26.4 C
Pereira
lunes, febrero 6, 2023

Con don Gregorio Cortés

Germán A. Ossa E.

A propósito de un nuevo Encuentro de coleccionistas de monedas, billetes y estampillas que se llevará a cabo en nuestra ciudad durante los días 5 y 6 de noviembre, en el C.C. Victoria Plaza.

Muchos amigos que me conocen de hace años, van a verme raro escribiendo sobre este tema, pero a los que saben que lo mío es el cine, las artes plásticas, el jazz, los cuentos breves y la rara poesía, y que de pronto me han visto botando corriente sobre la numismática, la filatelia y la notafilia, lo van a ver verosímil, plausible, probable y hasta normal.

Recuerdo que, siendo niño, descubrí un día en un bolsillo de un saco viejito de mi mamá Aliria, una diminuta carterita llena de monedas colombianas, pero entre ellas, algunas de dos centavos y medio y de cinco centavos de 1886 y 1888 que me causaron una rara sensación, ya que no coincidían con las que recibían normalmente en las tiendas donde vendían el rollo rojo azucarado que tanto nos gustaba. Mi madre, al ver mi asombro, las separó y me las regaló. No recuerdo la fecha exacta, pero allí empezó mi amor por las monedas, y mejor, las raras.

Después, me tropecé con amigos de “la barra de la tercera” (así se llamaba el sector por donde crecí, soñé, amé, brinqué, jugué y hasta le enseñé a jugar ajedrez a Alonso Zapata, el macareno que llegó a ser Subcampeón mundial juvenil), que se robaban algunas monedas exóticas a sus hermanas y me las regalaban o vendían “a huevo”, para ayudarme a engrosar mi incipiente colección. De esa época conservo unas hermosas piezas de España de 1776, unos dólares de plata gigantes y otras rarezas que por sus garabatos grabados indican que son de países asiáticos y soñados.

Se mezclaron a ese antojo, estampillas por culpa de mi hermana Luz Alba y billetes, por culpa de compañeros del colegio “Deogracias Cardona” que me antojaron por el amor que vi, les profesaban a estos papeles que simplificaban el arte en diminutos espacios y contaban espectaculares historias con unas imágenes aterradoramente mágicas.

Hasta hoy, son muchas las piezas que han pasado por mis manos, pero tristemente, y lo cuento con dolor, son muchísimas más, las que, por desgracia, algunos personajes nefastos que han estado cerca de mí, y que son o se vuelven “dueños de lo ajeno”, se han apropiado de grandes tesoros que, en su momento, me alegraron la vida.

Pero hay algo que hoy por hoy me asombra, y es algo que durante muchos años de mi vida me inspiró y me hizo soñar y que no creí que fuera a ser posible hacerlo realidad y lo quiero contar ahora. Siempre quise tener en mis manos, una o dos o varias de esas monedas deformes, raras, mal hechas, mal dibujadas e incoherentes, que aparecían en los libros de historia y publicaciones extranjeras, traducidas o no al español, y que circularon de manera elemental, por las calles, plazas y mercados de los pueblos que se construyeron y formaron hace cientos y miles de años. Y qué decir, de esos pueblos que existieron en la época en la que Cristóbal Colón pisó nuestras tierras, en la que los reyes, por montones, reinaron en nuestros mundos y por qué no expresarlo, en la época que don Judas traicionó a Jesús por treinta de ellas, o que los romanos, los griegos, los persas y otros pobladores compraban mercancías y objetos que ya en sus hogares lucían como héroes poderosos que poseían no solo poder sino riqueza.

Y valga la pena decirlo, y lo hago lleno de felicidad, más no de fantochería porque no es lo mío, ahora cuento con un puñado de ellas, gracias a mis amigos coleccionistas (un grupo de más de treinta que hasta tenemos sede, chat e intercambios permanentes) y sobre todo, a Don Gregorio Cortés, un hombre que nos ha enseñado que en la vida se es grande, gracias a la humildad, la sencillez, la honorabilidad, la no envidia ni el protagonismo, sino al deseo infinito de compartir conocimientos y las piezas que a montones llegan a sus manos, pero que circula con el más noble de los desprendimientos, por las manos de todos los que estamos cerca de él, sin avaricia, sin altanería, sin especulación y sí con mucho amor y la alegría de ver felices a los amantes de sus mismos gustos y preferencias.

Don Gregorio, un hombre sencillo de Belén de Umbría, es ya reconocido en el mundo de la numismática no solo en Colombia sino en Europa y sobretodo en España, por su dedicación, su estudio profundo sobre la historia de las monedas, las macuquinas, las monedas hechas a mano y martillo, las llenas de historia, las de plata y oro, las inalcanzables y todas esas que nos han hecho soñar y creer que hay muchos mundos posibles gracias al compartir de los conocimientos.

Don Gregorio, ese que va a nuestra Galería de Arte allá en Torre Central y que nos habla de Castillos, cruces y leones, de resellos, de macuquinas, de reyes, de invasiones, de guerras, de intrigas familiares entre los poderosos, de fechas exactas de cientos y miles de años atrás, con esa propiedad y facilidad como si estuviera hablando de resultados de un partido de fútbol que se jugó dos días atrás en los estadios nacionales, nos ha hecho cogerle más amor a esta pasión que hartos trasnochos nos ha hecho pasar y nos ha permitido amar mucho más esa fantasía que en el colegio nos contaban los profesores y que no creíamos que fuera una realidad que ahora ya vemos y sentimos tangible, concreta, pura, real y ante todo, impresionantemente verosímil.

Gracias amigo Gregorio, y sépalo que desde estas páginas, queremos todos los del grupo de coleccionistas de Pereira, agradecerle por sus enseñanzas, por su desprendimiento con esas joyas que no solo nos deja tocar, acariciar, ver oler, degustar, sentir, acariciar y poseer, y por regalarnos tanta sabiduría acumulada por años gracias a sus estudios y lecturas, porque nos permite soñar sus sueños y disfrutar de su sapiencia, ahorrándonos con sus conversaciones, la lectura de tantos y tan voluminosos libros por usted ya leídos y devorados.

Sépalo que nuestros contertulios, cuando lo ven a Usted allí en nuestra Galería de Arte, en medio de cuatro tazas de café, clasificando en una mesa rímax, las raras monedas que por sobre ella se deslizan mientras usted enciende la luz de su lupa y las mira como si ella fuese un microscopio y cuenta esas historias que ellas esconden, el asombro los delata, pues son ratos en los que sus bocas se niegan a cerrarse. Gracias por ese bello libro que escribió: “Castillos y Leones en las macuquinas de América”, porque no solo nos enseña a nosotros mucho, pues sabemos, también les enseña a los españoles que nos azararon en 1492.

MACUQUINAS

Con el nombre de macuquina se conoce en la América Española al tipo de moneda acuñada toscamente en forma manual y a golpes de martillo, método ampliamente utilizado desde el siglo xvi hasta mediados del siglo XVIII.

    

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -