Irraca, Pira Paca, Geramí y Tacorí

Francisco Javier López Naranjo

En la primera parte de «Apuntes para una futura historia de Apía», publicado en «Las Artes» de «El Diario», 31 de julio de 2016, y en la revista cultural apiana «Proyección Siglo XXI», expuse diversas hipótesis sobre el origen de las palabras Apía y Tatamá. También aclaré, basado en documentos, sin pretender ser un historiador, que los nativos de dicho valle no vivieron en las montañas del actual municipio de Apía sino en un valle que posiblemente estaba situado entre los pueblos de Viterbo (Caldas), Apía, Belén de Umbría y la Virginia (Risaralda). Y que el aguerrido Tucarma no fue un cacique del valle de Apía sino del pueblo de Chatapa, situado a jornada y media del valle, según el cronista de Jorge Robledo: Juan Bautista Sardella.

 

He tenido la inquietud, hace mucho tiempo, de saber dónde quedaba exactamente el valle de Apía, al que le debe su nombre mi amado pueblo natal, y sobre qué pasó con sus rebeldes nativos luego de su sometimiento. Según afirma el escritor Octavio Hernández Jiménez en su documento «Toponimia Básica en el gran Caldas», publicado en «Espacios Vecinos», 1 de septiembre de 2019: «Ese valle de Apía, también llamado Valle de Amiceca, en la época de la conquista, cambió varias veces de nombre. Jorge Robledo, en la “Descripción de los pueblos de la Provincia de Ancerma”, declara que al valle de Amiceca, al cual puse yo el nombre de Valle de Santa María ques un valle muy poblado…”». También a dicho valle se le llamó Valle de Sopinga.

 

Pero me queda la duda: ¿el valle de Apía comprendía todo el valle de Risaralda o era solo una parte de él? Lo que sí se sabe era que quedaba a jornada y media del pueblo de Chatapa, que se correspondería, por toponimia y ubicación, con la actual vereda de Chápata, de Anserma, al suroccidente del departamento de Caldas, en límites con el río Risaralda, río al que los nativos llamaban: Appa, según el historiador Alfredo Cardona Tobón («Enigmas sobre la historia de Apía»), de donde se supone que se originó el nombre de Apía.

 

En cuanto a sus nativos, ¿qué fue de ellos luego de ser sometidos?… Hace muchos años, mi primo Rubén Darío Salazar Naranjo, quien también es aficionado a las investigaciones históricas, me facilitó un valioso documento de Indalecio Liévano Aguirre, extraído de su libro «Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia», tomo I, capítulo II, en el que se relata cómo fueron dados en encomienda a Jorge Robledo:

 

«… El dicho señor teniente general (Robledo) trajo ante el dicho señor alcalde un cacique principal del valle de Apía y otro cacique llamado Irraca, del dicho valle, y otro cacique llamado Pira Paca, y otro cacique llamado Geramí, y otro cacique llamado Tacorí, del dicho valle, y el señor alcalde les tornó por la mano, e les dio y entregó al dicho señor teniente general, el cual los tomó e les puso la mano encima a cada uno de ellos en señal de posesión, e dijo que tomaba e tomó en los dichos caciques y en cada uno de ellos la dicha posesión natural e corporal, e que tomándola en ellos pacíficamente la tomaba, y tomó en todos los dichos pueblos e indios a ellos sujetos, la cual dicha posesión tornó quieta e pacíficamente sin contradicción alguna…».

 

También dice Octavio Hernández en «Toponimia Básica en el gran Caldas» que con motivo del Primer Centenario de la Independencia Nacional, en Apía, Anserma, Riosucio, Salamina y otros conglomerados, se bautizaron calles en honor de próceres o de acontecimientos de la gesta libertadora: Calle Bolívar, Calle Nariño, Calle Santander, Calle Caldas, Calle Boyacá. Y que ha faltado sentido de pertenencia, entre los propios habitantes, para conservar y usar, no solo esos nombres, sino muchos más que pertenecen al patrimonio cultural.

 

De acuerdo a este planteamiento de Octavio y del documento de Indalecio Liévano Aguirre, sugiero que los nombres de algunos caciques del valle de Apía  (Irraca, Pira Paca, Geramí y Tacorí), deben ser tenidos en cuenta, en Apía y Risaralda, para bautizar a un grupo, un lugar o un establecimiento, así como existen el Club Tucarma y el hotel Zulayma (según el historiador apiano Alboín Gómez Duque, Zulayma era el nombre de una princesa Quimbaya), ahora que se acerca la celebración del Bicentenario de la Independencia de Colombia, en la que se proyecta acuñar monedas con la efigie de una indígena, en representación de un pueblo que todavía no ha logrado su independencia y al que se le siguen vulnerando sus derechos.