gran relevancia recobrar instancias desconocidas del pasado y más en los actuales tiempos donde cada evento nuevo sepulta los anteriores. Pienso que es un deber de nosotros los pereiranos conocer y disfrutar las páginas de este pionero de la literatura regional.

*Escritor. Profesor Universidad Tecnológica de Pereira. Enero de 2020