Gasas en El Cairo

Pedro Felipe Hoyos Körbel

Apartado de las rutas comerciales e inclusive de las turísticas, engastado en la cordillera occidental queda El Cairo, uno de las ultimas fundaciones de la Colonización Antioqueña. Sobre el eje vial vigente en tiempos de la Colonia entre Cartago y Novita fundaron a El Cairo con el nombre de El Paraguas en 1919. Seguramente es este el pueblo con una arquitectura en bahareque más completa en el sentido que calles, manzanas enteras siguen mostrando sus fachadas de austeridad, falta no más el empedrado de las calles y el viaje en el tiempo sería perfecto, ningún otro de nuestros pueblos puede acusar esa totalidad.

¿Quiénes empezaron a cubrir las ventanas y las puertas con cortinas? ¿Quiénes, con el afán de recibir luz y calor, más sin embargo salvaron su intimidad domestica cubrieron sus ventanas con leves telas que despiertan una sana curiosidad en el transeúnte? ¿Muselina, damasco, gasa todas ellas telas con nombres árabes serian la pista de un origen mudéjar? ¿O esta costumbre es aborigen, así como la describe el joven Pedro Cieza de León en sus crónicas cuando en el año 1540 recibía la encomienda de Apía de manos de su amigo Jorge Robledo y los indios las hacían con al-cotón?

Estos bellos velos que el viento zarandea a su gusto convirtiéndolos en banderas o apabullándolos hacia el interior de las casas, dan señas de que en estos pueblos patrimoniales vive gente. Hay vida y cotidianidad en El Cairo y el corrosivo turismo como fue impuesto por necios traficantes en Salento o Filandia, que quieren expiar su pecado mostrándolo como ideal, no ha echado sus nocivas raíces en esta joya de la corona antioqueña. ¿Cómo logran unas frágiles telas servir de solida muralla y proteger a su dueño? Esa metáfora se expande por todo El Cairo acompañando al visitante y excitando su fantasía.

Esas cortinas rescatan cubriendo aquello que su habitante reserva para otro momento. Veo esas leves telas y pienso que en la casa debe estar Fernel Franco, fotógrafo fuera de serie hablando con los residentes para hacer sus fotografías que captaron, y respetuosamente no desvelaron intimidades o secretos de esas gentes y esas casas.