Minicuentos de abogados, de Oscar Seidel

Con justa causa

Cuando la mujer confesó el crimen al Juez, explicó estar agobiada por su fracaso matrimonial y la fallida relación romántica. Pero nadie que la conocía en el pueblo podía imaginar que esa joven, que parecía adorar a su esposo, sea la misma que lo mató. La confesa no dio una detallada descripción del crimen, sin embargo, logró conmover y contar con el apoyo de todos sus vecinos.

En el juicio, el Juez indagó a la culpable:

— ¿Qué fue lo primero que su marido dijo aquella madrugada?

— ¿Dónde estoy, Consuelo?

— ¿Y por eso, usted lo mató?

—Sí Su Señoría, mi nombre es Socorro, y lo asesinaría otra vez si se volviese a equivocar.

¿Dónde está la orden?

Al buque lo atrapa una fuerte marea. El agua empieza a entrar por el casco averiado de la nave. El Capitán da la orden de desalojar. Todos cogen sus chalecos salvavidas y se embarcan en los botes auxiliares. Pregunta el Capitán al Suboficial si toda la tripulación y los pasajeros abandonaron la embarcación. El Suboficial corre presuroso a chequear si no hay nadie más en cubierta. Para su asombro, encuentra a un abogado. Regresa donde el Capitán, y le informa que el jurista no saltará al mar hasta que la orden de desalojo no venga por escrito.

Exceso de adjetivos

En el litigio, el abogado ofuscado porque siente que la contraparte le va ganando el pleito saca de su repertorio un adjetivo rimbombante, y le dice:

—Usted, su Señoría, es un profesional conspicuo.

El otro abogado, menos letrado pero más hábil en defender a su cliente, no entiende la frase anterior, y le responde:

—Mientras averiguo en el diccionario dicha terminología, lo declaro “interinamente farolero”.

Debido a la tardanza en encontrar el significado de las raras palabras, el Juez decidió suspender el juicio por exceso de adjetivos.

El iletrado

En el Congreso de la República están todos entusiasmados porque el nivel cultural ha aumentado de forma considerable. Se encuentran en sesiones permanentes desde que el Presidente del Legislativo cometió la acción afortunada de contratar al profesor Súper O. Han aprobado a pupitrazo limpio no dejar al profesor salir del recinto, hasta que el último congresista de apellido Godoy deje de escribir con H Ayer, porque así se escribe Hoy.